ESPECIAL VIA CRUCIS 2005

EL AJUAR PROCESIONAL DEL SEÑOR DE LAS PENAS.

por Juan Cristobal Jurado Vela

     

            El ajuar procesional del Cristo de las Penas no es muy extenso, dado el carácter de la imagen, de talla completa. Por tanto, amén de reseñar varios elementos que complementan su singular iconografía, nos basaremos en esta exposición en los siguientes pormenores:

-         las potencias;

-         objetos del paso.

 

            Con respecto las primeras, hemos de señalar que el Señor de las Penas posee cuatro juegos de potencias que alterna en su uso a lo largo del año. Las iremos exponiendo según su confección, cronológicamente.

             Las más antiguas fueron realizadas en 1935 en metal dorado, según consta en el inventario de la Hermandad.  La “galleta” o parte circular de este juego de potencias se adorna a base de rocallas y motivos vegetales. Cada una de estas potencias tiene a su vez tres grupos de rayos plisados, unidos en su base por otros motivos decorativos, quedando el resto al aire. Actualmente se usan para el culto en la capilla.

 

            El segundo grupo de potencias más antiguo se corresponde con unas regaladas por D. Rafael Pacheco al Cristo en 1954, siendo ejecutadas por Jesús Domínguez en plata sobredorada y marfil. El núcleo central de estas potencias está conformado por el escudo antiguo y Titular de la Hermandad: la Santa Cruz triunfante sobre la bola del mundo, cruzándose a sus espaldas dos palmas. Este motivo queda circunscrito en una estrella, calada, en alegoría a la Titular Mariana de la Hermandad. Se completan estas piezas con rayos plisados unidos por motivos vegetales, incorporándose en la base de estos rayos, cabezas de ángeles en eboraria.

 

 

             Al Señor de las Penas le regaló D. Eduardo González Redondo otro juego de potencias en 1972. En este caso, confeccionadas en oro de ley, nos encontramos con que la “galleta” se conforma por una estrella sostenida por una pareja de ángeles tenantes, inscribiéndose en su interior las siglas “JHS” conformadas por piedras preciosas de color rojo, a la vez que también se adornan con motivos vegetales y rocallas. Igualmente, se coronan estas potencias por rayos plisados unidos por decoración geométrica calada.

            

 

 

En el año 2000 estrenó un nuevo grupo de potencias, también en oro de ley. Confeccionadas con la técnica del calado, el motivo central de cada una de las tres potencias son los siguientes: la Cruz que remata al orbe, antiguo escudo de la Hermandad; las iniciales “JHS”; y un ostensorio que recuerda al Lignum Crucis, Titular de la Hermandad. Los rayos plisados que rematan este conjunto se encuentran unidos entre sí por jarritas de azucenas. Son obra de Orfebrería Triana.

 

 

 

             Pero también tenemos que hablar brevemente de varios objetos que ambientan la iconografía del Señor en su paso. Así nos encontramos con una cruz arbórea, tendida en el suelo, construida a mediados de los años noventa por el imaginero D. José Antonio Navarro Arteaga y donada por su autor a la Hermandad. Igualmente, sobre el monte de claveles se dispone una túnica de terciopelo de una pieza, en el mismo color morado que los antifaces de los nazarenos de la sección del Cristo, que fue confeccionada aproximadamente hace un lustro por las hermanas de la Cofradía; así como una copa metálica.

             Para concluir, señalar que en los años 40-50 del pasado siglo XX, el Señor de las Penas sacaba en procesión una corona de espinas sobre sus sienes, hecho que pudimos volver a ver en el besapié del pasado año 2004. Igualmente, en dicha época vino utilizando un soga terminada en dos borlas, que se disponía alrededor de su cuello y ataba sus manos.

Juan Cristobal Jurado Vela

Enero de 2005

             BIBLIOGRAFÍA:

 

-         AAVV. Estrella. III Aniversario de su Coronación canónica. Tomo II. Guadalquivir Ediciones. 2002;

-         RINCÓN HERNÁNDEZ, Francisco. Casi todo sobre la Hermandad de la Estrella. Ediciones EAPA, S.L. 1995.

- Fotos: Boletin 2005 Hermandad de la Estrella.

 * Agradecemos la colaboración prestada por Dª. María del Carmen Martín Rodríguez y D. José Manuel García Castro para la confección del presente artículo.