ESPECIAL VIA CRUCIS 2005

EL SEÑOR DE LAS PENAS EN LA LITERATURA

por Rosa de Murga Valdivia

     

OBRA LITERARIA DEDICADA A NUESTRO PADRE JESÚS DE LAS PENAS

 

            Hemos procedido a recopilar las escasas obras literarias que hacen referencia a la talla de Nuestro Padre Jesús de las Penas, titular de la Hermandad de la Estrella. El material encontrado es escaso y de no excesiva calidad. La mayoría de la producción a Él dedicada proviene de pregones de la Semana Santa, habiendo también algunos poemas y artículos de procedencia diversa. Todo lo encontrado aparece a continuación compilado.

 

            Como obra poética dedicada al Cristo de las Penas podemos ofrecer un pequeño poema firmado por D. Antonio Rodríguez Buzón:

 

De sus pobres vestiduras

sin "piedá" lo han "despojao"

se las juegan una a una

mas Sevilla le ha "bordao"

otras de estrella y luna.

 

            Dª. Teresa Dubé de Sánchez también le ha dedicado las siguientes saetas:

 

Padre mío de las Penas,

es tu pena la mayor

siendo la Vida y la Luz

sufriste muerte en la Cruz

por salvar al pecador.

 

¡Qué dura era la piedra

donde Jesús va sentado

esperando su sentencia!

Todos lo han abandonado

y al Cielo pide clemencia.

 

            Pasando a la prosa, podemos destacar este hermoso texto dedicado enteramente al Señor por D. Juan Delgado Alba, bajo el título de “Timonel de Dolores”:

 

Es inmenso, Señor, el dolor que nos produce tu presencia.

 

Nos duele verte entronizado en la peña, desnudo, rayado tu cuerpo sacrosanto por los surcos sanguinolentos de los flagelos, alzada tu mirada al cielo y tus manos unidas en ademán de súplica y de ofrenda.

 

Nos duele verte pasar, como timonel de dolores, en la dorada nave de tu “paso”.

 

Tú lo sabes, Señor, que es Domingo de Ramos en Sevilla, que el sol se ha hecho palma de oro y se ha tendido en las calles para alfombrar tu camino con la vestidura cálida y luminosa de sus rayos, que las aguas del río se han puesto de puntillas para alcanzar a verte y han formado un espejo, con marco de espuma blanca, para recoger el reflejo de tu imagen en el relicario húmedo de su cuerpo verde olivo, que Triana está en pie y caminante a tu lado y que Sevilla te espera arrodillada a la bajada del puente, para ofrecerte el regalo de un atardecer en el que el cielo se viste con luminarias de fiesta mayor y el aire se espesa en un tejido de penetrantes aromas primaverales.

 

Todo a tu alrededor, Señor, hace sentir el latido vigoroso del pulso de la primavera. Todo a tu alrededor, Cristo de las Penas, canta el hosanna blanco y puro de la tarde en que Sevilla estrena, un año más, el gozo penitente de vestir de nuevo la túnica nazarena. Y Tú, desnudo, solo, taladrando espacios infinitos, con la lanza dolorida de tu mirada, fija en el punto celeste en el que reina el Padre, unidas con fuerza tus dos manos para que por ellas no pueda escaparse ni un gesto de  renuncia, esperando paciente ser alzado en la cruz que, a tu lado, marca el suelo con la huella de su peso, permitiendo humilde que aquellos a los que vas a regalar la Vida, vigilen la certeza de tu entrega a la muerte, vas caminando, Señor, como una isla de dolor a la que cerca la vida que a tu alrededor florece con el latir de la sangre, con el agitarse de las aguas mansas del río, con el correr del viento y con el estallido de la savia nueva y pujante.

 

Sobre el mar de blancura de las túnicas de tus nazarenos, agitadas su capas por la caricia juguetona de la brisa vespertina, timonel humilde y paciente de la tallada nave de tu “paso”, salpicada tu figura doliente con la sangre del sol que se oculta, te vemos pasar, Cristo de las Penas, en la tarde llena de misterioso embrujo del Domingo de Ramos sevillano, y al verte pasar así, Señor, el barro seco de nuestra alma, recocido por el fuego de la pasión, se siente humedecido por la lluvia de las lágrimas que la piedad hace brotar y quisiéramos pedirte perdón, para que tus manos, unidas en un gesto de súplica y ofrenda, bajasen hasta nuestra alma para modelar en ella el signo de tu misericordia. Quisiéramos hacerlo, Señor, y no nos atrevemos porque nos sabemos autores de ese despojo de tus vestiduras que muestras sobre la peña, de esa flagelación que muestras en las sangrientas mordeduras de tu carne, de esa crucifixión que esperas paciente y humilde.

 

No nos atrevemos a decírtelo cara a cara, Cristo de las Penas, pero se lo diremos a tu Madre de la Estrella que te sigue, y Ella, por nosotros y mejor que nosotros, no dudamos que te lo dirá con la gracia derramada de sus ojos de misericordia.

 

El resto de la obra literaria de importancia dedicada al Cristo podemos encontrarla en algunos pregones de Semana Santa.

 

El primer pregonero que le dedica unas palabras exclusivamente al Cristo de las Penas fue D. Rafael Duque del Castillo en el pregón del año 1956:

 

Será la actitud paciente, resignada del Cristo de las Penas de San Jacinto, la que nos haga comprender, el consuelo de la Oración, cuando el mundo nos abandona.

 

            En 1977 vuelve a referirse al Cristo el pregonero D. Rafael Belmonte García:

 

Su Hijo delante, humilde, esperando su muerte que será nuestra redención; detrás, Ella, la Estrella, la más rutilante en el firmamento cofradiero. La que unió dos razas para que se hicieran hermanas y mezclaran su sangre para adorarla.

 

            Dos años después, en 1979, el pregonero, en este caso D. Manuel Toro Martínez, vuelve a acordarse del Cristo de las Penas:

 

... Un Cristo para decirte nuestras Penas: y para ello le sentamos en un monte, como en San Jacinto... 

 

            En 1987 D. Manuel Navarro Palacios escribe las siguientes palabras:

 

Afligidos todos por los que el Cristo sedente de Triana, ruega al Padre, para que los consuele, y para que su bendita madre de la Estrella, vespertina del Domingo, soporte el llanto por su hijo y por todos los que fuimos nombrados hijos suyos al pie de la Cruz, donde estaba y estará siempre dándonos fuerza para luchar contra ese mal que existe.

 

            En 1991 D. José María Rubio Rubio hablando de la estación de penitencia de la Hermandad de la Estrella le dirige las siguientes palabras al Cristo de las Penas:

 

El pueblo sencillo que ha esperado un año entero el amanecer de su ESTRELLA más sublime va a celebrar su fiesta como una Pascua de ternura renovada en la que la imagen de Nuestro Padre Jesús de las Penas pondrá en la altitud del puente el acento conmovido de la plegaria de Dios.

 

D. Vicente Luis García Caviedes, también se acuerda en 1994 del Cristo de la Estrella:

 

Ese Espíritu que nos tiene que llevar a entendernos con los hombres de tal manera que la proclamación de la Pasión sirva de puente y cercanía con ellos, porque si no es así difícilmente podremos entender la aflicción de Jesús de las Penas. Cristo implorante y solo, pese a ir rodeado de sayones. Tienes la Cruz en el suelo en señal de espera y acogida. Atraviesas en la tarde del Domingo de Ramos el Puente de Triana, para mostrar a Sevilla Tu donación infinita y sin límites y también para que cada uno de tus hijos, comprendan que tienen una cruz, aunque sea en el suelo cómodo del olvido. Pero, Triana quiere que de la oscuridad que envuelve Tu Pena brote la luz que irradia la Estrella más reluciente de nuestro cielo.

 

            Ya fuera de los pregones de Semana Santa, en un pregón muy especial como fue el de la Coronación de la Virgen en el año 1999, D. José Sánchez Dubé habla de las miradas de Madre e Hijo en un bello texto donde a modo de leyenda, y dando por hecho que Martínez Montañés es el autor de la imagen de la Virgen, imagina así la hechura de la talla del Cristo de las Penas:

 

Es probable que en las largas pláticas profesionales entre ambos escultores, Arce llegara a ver el modelo que tallara Montañés. Cuando a éste le sobrevino la muerte como consecuencia de la terrible peste de 1649 - Arce seguía entonces lejos en Jerez con su tarea - el artista flamenco concluye el Cristo de las Penas en 1655 y lo talla con las manos juntas y mirando al Padre.

 

Quizá recordara a su maestro y colega Martínez Montañés que había tallado a la Virgen con los ojos bajos, mirando a la Humanidad.

 

He aquí un plan iconográfico completo y acabado, realizado según nuestra fantasía, pero tal como hoy lo contemplamos, tal cual lo sigue ofreciendo cada Domingo de Ramos la Cofradía de la Estrella al pueblo de Sevilla.

 

Las dos miradas convergiendo en Cristo. A Cristo por María. Cristo hacia lo alto. María hacia nosotros, musitando con su boca entreabierta y diciéndonos siempre “Haced lo que Él os diga”.

 

La piedad popular, tan sabia y expresiva, lo dice en una sencilla saeta, que me legó mi madre.

 

Dios inspiró a Montañés

en hacer tu imagen bella.

Puso en ello tanta fe,

que trazó una hermosa estrella

en tu rostro de mujer.

 

            Para terminar, ya fuera de los pregones, y en un plano más popular, una sevillana de los Amigos de Gines, llamada “Los Cristos de mi Triana”, hace referencia al Titular de la Estrella:

 

El Cristo de San Jacinto

al llegar a la Campana,

los tambores le redoblan

y una saeta le cantan.

Los Cristos de mi Triana

llevan candelas de luz

“pa” que paseen por Sevilla

con la carga de su cruz.

 

 

            Como ha quedado patente en esta variada recopilación, la producción literaria dedicada a Nuestro Padre Jesús de las Penas no es amplia, ni cuenta con obras de excesiva calidad. Comparando con las obras que hay dedicadas a la Virgen de la Estrella, es obvio que la mayor popularidad de la titular mariana, hace que pocos sean los que lamentablemente se acuerden de escribirle algo al Señor.

 

            No obstante los hermanos de la Estrella tenemos una oración, que a Él le dedicamos, y que estoy segura que para todos los que a Él le tienen devoción, dejando a un lado su calidad literaria, tiene un valor inmenso. Con ella me gustaría acabar esta recopilación:

 

 

Al caer la tarde

mirando al cielo,

al Padre rogabas pidiendo perdón

para aquel que prepara el madero

y a golpe de clavo hiere tu corazón.

En la fría roca esperas tu muerte,

pero en tu mirada tan sólo hay amor

y en tu frente se clavan espinas

y corre tu cuerpo un inmenso dolor.

Padre mío, Padre de las Penas,

pena de mi alma que quiero borrar

y ver que son rosas aquellos clavos que

rompen tus manos

y florece la paz.

 

 

 

Rosa de Murga Valdivia

Enero de 2005

 

www.elnazareno.info

Sevilla, Enero de 2005