
A LA HERMANDAD DE LAS SIETE PALABRAS
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Volviendo a San Vicente El Miércoles Santo en Sevilla es el manido (por saturación de utilización en los medios de comunicación) día de los crucificados. En esa fecha, se presentan en la Catedral dos barrios muy pujantes. Uno que es más nuevo como Nervión y su Cristo de la Sed, otro llega del populoso barrio de los toreros, ese del puente de los bomberos que se presenta con una oleada de 2.000 nazarenos en La Campana cuando aparece la cruz de guía de San Bernardo por el Duque.
También llegan ese día a la Catedral el clasicismo desde el barrio de San Lorenzo con el Buen Fin, la espectacularidad del barco de La Lanzada o la austeridad y seriedad del Cristo de Burgos. El Baratillo llegará por el Arenal y el conseguidísimo misterio del Prendimiento avanzará con sus mole arrastrando a una bulla inmensa delante del llamador.Pero ese día, sin duda un día melancólico porque se nos empieza a ir lo que tanto ansiábamos, el romanticismo se hace hermandad. Desde la parroquia de San Vicente saldrá una cofradía con pocos nazarenos, con mucha historia y con tres pasos a admirar. El primero de ellos llega casi tras la cruz de guía y para el neófito en este mundillo o aquel que sólo busca la espectacularidad puede pasar inadvertido. Pero el andar pausado y candencioso del Señor de la Misericordia es para admirar. Llega con silencio, pasa con tranquilidad y se va con el contoneo de la túnica del señor sobre unas magníficas andas de plata, poco admiradas en esta ciudad porque al día siguiente sale un templo de plata para albergar al Señor de Pasión. Como hemos dicho la cofradía tiene tres pasos. El tercero de ellos tenía mucha personalidad en anteriores años y a un servidor le gustaba más el techo de plata que albergaba a la Virgen de la Cabeza, que le daba un aspecto diferente al clásico palio sevillano. El piquete de la Guardia Civil tras el manto se ha convertido en una de las estampas más clásicas de nuestra Semana Santa. Pero, sin duda, el alma de esta hermandad para mí es el segundo paso. Clásico calvario donde los haya, canastilla romántica, un Cristo que está diciendo sus últimas palabras y todo un camino de naranjos por la noche para cobijarlo. Sin duda, les recomiento seguir al Cristo de las Siete Palabras desde la calle Tetuán de vuelta, cuando la madrugada del Jueves empieza a llegar a Sevilla. La gran bulla irá buscando la espectacularidad y escenografía de Jesús en su Prendimiento y el barrio de San Vicente estará casi vacío, pero toda esa negrura del barrio a esa hora la llenan el olor del azahar, el andar del crucificado más alto de Sevilla y la parsimonia de la hermandad en su entrada. Para completar el cuadro, encima lleva uno de los mejores acompañamientos musicales posibles. Barrio de San Vicente, 1 de la madrugada, un calvario romántico con la calle a oscuras y los candelabros encendidos y Presentación de Dos Hermanas acompañando las palabras del Señor no tienen precio ni parangón, les recomiento que vean la vuelta de Las Siete Palabras a su templo. PD. No acudan muchos que después no quiero verme en agobios de bulla.
Eduardo Soto Reinoso |