
A LA HERMANDAD DEL GRAN PODER
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Zancada a Zancada
Aldabón insondable en la plaza… un nudo de gargantas al unísono exhala el último aliento y aspiran la postrera acuosa sensación que ennoblece al paladar... Nada escapa al hálito del presente... Los curiosos acuden impasibles a la escena... Las agujas del reloj sueltan la única campanada de redención ante la Cruz de Guía y un reguero de interminables parejas puntiagudas y silentes sombras le sigue sin mas resignación que su fervor; sin más señuelo que la paz redivida en el interior de su celda de ruan; sin más expresión que la llama de amor y fe que al cuadril elevan hacia la mas clara luna del parasceve; sin más señas de identidad que sus ojos enjugados en lágrimas; sin más intención que depositar un año más su veneración a Dios hecho espíritu y sacramento …
A un lado y otro, una fiel congregación de almas impacientes y anhelantes desafía desde hace horas el relente e invocan su ánimo certero; acechan al sueño inquietante y desafían la fatiga quebradora… Todo por sentirLe ... Todo por RezarLe... Todo por mirarLe.. Todo por tenerLE caminando entre ellos….
En bastantes manos de unos y otros se presagia el roce etéreo de las
cuencas del intacto rosario que de sus madres heredaron; ese es el Hondo
rito de invocación y de compañía de los que más presentes están que
nunca; se nos transfigura Su imagen al cerrar los ojos y Los presagiamos a
nuestro lado en cualquier matiz, en cualquier destello, en el desbordante
esplendor de la misma paradójica penumbra…
El magnificente paso que labrara Simón de Pineda tallara emboca Conde de Barajas y allí los flashes, como en la plaza, son más pupilares que digitales…Es el pasillo de su casa y sus vecinos se vuelcan denodadamente en unas primeras chicotas de ensueño. En pos de Él centenares de penitentes siguen Su estirpe y Su impronta se adueña de todo lo pisa… Antes que haya embocado la calle que lleva su nombre la Divina Madre del Mayor y Dolor Traspasa el pórtico del ensimismamiento y encajonada en un brocal de bordados de la mejor escuela de Ojeda, se dispone con el mismo recogimiento y sobriedad a seguir la estela de su Hijo lacerado bajo el madero, con la inestimable aliento del discípulo amado
El Publico congregado en el Duque lo observa mudo y enclaustrado El Senado de la Campana y la Carrera Oficial sobrecogido y lo envuelve saeta a saeta, chicotá a chicotá en un sin fin de oraciones colectivas… En un mar de sollozos zozobrados… En un horizonte de suplicas calladas… En un recital variopinto de lealtades compungidas y de pesadumbres acrisoladas.
Tras la Puerta de los Palos es la hora de mirarLe cara a cara cuando más factible es y cuando más se da y se entrega por Los Suyos;
Atraviesas erguido y sacramentado La plaza amurallada de Tu Gran Triunfo; Haber anudado a la soga de Tu cíngulo Nuestro destino Mientras se apuntala En Tu madero el reguero ensangrentado
Puerta de Sacrificio de la espiga de Tu trigo… El oprobio su aceite vierte Y el pueblo es testigo Como la Pura y Limpia Su pañuelo de seda inerte Se estremece al pasar bajo el Postigo
Aún bajas exhausto Arfe y Castelar Titubeas porque ya no vas tan rodeado Y como en una escena teatral Te yergues de nuevo en Molviedro Bajo el peso del madero desvencijado Y la carcoma se te abre en tu piel de cedro Cuando te contemplan Despojado
Que suerte cruel Te dibujaron Que ominoso martirio Te guardaron A luz de las estrellas Por los balcones de Gravina Donde al mas pintado se le adivina Como las llagas te descomponen y Te socavan tu mirada y atraviesa la ceja La hiel de una espina
Por imposible que parezca No caminas lento ni temeroso Por caladas paredes De flor en flor En Pedro del Toro; Te conducen a un distinto fervor Petrificado y sin laureles Pero con potencias de oro De Museo Y te enaltecen más rezos Como calladas gotas de Agua de clamor
Porque penitencia obliga El camino se hace dúctil; Giras raudo a Poniente Por la vereda de azahar Que abre a San Vicente; Y allí Tu primera caída Tu castigada espalda presiente; Más la impiden Siete naranjos silenciosos Misericordiosos e imponentes
Casi azulando el día Renace la vida en pos de Ti Sin el amargo sabor de la hiriente envidia Limpia y a salvo de la provocación Zancada a zancada por la Gavidia…
La Cruz ha entrado y enfilas Cardenal Spinola Aun te siguen los que nunca desalientan Como la eminencia que te da nombre; Amanece en Sevilla y coges el último respiro Y al fin apareces…
Gran Poder Nuestro Que llegas a San Lorenzo Santificado sea tu rostro Venga a nosotros Tu última Zancada Abrase a Tu Voluntad Así en la urbe como en el Labriego.
Las llagas nuestras de cada día Cicatrízalas esta mañana; Alivia nuestro pesar Como aliviamos el temor con Tu enseñanza Y no nos dejes de bendecir Más anúdanos en el cíngulo de tu sendero hacia la Esperanza l Alberto De Faria Serrano |