
A LA HERMANDAD DE SAN GONZALO
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RECUERDOS DE SAN GONZALO Escribir sobre una Hermandad sin pertenecer a la nómina de hermanos de la misma se me antoja aventurado y frívolo si cabe, pero si se es profano (o medio profano más bien) en un tema específico como el de la Semana Santa se puede rozar el límite de lo grotesco. Para evitar caer en ambos errores me encomiendo desde este mismo instante a Nuestra Señora de la Salud y a Padre Jesús en su Soberano Poder ante Caifás. Mis recuerdos de San Gonzalo empiezan por la visión de una larga fila de nazarenos blancos por la calle San Jacinto hace ya muchos años. Vista privilegiada desde el balcón de mi abuela, encima de la tienda de ultramarinos de la Salmantina. Los nazarenos blancos creaban curiosos contrastes con los restos de las vías del tranvía que de vez en cuando se dejaban ver por San Jacinto. En frente, un edificio emergía sobre de los demás, el de la Hispano Aviación, empresa que progresivamente empezaba a abandonar su actividad aeronáutica pero que aún conservaba el olor a hierro, material que otrora fluía por la Sevilla de finales de los 60 y principios de los 70 como símbolo de la actividad industrial, tejido industrial que con el tiempo fue perdiendo nuestra metrópolis.
Recuerdo igualmente que seguíamos los pasos hasta la esquina de Pagés del Corro, donde en San Jacinto dormitaba todavía la Virgen de la Estrella y un poco más adelante las obras de la nueva Capilla de la Estrella asomaban tímidamente sobre la fachada. Ya casi en los el Altozano nos despedíamos de la Virgen y la esperábamos ansiosamente por la noche.
Irrepetible el itinerario del año 1976, el Puente de Triana en obras, la abuela nos acercó a la esquina de Santa Cecilia con San Jacinto, porque la cofradía se sumergía en una Triana desconocida y no habitual, San Vicente de Paúl, Clara de Jesús Montero, Chapina y alcanzar el centro por Marqués de Parada. La vuelta, ya tarde sí recobraba parte de su itinerario habitual pero llegando desde el Puente de San Telmo.
La abuela ya no está con nosotros y ya no vivimos San Gonzalo en el barrio. Desde entonces disfrutamos de San Gonzalo en nuestras sillas de la Campana. La irrupción majestuosa del paso del Soberano Poder en Campana es una de las más fuertes emociones de la Semana Santa que después de tantos años comparto con mis hijos. Todos los lunes santo les comento mis recuerdos de San Jacinto y no puedo evitar olvidar las escenas ya perdidas de la calle San Jacinto de los 70.
Eugenio E. Guerrero Hermano del Dulce Nombre
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