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NOCHE DEL MUSEO
La noche envuelve el entorno, silencio y recogimiento porque de recogida ya viene la Archicofradía del Museo. Tras la larga fila de penitentes se divisa al Señor de la Expiración, último suspiro del Redentor, alfa y omega. Barroquismo en su paso, candelabros que luchan por alumbrar tan venerado rostro, lucha entre la vida y la muerte, desamparo del Salvador, desesperación en su final aliento, poco queda Jesucristo, ya mismo se acaba tu tormento.
Y Bajo la Luna de primavera, somos testigo del desconsuelo de aquel Hombre que padece en el Madero, silencio, que se acerca, que solo se escuche el andar el sus costaleros y el derretir de cera que por el suelo queda. Intento tocar el paso que rápido avanza, mudez extrema en este Calvario sevillano, caras absortas ante tanto sufrimiento. Ya lo veo marchar en la más temida oscuridad, Al Rey de Reyes, al Señor de los Judíos, al que pronto con su definitivo suspiro nos dejará.
Tras nazarenos de capas blancas, mientras el murmullo de los congregados se deja oir en esta fría noche, todos esperamos ver al final de este pasaje al broche de oro de este Lunes Santo, a la más bella obra de arte que un Museo pueda poseer, a la más dulce Madre que podamos tener, a la Reina de las Aguas.
Se escucha los acordes de una marcha y un crujir de varales, ya se acerca, el silencio de nuevo cubre toda esta inmensidad de devotos de la Santísima Virgen. Ascua de luz se contempla a lo lejos, la cera ganó su batalla al viento, celoso de aquel pabilo que tan cerca se encuentra de su faz, de poderla iluminar y consolar este valle de lágrimas. Eres fuente de vida para el mundo que te contempla y hoy meditamos ante el río de lágrimas que dejas al pasar, dolor de Madre que quisiera sus manos de nuevo entrelazar, para contener así más tu pena infinita, azahar más bello de toda una Plaza que hoy palpita.
Mirada perdida de la Señora de las Aguas que busca en esta Luna de primavera los ojos de su Hijo reflejados en ella, bajo palio de malla para tan Celestial Señora, tiara en sus sienes para las más bella Reina.
En la Plaza del Museo, donde ella es capitana y soberana, suena el llamador, última levantá, un año más hay que esperar para poderte ver Madre caminar, suena su marcha, aquellos acordes que harán que la ilusión de todo un año vuelva a empezar, para volver el año que viene a culminar, “Virgen de las Aguas” para que la más bella Mujer del Museo vuelva a su Templo, ahora que ya sea Sevilla quien con su visita a su altar consuele y aliente a María Santísima en su más cruel soledad, que ahora seamos como el discípulo amado y vayamos a consolar a María que se encuentra a los pies de su Hijo clavado en el Madero sufriendo el más duro pesar, que es perder a su Hijo que clavado en la cruz de nuestra fe, lo vemos expirar.
L.M. Gómez Pozo Hermano de los Dolores de San Juan (Málaga)
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