
A LA HERMANDAD DEL CERRO
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UN CERRO DE DEVOCIONES
Siempre he creído que si hay algo netamente sabio es el refranero popular. Sentencias cortas pero muy asertivas, y todas ellas encierran grandes verdades, que a veces son aplicables incluso a nuestro mundillo cofradiero. “La Fe mueve montañas” dice una de estas frases ancestrales. Que gran verdad, si pensamos en la Cofradía que menos años hace que llega a la Catedral Sevillana. Porque es cierto. Un cerro no deja de ser una montaña pequeña, movida por la Fe de todo un barrio que siente en blanco y rojo, que vive como propios los Dolores de Maria y el Desamparo y Abandono de Jesús. La Fe mueve al Cerro del Águila. Esa es la gran verdad de ese milagro que Sevilla vive cada Martes Santo. Era una apuesta muy arriesgada en su origen, y el tiempo les dio la razón. Muchas horas en la calle, que se ven compensadas con más horas de rezos, de devoción, de lágrimas y de sentimiento cofrade.
Ver el desfile de esta cofradía es una autentica delicia. Un cortejo largo con un habito nazareno tan sevillano, que es de merino y terciopelo. Un crucificado devotísimo, de lo mejor del renombrado Barroco sevillano, bajo una gran firma, con un misterio salido de la mano de uno de los imagineros modernos mas prometedores, que junto con una talla de canastilla de indudable personalidad hacen del Paso de Misterio todo un compendio de elegancia y medida. Y es que el Señor del Desamparo y Abandono, cuando hace 25 años se vino de San Gil al Cerro se trajo algo de al lado del Arco. Tiene la casta de ser un Cristo para Sevilla, a la casi inalcanzable altura de su Semana Santa, digno de estar en una gran cofradía, tal y como esta.
Pero el Cerro del Águila no se entiende sin su Virgen de los Dolores. Ella es la que mejor sabe de las penas y alegrías de un barrio humilde y obrero, que no entiende de mas reinado que el que siente que le llega desde el Altar Mayor de la Parroquia que lleva el nombre de la Señora causante de su gozo. Son muchos años los que la Madre de los Dolores lleva entre ellos, primero de forma intima, para su Barrio, en Septiembre, siempre mecida y arropada por el amor de sus vecinos. Y el día glorioso que, en una Mañana de Martes Santo, la Virgen dejaba el Cerro para ir a la Catedral, su barrio se hizo alfombra de besos para demostrarle a Ella y al resto que la Reina del Cerro no estaba llamada a ser un palio mas de Sevilla. Su estética, clásica. Su vestir, siempre elegante y originalísimo. Sus flores, personales y únicas. Y su mirada cautivadora. Y pasó lo que tenia que pasar, algo que para muchos podría ser impensable… el amor reciproco entre Barrio y Dolores, hizo que un bello día de Septiembre, el Cerro del Águila se hiciera Corona de oro en las sienes de su Bendita Madre de los Dolores. Desde entonces, parece que la Virgen mira con más amor, si cabe, a sus vecinos. Por eso, cada mañana de Martes Santo, cuando Ella tiene la dicha de asomarse por el Dintel de la Iglesia, los sentimientos se desbordan, las flores llueven, los aplausos atronan, y se crea uno de esos momentos mágicos que solo el Cerro sería capaz de crear.
Por todo esto, hay que saber entender a la Cofradía del Cerro del Águila. A muchos defensores de los cánones clásicos podría parecerles que la estética de la Hermandad, clásica y conservadora de las mas antiguas tradiciones, no casan con el concepto de cofradía de barrio. Pero esto no es así. Aunque parezca una redundancia, el Cerro es una de las hermandades más de barrio que existen, por su forma de ser, por su vida de diario, por su comunión con los suyos, por su labor social para con sus vecinos. Duela a quien duela, el Cerro del Águila es modelo y ejemplo de cómo una Hermandad nueva puede aspirar a lo más alto.
Porque además, no podemos olvidar que aun no ha llegado a su cenit. Ahora el Cerro también siente la Humildad viendo a Jesús con la Cruz a cuestas, camino del Calvario. Un nuevo sueño. Y conociendo como se respira por allí, sabemos que no defraudará. Algún día serán tres los pasos que vengan, porque ahora el Cerro del Águila también quiere ser Cirineo.
Para este humilde cofrade de la ciudad vecina de Huelva, siempre es un placer contemplar la Hermandad del Cerro del Águila en la calle, por todo lo que he explicado antes, pero para mí, por un detalle más que no puede pasar inadvertido. Porque de alguna manera, para Huelva es un orgullo desfilar por Sevilla cada Martes Santo. Si, así como suena. Porque nuestra Patrona, la Virgen de la Cinta, también ha querido sumarse a la devoción del Cerro, desde la atenta mirada de la Virgen de los Dolores, entre su cera. Huelva y el Cerro, atados por la Cinta del amor hacia Maria.
Creo que no hacen falta más palabras. Nos vemos mientras desfila el Cerro del Águila, un barrio entero hecho Cofradía. Cuando los tambores resuenen por Afán de Ribera, allí estaremos. Nadie debe faltar. Todos debemos ser participe del milagro que la Virgen de los Dolores hace cada Semana Santa... La Fe mueve al Cerro del Águila.
Jairo Coto Valle
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