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No valen las palabras
Desde el barrio de la Feria se abre camino un inmaculado río de nazarenos blancos inundando las añejas calles de San Martín, la Europa, la Alameda..., el cual contemplaremos sin perder detalle, pues todo, desde el divino símbolo de la cruz que abre el Cortejo, hasta la manigueta trasera del paso de palio, constituye uno de los Tesoros de la Semana Santa sevillana.
Tras la larga fila de nazarenos de la Cruz de San Juan en el antifaz, irá llegando el aroma a incienso anunciando la inminente presencia ante nosotros del monumental paso del Desprecio de Herodes. Y será entonces cuando empiecen a recibir estímulos nuestros sentidos. Despreciado y tomado por loco. Él guarda silencio. “Silencio Blanco”. Avanza con paso decidido, “siempre de frente”, arrogante, a los sones de las marchas de siempre. Las mismas que escuchaba cuando lo acompañaba la Banda de Patón. Lo recuerdo perfectamente en mi niñez por la calle Alcázares con poco público enfilando Sor Angela, en cuya esquina lo despedíamos para ir en busca de la Virgen.
Nuevamente veremos el desfile de nazarenos. El juego de insignias, Gloria
de Sevilla, pasará ente nosotros mientras la primaveral noche se acerca a
su auge, pues abriéndose camino entre nubes de incienso, irá apareciendo
el sublime conjunto que al acercarse a nosotros volverá a dejarnos
extasiados.
Y contemplaremos una vez más a la Reina soberana de la Amargura. La Madre compungida por el dolor de perder a su hijo. La mujer cuya expresión de pena es, de entre todas, la más real. Quizás sea mejor no conocer a su autor, pues no comprenderíamos que tan excelsa Señora la hubiese creado la mano del hombre.
Todo el grupo es perfecto. Bien lo saben las novicias de Madre Angelita que cada Domingo de Ramos, intentando con sus cánticos consolar la amarga tristeza, tienen la fortuna de contemplar ante ellas el divino dialogo de la Reina Celestial y el Discípulo amado.
Ahora, podría describir la excelencias de esta sin par Cofradía. Por ejemplo, el extraordinario paso de misterio con sus candelabros de guardabrisas que parecen “agarrarse” al excepcional canasto, la magnífica y bella imagen del Señor y el acertado conjunto de Cayetano González que conforman el Misterio, el patrimonio inmaterial de su forma de andar, etc. El inigualable paso de palio concebido por Juan Manuel y Cayetano González, que en perfecta simbiosis crearon en una pequeña catedral para albergar a esta joya sevillana que es La Amargura, La extraordinaria talla de San Juan… Había en la antigüedad quien se acercaba al Templo de San Juan de la Palma, o a ver su Sagrada Estación, solo por contemplar esta bella y devota Imagen de San Juan Evangelista.
Cuando pasa ante nosotros a los sones de su marcha, himno universal de la Semana Santa, contemplamos el que posiblemente sea el más completo paso de palio sevillano. Algunos piensan que si no la ven, el Domingo de Ramos quedaría incompleto. En cualquier caso, este es mi consejo. No se la pierdan. No valen las palabras.
Manuel Jesús Rey Jiménez Hermano del Dulce Nombre
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