
A LA HERMANDAD DE SANTA CRUZ
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LA MIRADA DEL CRISTO DE LAS MISERICORDIAS
El barrio de Santa Cruz,
en contra de lo que muchos puedan pensar, es un barrio en el que el tiempo
pasa lentamente. Las viejas murallas del Alcázar sucumben a veces a la
osada enredadera, como si de ruinas centenarias se tratase, en su “lucha”
contra una naturaleza indomada. Se comporta igual que el agua en la pila
de cualquiera de sus fuentes: pasa poca cantidad a la pila de abajo, y
permanece mucha en la superior. Sus vecinos parecen sacados del más
bullicioso de los barrios. Aquí todo el mundo se conoce y se saluda, y se
entera de lo más destacado, como no, en la tienda de “Conchi”. Los que lo
conocemos bien, sabemos que Santa Cruz es un barrio de incesante actividad
durante el día y de nostálgico recuerdo por la noche. Con la claridad de
la mañana es un ir y venir de culturas y gentes. Los lugareños y los
foráneos de paso se mezclan en una torre de babel convertida en un dédalo
de calles estrechas.
Dicen que las Hermandades
se parecen a sus barrios, y en el caso de Santa Cruz no puede ser esta
afirmación más ajustada a la verdad. Y sin embargo no tiene nada que ver
con sus pasos, aunque estén hechos a la medida de sus calles, que más que
pasar fluyen por ellas, como el agua por sus fuentes. No es tampoco por el
gótico de la canastilla del Señor, arquitectura que busca el cielo, como
los que se pierden en las estrecheces de las calles Mezquita o Pimienta,
Morería o Justino de Neve.
Sin que broten las palabras, Cristo de Santa Cruz, te hablo. No existen ya el agua ni la hiedra enredada en la muralla. No hay sitio para el murmullo de las centenarias lenguas Ni para el silencio siquiera del pueblo que te contempla. Señor de Santa Cruz Cristo de las Misericordias cien personas nos observan: En una oración de miradas dos vecinos que se encuentran. Has venido a visitarme Crucificado en el dolor. y un año más te espero para hablarte en el balcón.
Yo se que no estás expirando se que no estás muriendo se que me estás preguntando desde que era pequeño. Vecinos de Santa Cruz de Santa Cruz al balcón. El altar está en tu cruz y la iglesia en mi balcón.
La mirada de un vecino que me viene a visitar. La mirada de un amigo que me viene a preguntar. La mirada es la memoria del vecino del balcón la mirada es mi barrio desde que tengo razón.
La oración se hace mirada sin que broten las palabras, el mutismo se hace eco en la guarida del alma. ¡Retumbe la oración callada! Que estoy rezándole a un amigo Sin que broten las palabras.
Pablo Peinado Ferrand Hermano de La Amargura
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