
A LA HERMANDAD DE LA MORTAJA
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PASA LA MORTAJA
Viernes Santo, amanece en Sevilla y el cansancio de la madrugá hace mella en la mayoría de los cofrades, que se retiran a descansar, la gente que despierta al alba sale a la calle para contemplar la “recogía” de las cofradías de la Madrugá, un generoso paseo por la collación de los Terceros a primera hora de la mañana, nos lleva hasta el Ex-Convento de la Paz, frescor y silencio en las calles, el trinar de los pájaros es una invitación para acceder al patio de la cofradía de la Mortaja, tranquilidad, recogimiento, soledad y silencio en la iglesia… al entrar, vemos el majestuoso paso de la Mortaja, nutrido grupo escultórico que hace salir del paso el pie del apóstol, a la izquierda, un impresionante altar de insignias ocupa por completo el altar de la iglesia, quizás el altar de insignias más espectacular de toda la Semana Santa, dieciocho dalmáticas perfectamente colocadas, dieciocho ciriales perfectamente alineados, insignias, palermos, cirios… y el ropón del muñidor, gola dieciochesca para una de las figuras más carismáticas de nuestra Semana Mayor.
Sobriedad en sus nazarenos, túnicas morada y negro “enlutao”, recogimiento en la cofradía, sonidos de muñidor que avisa de la presencia de la misma por las calles de Sevilla, tañidos característicos de campana como si de una marcha se tratara, compases perfectamente medidos, sonidos de ida y vuelta, que hace enmudecer por sí mismo, a todo aquel que contempla el paso de la cofradía…Y tras el muñidor, Cruz de Guía de enagüilla, escoltada por faroles de suelo y alzados en penumbra de luz morada, llevados por servidores de librea perfectamente uniformados, ¡¡¡Qué majestuosidad en tan poco espacio, qué calidad de principio de cofradía, cuanta armonía… viene la Mortaja…!!!
Nazarenos de noche oscura impregnados de recogimiento, muchos niños en sus tramos con digno y austero comportamiento, luz de cirios tinieblas, parejas interminables de ciriales, paso que a su paso todo conmueve, dolor de una Madre que sostiene a su hijo inerte, recogimiento de una Hermandad que nos lleva a vivir una experiencia única, como es la de ver su entrada desde el mismo patio de la Iglesia, quien no ha visto la entrada desde el compás de la Iglesia, no ha visto amortajar a Cristo, no al estilo que lo hace esta Hermandad, sobrecoge contemplar el paso de esta cofradía por el compás de la iglesia.
Bellísima estampa en la penumbra de la noche con los árboles del patio erguidos para escoltar a la Cofradía, con la luna iluminando la noche aciaga, adivinando entre los que allí nos encontramos, que por la calle Doña María Coronel se escucha ya el tañido de su muñidor y extasiado al contemplar la entrada del cortejo, por entre el bullicio respetuoso y silente hacia el patio interior, con miradas perdidas contemplando el escudo del antifaz de un nazareno iluminado tan sólo por el pabilo del cirio y sobrecogidos al contemplar la entrada del paso de Cristo amortajado, difícil la maniobra del capataz, - sólo se escucha la música de capilla, el crepitar de la cera, la voz del capataz, el silencio del público, el Palermo del diputado al chocar con el tosco suelo y el cansancio del costalero, ¡¡¡Que conjunción de sonidos en unos momentos tan apasionantes!!!- con reflejos de sombras por la blanca pared, avanza el paso por el patio adivinándose el misterio entre fulgurantes guardabrisas encendidos y otro año que se queda en la retina los momentos vividos, otro año cargado de emociones y sensaciones inolvidables, otro año de olor a incienso en mi soledad, otro año deseando volver a la mañana del viernes santo, a escuchar el canto de los pájaros entre los árboles del patio, a recibir la bienvenida de los hermanos con sus medallas al cuello, para acabar en la eternidad de la noche, sintiéndome un hermano más de la Mortaja… de mi Mortaja.
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