
A LA HERMANDAD DE LA CARRETERÍA
A Concha Rocío
Ven. Acompáñame. No podemos faltar. Se que estas cansada. La Madrugada ha sido tan mágica como siempre, tan igual, tan distinta, tan nuestra. Pero se hizo la luz de la tarde del Viernes Santo, y su caricia llenara tu alma de recuerdos hermosos. Te llevaré de la mano de la vida al encuentro con la Vida.
Sigueme. Te llevaré como
cada año a la querida calle Varflora. Asi se llamaba. Hoy se rotula “Real
de la Carretería”. Siempre un hermoso nombre para alojar tanta belleza,
siempre un recóndito lugar para, cualquier día, llegar hasta él caminando
despacio, y traspasar el dintel de la Capilla, y rodearse de silencio y de
fe. Siempre fue fascinante ese inmenso nombre en el título de la Cofradía
“Tres Necesidades al Pie de la Santa Cruz”. Un universo teológico hecho a
molde de estilo creyente sevillano.
Hoy no todo será quietud. Hoy la emoción nos desborda desde que divisamos la Cruz de Guia, y ya todo es un prodigio de elegancia, de medida. Por eso quiero que vengas, que estés conmigo cuando se acercan las cuatro de la tarde del Viernes Santo. ¿Dónde estar mejor que en el Arenal cuando la media tarde de este Viernes proclama la verdad de la Carretería?
Has de ver pasar cada nazareno sin perder detalle. En sus ojos, en sus manos, esta almacenado el poso de la historia, de la tradición, de los gremios que fueron, y de los tiempos que, de bonanza y de crisis, marcaron un sello ejemplar en la Cofradía de las Tres Necesidades. La cadencia del cortejo te prepara el alma y te certifica que estas en Sevilla, que es Viernes Santo.
Dame la mano. Quiero que nos contagiemos las
emociones cuando aparezcan los ciriales bajo la puerta y se presienta que
llega el momento de que se repita el Evangelio. Anúdate conmigo, como esa
soga une la hojarasca, al momento inolvidable, a la tensión, a la fuerza,
al silencio y las lágrimas.
Mira atentamente. Cada detalle es un universo de belleza. Graba en tus pupilas el discurrir exacto por entre estas calles que se miden por el ancho de esta caoba. Repara en esas garras de dragón que parecen aferrarse al empedrado, pero que no pueden detener el avance sobre los pies mientras suenan las cornetas y tambores.
Levanta la mirada, Contágiate de Ella, de su vista
elevada al cielo. Ahora por la puerta asoma la Madre del Mayor Dolor en su
Soledad. Sonriele, comparte asi su pena. Es el día en que muere su hijo y,
cadenciosa, pasará tras el como un suspiro de belleza. Enviale mil besos
por cada lágrima.
Y asi...hasta que anochezca, desgranando hermosura en cada balcón, acariciando cada esquina, haciendo emocionarse los muros de la Catedral. Porque si bella es esta primera hora de luz intensa, que quiere traspasar las retinas, inigualable es la noche cuando callejeando por el barrio vuelven los hermanos nazarenos de la Carretería, inconfundible su Cruz de Santiago al pecho, en busca del portón que alumbran sus orgullosos faroles, para perderse en el silencio de la Capilla, elegantemente, hasta el año que viene si Dios quiere.
Ven, no te alejes, Sigue a mi lado cuando veamos alejarse el manto. Tu también contarás esto a los tuyos, a quienes hereden este legado de amor, de creencia profunda. No estas soñando. Tanta belleza es posible. Se repite como prodigio milagroso cada Primavera en Sevilla. Y nunca olvides, hija mía, que en la Semana Santa del año 2006 fuimos fieles a la cita del Viernes Santo a media tarde, y alli, fundiendo el azul de tus infantiles ojos con el azul de cada túnica de terciopelo, comenzaste a aprender que el corazón del Arenal late en la Carretería.
Ricardo Jose Calvo Léon
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