A LA HERMANDAD DE LOS JAVIERES

 

LA OTRA OJIVA DEL MARTES SANTO.

 

Martes Santo, día de salidas muy complejas: Candelaria, Santa Cruz… pero especialmente San Esteban, por su estrecha y mítica ojiva.

Sin embargo hay otra ojiva, menos renombrada, que es la de Omnium Sanctorum.

La Hermandad de Los Javieres la cruza cada Martes Santo, igual que ha salvado la ojiva de las dificultades y los pesares de sus más de cincuenta años de existencia.

Con tesón y, sobre todo, humildad, avanza año tras año, calladamente.

 

Curiosa idiosincrasia para una populosa feligresía como la de la calle Feria. Negro reluciente a pleno sol. Campanas luctuosas a primeras horas de la tarde. Los contrastes de Sevilla.

 

Mis primeros recuerdos sobre la hermandad se difuminan en mi niñez.

Aquella Semana Santa la Virgen de Gracia y Amparo salió sola, mientras su hijo, más herido que nunca, la esperaba en Omnium Sanctorum. Bullicio silencioso del Salvador. Lejanía por Cuna.

Desde entonces pocas veces he dejado de verla, salvo los años que hice estación a la Catedral con San Esteban, mi hermandad.

Esa cercanía a San Esteban, aunque sea por cuestiones de antigüedad y orden en la nómina provoca lazos sentimentales, y Los Javieres y San Esteban conforman un todo durante gran parte de su recorrido, marcando un fuerte contraste. Tarde y noche. Azul y negro.

 

Suelo encontrarla avanzando por la calle Trajano. Luego, por Argote de Molina.

El Cristo de las Almas avanza con rotundidad, paso marcado, firme. Silencio, respeto.

Con no menos seriedad le sigue María Santísima de Gracia y Amparo, acompañada de los geniales sones de la banda Julián Cerdán de Sanlúcar de Barrameda. Fue la primera hermandad que abrió las puertas a dicha prestigiosa formación, y lo lleva a gala.

 

El pasado Martes Santo la cofradía volvió a transitar por Jesús del Gran Poder, por el templo que la vio nacer. Itinerario nostálgico a la par que novedoso. Mucha gente expectante.

Y este año, otra novedad. Manto bordado por primera vez, que causará el impacto de lo novedoso, lo desacostumbrado y lo esperanzador…

A buen seguro que gustará, y dejará tras de sí la estela del Amparo que siembre por su camino mientras penetre en Santa Ángela, se aleje por Palacios Malaver o vuelva a cruzar, una vez más, la otra ojiva del Martes Santo.

Jose Manuel Castroviejo López

Hermano de San Esteban