
A LA HERMANDAD DE LA PAZ
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NUESTRO PORVENIR Cuando las sensaciones se entremezclan y los sentidos están predispuestos a vivir en un sólo momento toda una eternidad, el Porvenir de nuestras almas, de nuestros corazones, de nuestras vidas aparece en blanco y moreno. Surge así el cromatismo de la tarde recién estrenada. Viene el color canela, viene el color del nácar. No hace falta más color. El ocre de la tierra con Él, la cal de las casas con Ella. Así surgió el colorido del barrio del Porvenir. Pero quiere sumarse el verde del parque, el azul, luego el malva, por último el negro de la noche. Hasta el gris del asfalto. Que prodigiosa paleta de colores con la que el Porvenir pintó al Señor casi con la cruz sobre el hombro y a su Madre con la ramita de olivo en su mano. Quiso representar en Ellos ese suave contraste y unidos a su vez por la belleza de sus nombres, indisolublemente unidos: el Moreno y la Blancura. O lo que es lo mismo: Victoria y Paz. Porque no hay Victoria sin Paz, y no hay Paz sin Victoria. Y no hay Porvenir sin la Paz y sin la Victoria. Victoria y Paz. Son nuestro Porvenir, nuestro pasado, nuestro presente. Son muchas las sensaciones que tengo al ver la Paz. Primero, porque es la primera en estrenar la Semana Santa. Menudo lujo. Segundo, por motivos familiares, pues alguien muy cercano a mí estuvo varios años tras el manto blanco de la Virgen morena. Y la mayor razón de todas, porque me gusta verla. Me gusta ver como se recrea por su barrio, por su parque, me gusta ver como se recrea el espíritu del barrio impreso en los dos pasos al entrar en la ciudad (como no podía ser de otra forma) a través de un arco. La elegancia del paso de misterio y la dulzura del Señor que el fervor llama el Moreno. Ya hemos visto la hermosa contradicción cromática. El Moreno de la Victoria y tras Él, la blancura de la Paz. Una Paz bella por todo lo que su nombre implica, por todo lo que su rostro encierra. Blanca Paz por su nombre, Morena Paz por su rostro. Refulge como ninguna en día tan luminoso y como bien se dijo en cierta ocasión, cuando los rayos del sol traspasan las mallas de plata del palio se ilumina más su blancura morena. Y al hacerse de noche, es aún más intenso el brillo, más profundo el fulgor. El cielo se oscurece y lo contrasta el blanco de su paso. No se necesitan más colores. El ocre, el azul, el verde ya pintaron por el día. Ahora en la noche pintan más el negro y el blanco, el negro del Cielo y el blanco del palio. Gloria en blanco y negro, como las antiguas fotografías de sus primeros años por la calle. Hermosura en blanco y negro, hermosura en moreno de su rostro y en plata de su palio. Negro, blanco, verde, azul, ocre, plata, moreno. Dios debe ser pintor, para haber plasmado tanta belleza cromática en una ciudad, en un barrio, en un palio, en un rostro. De haber podido plasmar la blancura morena de la Virgen de la Paz.
Sólo con esa dulce faz Ese nombre tan bien suena, Pues nunca fue tan morena La blancura de la Paz. No hay nada que sea capaz De explicar o definir Este modelo a seguir, Sinónimo de blancura: Esa Paz hecha hermosura Para gloria del Porvenir.
Esther Barriuso Algar Hermana de La Macarena
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