ESPERANDO A LA SAGRADA LANZADA

 

 

Cansado de un largo viaje, se adentro por las calles de la ciudad antigua en busca de la famosa celebración. Se encontró de pronto en medio de una multitud que andaba de acá para allá sin una dirección aparente. Caía la tarde, una de esos atardeceres quietos y claros que de vez en cuando nos regala la primavera. De pronto,… un tumulto, y clarines y timbales, y el Paso del Prendimiento, los Panaderos ….le dijeron, por el Duque –esquina Alfonso XII-, claro.

 

La emoción le había confundido, esperaba aquello, el anhelo, aunque no así, tan esplendido,  tan rotundo, tan absoluto.

 

La ciudad, que no conocía, se había vuelto de pronto angosta y complicada, inaccesible, el gentío seguía de aquí para allá, si …..¿pero hacia donde ir?, la premura y el desconocimiento se juntaban en un torbellino de prisas sin destino. Una Plaza, una calle, un cruce….

 

De pronto allí estaba, la Cruz de Guía, rodeada de nazarenos y de gente, más gente. Estos llevaban un hábito color crema, con un antifaz rojo y grandes cirios que brillaban en una tarde que cada vez era más noche. Tramos, insignias, ciriales ¿no decían que en Sevilla la Semana Santa estaba impregnada de barroco?

 

Se refugió en el cancel de una gran puerta que  parecía protegerle de lo desconocido, y allí, otra vez, clarines, timbales, tumulto. El magnífico paso de misterio se detuvo ante él. La estrechez de la calle no daba de sí –Cuna, le dijeron- y quedó maravillado. La cera de las velas del paso emitían calidez y resplandor, creaban una atmósfera de recogimiento, íntima. Y allí estaba, El Cristo de la Sagrada Lanzada, y Longinos, claro. A la voz del Capataz, “A esta es!!”, el paso se levanto como empujado por un resorte, y le estalló la emoción,..en el fondo de su corazón.

 

Se quedó apoyado en el quicio saboreando lo que ante si acontecía…..

 

-          ¿Usted no es de aquí, no?

-          Pues no, ¿por que lo dice?

-          Por el libro que lleva…….¿no tiene programa?

-          Pues no, es lo único que tengo

-          Tiene que hacerse con un programa,….pero yo le explico……

 

Y se lo explicó, los tramos, las insignias, la Cofradía, la Hermandad,  “si, si de San Martín”,

 

-          Esta es la Virgen del Buen Fin..

-          Pero no me ha dicho que esta es la Cofradía de la Lanzada? ….no me aclaro, a esta hora el Buen fin no pasa por aquí, ¿O me equivoco?

 

 

Se equivocaba, claro.

 

El Palio se fue alejando en la noche dejando tras de sí una estela de luz y de sonidos, de música solemne y a la vez íntima. Había visto su primera Cofradía al completo. Pensamientos y sensaciones se agolpaban en su interior y fluían como una cascada de conceptos nuevos difíciles de asimilar. Por fin, después de muchos años de desearlo, de esperarlo, de imaginarlo, había logrado ver una Hermandad de Sevilla en la calle, en Semana Santa.

 

Un niño se topó con él. Llevaba una bola de cera realmente curiosa..y le llamó la atención. Sintió que había llegado tarde a la semana Santa, que debería haber venido antes o haber nacido allí. Pero pensó que ya recuperaría el tiempo perdido.

 

Por eso, desde entonces, cada Miércoles Santo, acude a la Calle Cuna a ver a la Sagrada Lanzada, para que se hunda de nuevo en su corazón, como en el de miles de sevillanos, para poder seguir siendo niño y esperar, al atardecer, que la emoción desate en él mil sensaciones nuevas y a impregnarse del anhelo de volver.

 

Y vuelve,….claro.

 

 

Antonio Alujas Jerez

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