ESPECIAL VIA CRUCIS 2005

ENTRE DOS ORILLAS: ITINERARIOS DE LA HERMANDAD DE LA ESTRELLA.

por Jacinto Morente Martínez

     

ENTRE DOS ORILLAS.

por Jacinto Morente Martinez

 

 

La Semana Santa de Triana durante siglos fue una Semana Santa independiente de la de Sevilla. Cuando en 1604 el Cardenal Niño de Guevara ordenó a todas las hermandades de la ciudad que su estación de penitencia debían de hacerla al primer templo, a la Catedral Metropolitana, se eximió a aquellas que residían en el arrabal trianero.

Esto fue por la imposibilidad de cruzar el río por el antiguo puente de barcas (fue construido en 1171), un puente inestable, que se balanceaba al cruzarlo, lo que indica que los pasos ya debían de tener un considerable tamaño en ese tiempo. Para las hermandades de Triana la estación de penitencia se les ordenó que la hicieran a la Real Parroquia de Santa Ana, que por este motivo y por otros muchos se convirtió en auténtica “catedral” del barrio.

 

La situación geográfica de Triana había incidido desde la Antigüedad en su devenir histórico. Al estar en la margen derecha del río, el barrio se vinculó a su comarca natural, el Aljarafe, no siendo aventurado decir que Triana es el primer pueblo de una zona histórica de amplia importancia, donde estaba situada Tartessos y más tarde Itálica, y desde donde se gestaron hechos tan importantes como el nacimiento de emperadores romanos, que incluso le dieron su nombre (de Trajano).

En definitiva una comarca muy próspera, debido a una rica economía basada en el aceite y el cultivo del olivo, y primer productor del rico óleo desde tiempo inmemorial. Una región muy bien comunicada gracias a la gran vía fluvial que supone el Guadalquivir, en tiempos en que las comunicaciones terrestres eran más complicadas. En esta situación tan envidiable, no es de extrañar que Triana fuera el puerto donde se embarcaba el aceite hacia otras zonas del Mediterráneo. Triana, fue, por tanto auténtica capital y puerto del Aljarafe, a pesar, de constituir administrativamente, al menos desde época musulmana, un barrio o arrabal de la capital hispalense.

No es de extrañar, por tanto que como “pueblo aljarafeño”, fuera Triana de los primero lugares en contar con una propia Hermandad del Rocío, filial de la Matriz de Almonte, justo desde principios del siglo XIX, años en que la devoción rociera vivió su primera expansión, a partir de los sucesos milagrosos atribuidos a la Blanca Paloma durante la ocupación francesa.

Situándonos en el aspecto cofrade, imaginemos por un momento cómo podría ser la Semana Santa de los siglos XVI, XVII, XVIII y prácticamente todo el siglo XIX. Pues aunque en 1830, año en que por fin, una hermandad se atrevió a cruzar aquel puente de barcas, la de la O, para hacer su estación a la Catedral, esto no fue más que un hecho esporádico, sobre todo porque en el XIX las cofradías tuvieron muchos altibajos y no salían todos los años.

Las hermandades salían desde las diferentes iglesias y conventos del barrio, que los había y muchos, y hacían estación en su “catedral” trianera de Santa Ana. Así fue durante siglos, incluso debía de existir su “carrera oficial” con un punto por donde todas pasaban, el Altozano, y debía de continuar por la calle Larga (actual Pureza) hasta Santa Ana.

La Semana Santa moderna, aquella que tiene su origen en el siglo XIX a partir de la llegada de los Montpensier y su continuidad en las fundaciones de nuevas hermandades en el primer tercio del XX, supuso también la unificación de las dos orillas. A ello contribuyó la construcción del Puente de Isabel II en 1852 que hizo posible unir una parte y otra de la ciudad, y que dotó al barrio de su elemento más identificativo. De hecho, el puente es más conocido por el nombre del barrio que por el de la soberana que reinaba cuando se construyó. Desde entonces las estaciones a la Catedral de Sevilla hicieron posible que las hermandades de Triana se integraran en las de la capital, porque la frontera natural que suponía el río, había desaparecido.

En esa época muchas hermandades se refundaron en toda Sevilla, entre ellas, la que nos ocupa, la de la Estrella en 1891, año a partir del cual, la Hermandad es constante en realizar sus estaciones de penitencia en la tarde noche del Domingo de Ramos. Otras, en cambio se extinguieron. A partir de entonces ya se puede hablar de una única Semana Santa de Sevilla, y Triana pasa a convertirse en un barrio más de la ciudad.

De aquella antigua dualidad Triana-Sevilla nos quedan las advocaciones de las Imágenes. Prácticamente todas las que existen en la actualidad en Triana están duplicadas de las de Sevilla: Expiración, Nazareno, Esperanza, Penas, Tres Caídas…

Durante casi todo el siglo XX la Estrella reside en San Jacinto, donde comparte templo con otras grandes devociones del barrio: el Rocío y la Esperanza. Allí había llegado en 1835 tras la exclaustración del Convento de los Mínimos donde residía desde su fundación. En esos largos años del siglo, cuando la Semana Santa de Sevilla adquiere auge, Triana se integra en la capital y los itinerarios de sus cofradías pierden parte de su historia. Fue el precio que, a cambio, Triana tuvo que pagar. Muchas de sus calles se vieron privadas de cofradías, entre otras cosas porque la distancia hasta el centro era notable, y los itinerarios se hubieran hecho enormemente largos.

Pero hubo unos años, concretamente entre 1975 y 1978, en que el centenario puente tuvo que cerrarse para ser restaurado. Esto obligó a las hermandades trianeras a buscar un acceso a Sevilla. Para ir hacia la Carrera Oficial se eligió el llamado camino de Chapina, por la antigua Avenida Cristo de la Expiración, entonces un tapón de tierra que desviaba el río para evitar las inundaciones de antaño. Y para el regreso el Puente de San Telmo, que existía desde los años 20. Esto dio oportunidad para que el barrio reviviera de nuevo una Semana Santa con sus calles con cofradías, incluso para hermandades más nuevas como San Gonzalo.

La Estrella, una vez abierto de nuevo el puente de Isabel II, dejó este para la ida, y conservó el de San Telmo para la vuelta, al igual que hacía La O desde los años 50. Este itinerario permitía recuperar la memoria histórica del barrio, al menos para estas dos cofradías, y hacían posible el recuerdo de la antigua estación de penitencia en la Parroquia de Santa Ana.

Así fue hasta 1991, último año en que la cofradía de la Estrella regresó por su San Telmo y Pureza, para volver a su anterior recorrido de regreso por el barrio del Arenal. Desde entonces el itinerario trianero de la Hermandad quedó limitado únicamente a la calle San Jacinto, el Altozano, y por supuesto, el puente de Isabel II.

Hay opiniones que reivindican un mayor protagonismo de las calles trianeras para las cofradías de su barrio. Para el caso de la Estrella me incluyo entre estas opiniones, tal vez si no para el Domingo de Ramos, sí para ocasiones extraordinarias. Esa primera ocasión pudo haber sido el 31 de octubre de 1999, fecha en que fue coronada canónicamente la dolorosa de San Jacinto. Fue un día que la Estrella, coronada, debía haberse paseado triunfalmente por las calles de su barrio, para hacer honor a sus calles y a sus vecinos, no buscando la recreación innecesaria, tantas veces criticada, sino adaptando unos horarios y unos itinerarios a la historia de la propia cofradía.

Otra ocasión perdida va a ser este 14 de febrero. Nuestro Padre Jesús de las Penas, en el Vía Crucis anual que el Consejo de Hermandades organiza, tampoco pisará más calles de Triana que la propia calle San Jacinto. Sirva este artículo como homenaje a esas calles que recuerdan, aún no hace muchos años, el andar de los pasos de la Estrella. Como homenaje a una Triana que se nos fue y que no volverá, y aquellos vecinos que tuvieron que emigrar cuando la pobreza hacía estragos. Sirva también como reivindicación de la memoria histórica de un barrio que perdió, en aras de la globalización de la Semana Santa hispalense, muchas de sus raíces y de las características que le eran propias. Entre ellas, sus calles, sus desaparecidas iglesias y conventos, sus extinguidas hermandades y su olvidada “catedral”, Parroquia de Señora Santa Ana.

Enero de 2005