
A LA HERMANDAD DEL CALVARIO
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EL MILAGRO DE LOS MULATOS DE SEVILLA.
El crujir de una soga cuando se tensa. El discurrir del aire por los tubos del mayestático órgano de la Magdalena. El olor a cera quemada. Las históricas pinturas murales del templo del antiguo cenobio dominico. El sabor a ceremonias pretéritas, ancladas en el tiempo, que entre las modernidades de hoy día siguen conservándose. El frío ambiente al ver el Cuerpo inerte en la Cruz. La incandescente ascua de luz, que se enciende lentamente -llama a llama, poco a poco, como las cosas buenas-, que es el paso palio de Presentación.
Éste es uno de los pórticos a los inminentes días de la Semana Santa en Sevilla. Cristo, aunque mañana salga en su borriquita en loor de hosannas por las puertas de un Salvador anhelado y futurible, hoy, esta noche del Sábado de Pasión, es trasladado a su paso de caoba y plata, verdadero joyero para un Cristo muerto. El retranqueo de las andas da por finalizado el ritual sempiterno de la elevación del Crucificado del Calvario. A la espera, eso sí, de la estación penitencial, razón de ser de la corporación nazarena.
Viernes Santo. Madrugada. El milagro de lo barroco vuelve a discurrir por San Pablo.
Qué más dan las preferencias de paso, si los antiguos mulatos de Sevilla, acompañando a Cristo crucificado y a Su Madre de la Presentación, se encaminan hacia el metropolitano Templo para rendir devoción y oración a Cristo vivo en el Sacramento, entre motetes y solemnidad.
Es un rito no escrito. Esto no se enseña en las escuelas ni en las universidades más doctas. Esto es así porque sí. El ruán negro e histórico serpentea por las calles del centro, inundando la noche oscura con fascinantes regueros de luz tiniebla que culminan en esa gloria de la misma gloria que es el palio de Nuestra Señora. Presentación del Niño Jesús en el Templo... que en esta noche se traduce en la presentación del Cordero Divino, con su Madre, la de las manos acogedoras, que entre cera, plata y bordados nos muestra la crueldad del hombre con Su Hijo y la Salvación de todos en Cristo crucificado.
Discurrir por Castelar y Molviedro, con el “quejío” andaluz más desgarrador y sobrecogedor que imaginarse pueda. Plazas y calles recoletas, románticas, para el misticismo en estado puro. El pueblo se rinde ante Jesús del Calvario y María de la Presentación como nadie sabe hacerlo... con la saeta:
“Tronchada y pura azucena, Cristo yerto del Calvario quisiera ser como arena para empaparme en tu pena y hacer de mí un relicario.”
El dardo negro de la procesión en la calle regresa con prontitud al templo. Las claras del alba sorprenden a la tez rosada de la Virgen de la Presentación casi entrando. La candelería más pesada de toda Sevilla se ha rendido a los pies de la Niña de la Magdalena.
El ritual ha vuelto a producirse, para mayor gloria de Cristo y de su Madre. La esquisita austeridad del Calvario lo ha vuelto a poner de manifiesto. La emoción de lo profundo ha de esperar un año para que se repita. El Crucificado del Calvario, a través de la Presentación de María, ha redimido a Sevilla. El milagro ya se ha producido. Juan Cristobal Jurado Vela Hermano de la Estrella |