EL NAZARENO

El Pregon.

Pregon de la Semana Santa de Sevilla del año 2004. Pronunciado por D. Rafael De Gabriel Garcia en el Teatro de la Maestranza de Sevilla, el dia 28 de Marzo.

Fuente: Consejo De Cofradias de Sevilla -Web Oficial-

Eminentísimo y Reverendísimo Sr Cardenal de Sevilla

Excelentísimo Sr Alcalde

 

Ilustrísimo Sr Presidente y Junta Superior del Consejo General de Hermandades y Cofradías

 

Excelentísimas e Ilustrísimas Autoridades

 

Cofrades de Sevilla

 

Señoras y Señores:

SANTA ÁNGELA DE LA CRUZ

El 4 de Mayo de 2003 quedará grabado para siempre con letras de oro en los Anales de la Muy Noble, Muy Leal, Muy Heroica, Invicta y Mariana Ciudad de Sevilla. Su Santidad El Papa Juan Pablo II canonizaba a Sor Ángela de la Cruz, a quien había beatificado aquella histórica mañana del 5 de Noviembre de 1982. Tras ser proclamada solemnemente Santa, volvía a salir a las calles de la Ciudad que tanto amó, a la que tanto socorrió, a la que tanto bien siguen haciendo las Hermanas de La Cruz. Grande privilegio tuvimos. Entre el silencio y oración del Pueblo y los cánticos limpios de las monjas, Santa Ángela de la Cruz nos dio a todos nueva Fuerza para la misión que Dios nos tiene encomendada. Imborrable para siempre quedará el recuerdo de las calles entre pétalos de flores, de la incesante visita de tantos miles de personas a la Catedral durante los días del Triduo de Acción de Gracias; de los Encuentros de Niños, Jóvenes, Religiosos y Religiosas con la nueva Santa, del Homenaje de las Hermandades y Cofradías, del Solemnísimo Pontifical y del Baile de los Seises ante Su Cuerpo Incorrupto.

 

Fue el regalo del Santo Padre a la Ciudad que visitó, a la que tanto ama. El Papa que oró ante la Virgen de los Reyes, que rezó en la Giralda, que nos habló desde el balcón del Palacio Arzobispal, que conmueve al mundo desde su esfuerzo alzando la Sagrada Forma. Trabajador incansable, uno de los hombres más importantes de la Historia. El Papa en la Cruz de Cristo.

 

Días después, la Virgen de la Amargura fue a visitar a Madre Angelita:

 

Al Convento te llevaron

por que estuvieras con Ella,

con la Madre de los Pobres

y de los que nada esperan.

 

Santa Ángela te dijo

cuando te tuvo a su vera:

-Cómo me acuerdo Amargura

de cuando vivía en la Tierra...

Cada vez que te buscaba

Tú me mandabas la fuerza

cuando en San Juan de la Palma

rezaba con Fe sincera.

 

- Satisfecha Estoy, Sor Ángela

porque está siempre Tu Puerta

abierta para el que pide

el socorro, la asistencia,

la ternura y el afecto,

el consuelo y la paciencia.

Está contento mi Hijo

que Te quiere siempre cerca,

por eso tu Santidad,

porque estás siempre dispuesta

para llegar con tus Hijas

a acabar con la miseria,

a donde falte el amor,

donde los otros no llegan.

 

Y todo en silencio estaba.

Sólo dialogaban Ellas:

 

-Déjame venir Señora

para alegrar la tristeza.

-No te preocupes Sor Ángela

que te ayudaré de veras.

Yo me vestiré de monja,

Yo contigo puerta a puerta...

Visitaremos al pobre

y al enfermo en sus flaquezas.

-¿Y cómo que tú, Señora

Niña de la calle Feria

quieres venirte conmigo

a remediar tanta pena?

-Yo Soy la Madre de Cristo,

la Madre de Gracia Llena.

Yo soy la Madre de todos

los que sufren en la Tierra

y quiero que tu me lleves

a Mis hijos que me sueñan.

 

La Amargura descendió

de las andas que trajera

y la Virgen la miraba

a Sor Ángela despierta

y Madre se levantó

de la cama en que se acuesta,

besó la mano a la Virgen

y se inclinó ante la Reina.

-Hágase tu voluntad, Señora

en mi humildad y obediencia

y se haga como digas

por espantar la pobreza.

 

Era el aire de Sevilla

el testigo de la escena

y lo contó a Giralda

y lo contó a las estrellas

porque lo supiera Dios

que en estas cosas se alegra.

 

-¿Cuándo volverás, Señora?

-Espérame en Primavera,

Yo visitaré tu Casa

con San Juan que me consuela.

Llegarán mis nazarenos

con cirios de blanca cera

Yo vendré entre los bordados

que hizo Rodríguez Ojeda,

y Traeré la Corona

que Sevilla Me impusiera

hace ya cincuenta años
para proclamarme Reina.

-Yo te esperaré Amargura

a que llegues a mi puerta.

Será el más grande pasar

que en los tiempos se recuerda

y yo estaré en el zaguán

para rezarte de cerca

con mis Hijas que te adoran,

con tantas novicias buenas.

Y es que en mi Casa, Señora...

¡Tú siempre serás la Reina!

AL CARDENAL DE SEVILLA

Y fue Nuestro Señor servido, Eminencia, de que ya en la Beatificación de Sor Ángela estuvieseis Vos en Sevilla, porque Dios os trajo para que fueseis el principal motor de la Canonización.

 

Eminencia, por un día en la vida, la voz del Pregonero es la voz del Pueblo de Sevilla, que os vuelve a felicitar por vuestra merecida Púrpura, que renueva hoy su testimonio de adhesión inquebrantable a Vuestra Persona, y que con cariño filial os dice que las cofradías de Sevilla siempre estarán a Vuestro lado, trabajando juntos por el Reino de Dios.

AGRADECIMIENTO

Eterna gratitud al Ilustrísimo Sr Presidente y a la Junta Superior del Consejo General de Hermandades y Cofradías, por haber confiado en mi persona designándome Pregonero de la Semana Santa.

 

Mi agradecimiento al Ilustrísimo Sr Teniente de Alcalde, Concejal Delegado de Fiestas Mayores del Excelentísimo Ayuntamiento, por sus distinguidas palabras de Presentación.

 

Gracias a tantas buenas personas por sus oraciones, por tantas muestras de afecto y ánimo. Al Pueblo anónimo que paró en la calle a su Pregonero para hablar con él. Y a los Medios de Comunicación, que tan magnífico trabajo desarrollan llevando la Semana Santa a los enfermos, a los impedidos y a quienes están lejos de la Ciudad amada.

 

Que el Señor pague a todos esa ilusión, que hoy nos convoca.

 

LLEGA LA SEMANA SANTA

¿Y qué es la ilusión?... la ilusión es lo que brilla en los ojos de un niño que pasea de la mano de sus padres por el Parque de María Luisa... lo que lleva el repicar de las campanas de la Giralda, hermosa siempre la Torre de la Felicidad... lo que nos inunda al saber que el Domingo que viene –si Dios quiere- será Domingo de Ramos...

¿Qué es la ilusión?, que aúna la Ciudad en estos días de espera entusiasmada que nos hacen retornar de nuevo a la niñez... Ahora somos tal como somos auténticamente, como si renovásemos nuestra Protestación de Fe en Dios y en Sevilla.

 

La Primavera está aquí, y con ella la llamada Divina que nos hace comprender que la vida toda es milagro. El aire y la luz que inspiraron a Velázquez se amalgaman y complementan en torno a la Cruz de la Cerrajería… El recuerdo de la claridad y del azul del cielo en una mañana deslumbrante de nuestra Primavera puede durar años... luz espléndida en la Plaza de España o en lugares escondidos de la Judería; luz magnífica que nos hace pensar tantas veces que nuestras calles están hechas para que el sol las inunde y para que anden por ella los pasos y los nazarenos.

 

Cada atardecer es prodigioso, cuando los naranjos en flor perfuman las plazas donde juegan los chiquillos, que las llenan de alegría con sus voces inocentes. La vida suena en las calles. Y resplandece en los Jardines del Alcázar, imperio del jazmín, del agua y del arrayán...

 

Sevilla... hermosa eres... y qué bien suena tu nombre... música parece en el habla de tus hijos... ¡Oh, Sevilla!, impresionas en la magnitud gigantesca de Tu Catedral sin parangón, en tus Iglesias sin igual, en tus torres, palacios y casas notables, en la armonía de tus patios, en tus Corrales de Vecinos que cada día vencen al tiempo. Ciudad soñada. Ciudad anhelada, Regalo de Dios, Ciudad del Alma y de la Vida.

 

Campo de Mártires, Altar de las Santas Justa y Rufina. Enorme honra la tuya el que por ti comenzase la primera persecución de Nerón en España, Urbe insigne, por ser la que más públicamente confesabas a Cristo. Aquí floreció el Magisterio de San Leandro y de San Isidoro. Devuelta fuiste al cristianismo por nuestro Invicto Patrón San Fernando. Tus calles pisaron Santa Teresa de Jesús, Fray Luis de León, Catalina de Ribera, Miguel de Mañara, el Padre Tarín, el santo Cardenal Spínola, el Beato Manuel González y Sor Bárbara de Santo Domingo.

Nuestro espíritu se prepara en el sentido penitencial de la Cuaresma, y escuchamos la palabra de Dios evocando las predicaciones que hicieran en el Púlpito del Patio de los Naranjos de la Catedral San Vicente Ferrer, San Francisco de Borja, San Juan de Ávila, el Beato Fray Diego de Cádiz y el Venerable Fernando de Contreras. Ante la Puerta del Perdón meditamos que Jesús escogió la forma más humilde para morir. "Maldito el que cuelga de la Cruz", decían judíos y romanos; pero en esa humildad radica su fuerza. En la Cruz, Cristo hizo pasar al Mundo del Pecado a la Libertad. La Cruz va señalando el camino de nuestra Salvación. Es el símbolo esencial y central del cristianismo.

 

El Primer Viernes de Marzo, en la Casa de Pilatos tiene lugar la celebración del Santo Vía Crucis, que antiguamente discurría las Estaciones que allí se inician y que llegan al Humilladero o Templete de la Cruz del Campo, de tan honda trascendencia para nuestra Fe cristiana. Hasta la Cruz del Campo fueron igualmente nuestros antepasados, por la misma Vía Dolorosa que marcan los Caños de Carmona, llevando en rogativas la portentosa Imagen del Santo Crucifijo de San Agustín, a quien tanto debemos por el remedio a tantas calamidades y aflicciones:

 

 

Sevilla siempre a Ti acudió anhelante

por conseguir la Gracia perseguida

pidiendo en rogativa enardecida

a Tu Figura antigua y elegante.

 

Te vio de la epidemia Triunfante.

Derramando la lluvia tan pedida.

Por eso la Ciudad, agradecida,

a Ti te puso siempre por delante.

 

Oh, Santo Crucifijo venerado

en el viejo Convento de Agustinos

por un inmenso cariño rodeado.

 

Vuelve Tus Llagas a nosotros. Dinos

que aunque muchos te hayan olvidado

Tú sigues protegiendo sus destinos.

 

Las Vísperas de la Semana Mayor hacen afianzar el entusiasmo de los cofrades de Torreblanca, del Parque Alcosa, de Bellavista, del Carmen Doloroso y del Nazareno de la Corona.

LA CIUDAD, ESCENARIO DE LA PASIÓN, MUERTE Y RESURRECCIÓN DEL SEÑOR

Se decía siglos atrás que la mejor Fiesta que podía hacer Sevilla a sus Reyes era ofrecerles la solemnidad de una Semana Santa. En el esplendor de su Primavera, la Metrópoli fascinante –convertida en nueva Jerusalén- abrirá al mundo las viejas Puertas de sus muy centenarias Murallas, y a ella vendrán peregrinos desde todos los confines de la Tierra, seducidos por sus encantos, anhelantes de contemplar al joven Rabbí de Nazaret, Ése que nació en Belén en un Pesebre porque no hubo Posada, Ése que a los sordos hace oír, a los ciegos ver y a los mudos hablar, que sana a los enfermos y devuelve a los muertos la vida. Será Juzgado injustamente, condenado a Morir, pero al tercer día Resucitará. El Templo viejo de nuestro corazón será demolido, y vuelto a edificar por Él. En los Santos Lugares de Sevilla se volverá a vivir la Pasión, Muerte y Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo. Y el Pueblo de la vieja Híspalis será una vez más el pañuelo de la Virgen.

 

Este año –si Dios Quiere- tendremos la suerte de poder admirar la solemnísima Procesión del Santo Entierro Grande: Evangelio y Catequesis Viva, Cronología de la Pasión, Lección Teológica. Será momento de admirar nuevamente el magnífico paso de la Urna, tras el que nos preguntaremos si los Soldados Romanos que rinden honores al Cristo Yacente serán acaso de la Legión Primera, llamada también Socorredora, cuyos componentes eran casi todos de Itálica, entre ellos el Centurión San Cornelio, o si vendrán de la Legión Duodécima, denominada Lanza Rayos, cristianos sus soldados en tiempos del Emperador Marco Aurelio, y en la que fue Tribuno el hispalense creyente Sexto Julio.

 

La conmemoración del ciento cincuenta Aniversario de la Proclamación del Dogma de la Inmaculada Concepción supone para la cofradía del Silencio –y a través de ella para nuestra Ciudad- gloria inmensa, ya que –siendo Hermano Mayor Tomás Pérez- en Cabildo General celebrado el veintinueve de Septiembre de 1615, los cofrades –primeros en el mundo en realizarlo- hicieron voto y juramento de defender que la Santísima Virgen María fue Concebida Sin Pecado original, y acordaron construir y alzar una bandera con la inscripción "¿Quién como María Madre de Dios Concebida Sin Pecado?"... Trascendental significación este año en el Cirio y la Espada que reafirman el acuerdo de aquel histórico Cabildo.

 

Calle Cuna. Avanzan los ciriales. Justas las voces en el capataz. Suena el golpe seco del llamador y el paso se detiene. Gesto de sufrimiento por nosotros en Jesús Nazareno, abrazando la Cruz de Carey. Cómo nos duelen las Espinas de Su Corona. Silencio total. El Silencio. En el Silencio se oye mejor la voz de Dios. Quedará atónita el alma ante la contemplación de La que Es Virgen Inmaculada, La del palio que huele a azahar. Todo será breve, tan breve que hasta parecerá invertirse el tiempo y convertirse en eternidad. Cofradía ejemplar y modélica, desde la bicentenaria Cruz de Guía iluminada por morados cirios hasta la lámina, rescatada de otra época, del preste y su compaña.

 

El Jueves Santo, que reluce más que el Sol, Día del Amor Fraterno y en el que Cristo instituyó la Eucaristía, tendrá -por el Dogma- especial relieve este año para la antiquísima cofradía de Los Negritos, que regaló a Sevilla el orgullo de que dos cofrades de color –Pedro Francisco Moreno y Fernando de Molina- se vendieran como esclavos para poder costear así la Hermandad una Función a la Inmaculada. Gesto magnánimo, como no menos lo fue el del Caballero Veinticuatro Don Gonzalo Núñez de Sepúlveda, que enterado del particular los compró en doscientos ducados, dándoles instantáneamente la libertad.

 

Ver una cofradía en la calle es algo maravilloso que deseamos fervientemente tras cruzarnos el primer nazareno el Domingo de Ramos. Imaginad si no el momento en que vemos la primera Cruz de Guía bajo el Sol y rodeada por el pueblo, o el instante en que oímos por primera vez los tambores y las cornetas. Más de una vez se nos saltaron las lágrimas.

 

Cuando salga La Borriquita, el Señor de la Sagrada Entrada en Jerusalén, entre Palmas y Ramas de Olivo nos hará meditar Sus Palabras: "Quien no reciba el Reino de Dios como un niño no entrará en él".

 

A mediodía la Semana Santa tiene colores indescriptibles bajo el Sol. Brilla el blanco de la cal, que refleja la luz mientras rezamos a Jesús Despojado de Sus Vestiduras. Absortos quedamos cuando avanza majestuoso el Misterio del Beso de Judas con la espadaña de la Iglesia de Santiago como dosel, mientras viene al recuerdo la brillante personalidad eclesiástica de D. Eugenio Hernández Bastos. Momento inolvidable de la Semana Santa al mediodía es la Salida de San Esteban. Quien no vio la Salida de la Virgen de los Desamparados nunca podrá imaginar el esfuerzo titánico de los costaleros superando la ojiva que sucumbe ante el mandar del capataz ni la expresión en el rostro de quienes allí se congregan apretadamente desde mucho tiempo antes.

 

La Torre de San Marcos y el exquisito grupo escultórico que forman el Santísimo Cristo de la Providencia y Nuestra Señora de los Dolores, de la cofradía de Los Servitas, dejarán honda huella bajo el Sol en nuestro espíritu.

 

El Miércoles Santo iremos, a primerísima hora de la tarde, hasta el Barrio de San Bernardo, donde el aire se remansa y parece tomar cuerpo en forma de macetas dormidas rebosantes de flores, en humildes balcones que se asoman sobre las fachadas en calles donde se respira la intimidad y por donde cada año se forma un modelo insuperable de devoción con tantas mujeres tras el Cristo de la cofradía que empezó como empiezan las cosas más de verdad que pueden hacerse en este mundo, entre niños.

 

Cuando el Miércoles es luz,

en el cenit de la tarde,

cuando el sol está en lo alto

encumbrándose radiante

por calles de San Bernardo

hoy no está dormido el aire.

Que sale la cofradía,

que hoy es el día grande,

parece que todo ha vuelto

a ser como era antes

y las esencias toreras

de pronto resucitasen

porque en un rayo de sol

un paseíllo de ángeles

ha bajado al mediodía

y vuelan pegando pases.

Al aire dan molinetes

y a la brisa naturales

y en las calles se recrean

y se adornan dando lances.

 

La Puerta de la Parroquia

como un capote se abre

y surge la cofradía

de más duende y de más arte

que hubiera nunca en Sevilla,

por la Gracia de Dios Padre.

 

¡Qué revuelo en Gallinato,

y por calle Ancha, madre!

que el Cristo de la Salud

ya está pisando sus calles

mientras su Muerte Dormida

dialoga con el aire

bajo el azul y la luz

mientras la saeta arde.

 

Cuando pasa todo alegra

y detrás viene Su Madre,

que da Salud al que pide

y al que quiera Refugiarse.

 

El Cristo de San Bernardo

sube el Puente como nadie,

con andares costaleros

que a Sevilla pura saben

como el natural de frente

que pegó Manolo Vázquez

en una tarde de ensueño

y de despedida grande.

 

Yo te pido, Cristo mío

desde el verso que hoy me sale

que a Sevilla nunca olvides,

te pido que nos ampares

y te pido por el barrio

que en el cenit de la tarde

resucita las esencias

que perviven en su aire.

 

Olerá a incienso en las calles. El tiempo irá avanzando. Unas cofradías irán haciendo su recorrido penitencial e iremos encontrando nazarenos que van hacia sus Templos. Recorreremos la Ciudad, sus callejones -tantas veces solitarios- llenándolos de vida. Iremos de una parte a otra, sin descansar, buscando la cercanía de Cristo y de Su Bendita Madre. Habrá quien pase por calles que no haya pisado en todo el año. A veces no nos detendremos ni con el amigo... bastará una mirada para denotar el cansancio lleno de vivencia, y para entender que cada uno va a ver una cofradía por distinto sitio...

 

Y tras salir del callejón nos hallaremos en ese enclave único donde viviremos ese instante irrepetible, en ese recóndito rincón sevillanísimo. Ese momento que ya nunca olvidaremos...

 

Así, en la calle Real de la Carretería veremos el paso de Cristo de la Hermandad de las Tres Necesidades, que parece imposible salga cada año. El transcurrir silente y señorial de la cofradía de San Isidoro será razón de peso para volver a la calle Cuna. Honda reflexión mantendremos ante el Cristo de la Humildad y Paciencia entre los naranjos de la calle Doña María Coronel, donde buscaremos la Grandeza de La que es inconfundible, La que va en uno de los pasos de palio más geniales, con claveles rosas cada Semana Santa; esa Virgen del Subterráneo a la que rendiremos pleitesía viviendo de forma especial el Cincuentenario de la Proclamación de Su Realeza, mientras la música suena en pos de sus faroles de cola...

 

Atravesaremos el Guadalquivir, Jordán de nuestro Nuevo Bautismo cada Domingo de Ramos. La Ciudad será como un niño, como un nazarenito de la Estrella… alguno –tan feliz dando caramelos- ni siquiera llegará a Sevilla, y se dormirá –entre deseo de globos y garrapiñadas- en los brazos de su madre, que con él hará la corta –pero recordada para siempre- primera Estación de Penitencia… Iremos a ver a La Estrella, la Virgen Guapa...

 

 

Por ver salir a la Estrella

van llegando hasta Triana

gentes de toda Sevilla

para mirarle a la Cara,

para remediar el Llanto

de esta Reina Coronada;

La de las Manos Perfectas

y las Penas más amargas.

 

Y Sevilla la recibe...

y de noche la Giralda

la observará detenida

por paredes reflejada

cuando ya por el Postigo

venga regalando Gracias.

Reina y Madre de la Estrella

las lágrimas se me escapan

cuando recuerdo tu paso

regresando hacia Triana.

Y quisiera estar allí

poder escuchar las marchas

entre el olor de azahar

que en la noche se derrama,

y poder besar la flor

que rebosa en cada jarra,

ver la saya y el tocado

y rendirme ante Tu Gracia

cuando vienes bajo Palio

por el Dolor Traspasada

recortada la silueta

por las luces encantadas

surgidas de blanca cera

en candeleros de plata

y en cirios de nazarenos

envueltos en blancas capas

que llenan de contraluces

a la noche sevillana.

Debajo del antifaz

una plegaria se escapa,

bajo las trabajaderas

una Salve de Triana

llegando de nuevo al barrio

y a la noche se le clavan

en los costados del arte

rejones de fría plata.

 

Los cuatro manigueteros

son ángeles que hacen guardia

al Resplandor de la Virgen,

que torna la noche clara.

Ya los niños se han dormido

pero su ilusión temprana

la trae consigo la Virgen

en forma de muchas llamas

que van alumbrando el paso,

ascua de luz soberana.

Portento de Dolorosa

estampa de filigrana,

eres Faro que nos guía

en la tempestad mundana.

 

Su paso llega a la Puerta

la última saeta salta,

poquito a poco va entrando

–como los cánones mandan-

la última del Domingo

ya Lunes de Madrugada.

¡ Virgen Guapa de la Estrella

concédenos Tú la Gracia!

que al pasar un año entero

podamos verte la Cara

cuando vayas a Sevilla

–Primavera ilusionada-

otro Domingo de Ramos

brillando más que la nácar.

 

Mas buscando a Cristo nos encontramos en San Lorenzo con la Soledad de María. La soledad es lo que queda cuando todo se ha perdido, cuando no se halla la respuesta. La Virgen Sola con sus cofrades, que tratan de remediar la Soledad de La que Sufrió al pie de la Cruz. Desde el recuerdo emocionado hacia Ramón Pineda Carmona, hacia Ella salta nuestro cantar, a manera de interrogante, evocando la visión que tuvimos de Su paso en una lejana Semana Santa:

¿Qué pena se devanaba

entre camelias dormidas?

¿cuál sería el interrogante

que en tristeza la sumía?

qué becqueriano momento

entre las luces que brillan

llegando del Aljarafe

por el Bajondillo arriba.

 

Los cristales de los cierros

aéreo fulgor desprendían

que llegaba a la Alameda

por ambiente que suspira

porque llegue la Señora

que entre Soledad transita.

 

Aquella lejana tarde

de un Sábado de Sevilla

llegó Su Paso dorado

que de la Plaza salía

entre incienso y entre gente

que entristecidos venían

al hilo de Su Dolor,

y es que todo allí sufría

en el silencio del barrio,

por sus lágrimas heridas.

 

 

La Cruz y las Escaleras

avanzaron suspendidas

y yo juro que escuché

el trinar de golondrinas

que llevaban en sus picos

las puntas de las espinas

de la Corona de Cristo,

que la Señora traía

en Sus Manos Temblorosas

de Madre tan Afligida.

 

¿Qué pena se devanaba?

que el mismo Cielo quería

bajar hasta San Lorenzo

aquella tarde tristísima,

más nadie supo decirle

ni una palabra de vida

ni Su Pena consolar

mientras Su Paso seguía

por calle Conde Barajas

para atravesar Sevilla...

Solos nos quedamos todos

y la Soledad se iba

con Su Pena devanada

entre camelias dormidas.

Cristo es la Razón y la Esencia de la Semana Santa. Se hizo igual a nosotros para Padecer y redimirnos del Pecado. En los barrios se vive la dimensión humana de Cristo; allí donde Sacerdotes y cofrades trabajan codo con codo para llevar la Felicidad al hombre. Barrio y cofradía son inseparables. Cada barrio tiene su Cristo y su Virgen, a quienes implorar Protección. Allí está la fuerza de la Iglesia. Ésa que viene cada Martes Santo desde el Cerro del Águila, con una cofradía que se ha ganado un sitio por méritos propios en la Semana Santa de Sevilla, por su compostura y buen gusto.

 

Barrios benditos, fundidos con sus cofradías, claro ejemplo de las cuales es la de San Gonzalo, atenta siempre a las demandas de su entorno parroquial...

 

Caerá la tarde. Entre dos luces sonará por Las Dueñas la campanilla del Muñidor avisando que viene Nuestro Padre Jesús Descendido de la Cruz en el Misterio de Su Sagrada Mortaja. La callada Espadaña del Convento de La Paz y la redonda Luna anuncian la noche.

En la noche encontramos otra dimensión de la Semana Santa. Trascendentales instantes... ver pasar al Cristo de Burgos por las singularidades de la Alcaicería de La Loza , sustentado sobre policromados relieves tallados y hasta diríanse horadados en pétrea caoba; oír en la calle Francos el rachear de las alpargatas de los costaleros del portentoso Cristo del Amor y las marchas que suenan tras el monumental paso de la Virgen del Socorro; recrear el alma ante la cofradía de las Penas de San Vicente entre los sevillanísimos naranjos de la calle Cardenal Cisneros y allí meditar –entre los sones de la música de Capilla- que Nuestro Padre Jesús de las Penas Cayó al suelo para demostrar al hombre que Él está con los que no son capaces de levantarse; o buscar a la cofradía del Baratillo ante las murallas del Alcázar, impresionándonos su mensaje de Caridad, Piedad y Misericordia, bases fundamentales para combatir la Soledad humana. Noche para admirar en la calle Zaragoza la crestería del palio de la Virgen de Montserrat, una de las cosas más excepcionales que pueden verse en la Semana Santa de Sevilla. Para ir al encuentro de la cofradía de San Roque, intensísima bajo la Luna en las calles Imperial, Calería y Juan de La Encina, asombrando a todos el canasto del paso del Señor de Las Penas y el sonido de las bambalinas del palio de la Virgen de Gracia y Esperanza. Noche en los Jardines de Murillo, donde –acompañada por cofrades de honda devoción- la Virgen que tiene nombre de Luz –La Candelaria- llevará la claridad a nuestra existencia tantas veces sombría. Noche en que la calle Castelar es testigo del alba ante el crujir impresionante de la caoba del paso del Cristo del Calvario, mientras nos parece oír aquella saeta que le cantaban desde el suelo y el alma se conmueve:

Te veo en el Calvario, calumniado

injuriado por todos y ofendido

maltratado y hasta incomprendido

triste y solo en la Cruz, abandonado.

 

Pero yo sé que Tú, Crucificado,

desde el momento del postrer latido

Eres Fuente de Amor siempre vivido

con cariño a nosotros derramado.

 

Pienso, Cristo, en Tu Pueblo; que te quiere,

que de Tus Manos algo siempre espera...

que si no estás con él, hasta se muere.

 

Pienso en fin, en Tu Vida Verdadera

en Tu Frente, en la Espina que te hiere,

Rey Eterno de nuestra Primavera.

 

Cada amanecer de Viernes Santo, oramos en la misma calle Castelar oyendo las primeras golondrinas mientras la Virgen de la Presentación se aleja llevando tras de sí sus penitentes, en uno de los más bellos instantes que pueda ofrecernos la vida.

 

La noche depara el triunfal regreso de la guapísima Virgen de Guadalupe, ante la que sentimos en nosotros las palabras que dijo la Señora en México al Santo Indio Juan Diego: "Yo soy Tu Madre, y Quiero Tu Felicidad".

 

Noche para ir al encuentro de la personalísima cofradía de La O, ya exhaustos, apagada la calle Castilla, con la Luna tras Jesús Nazareno – el primer Cristo Trianero que fue a la Catedral, entonces por la vieja Puente de Barcas- y extasiarnos ante la luz de la candelería de la Virgen. En ese momento mágico, cuando comprobamos la maestría de su capataz y la miramos a Ella, le damos gracias por permitirnos llegar hasta allí un año más.¡Cómo se sienten entonces alegres y consolados nuestros corazones ante La Virgen de La O!. En nuestra mente el reflexionar acerca de la importancia y profundidad de nuestra Semana Santa, y de la ilusión que ponemos en vivirla plenamente, al igual que hicieron nuestros mayores, que nos enseñaron la Fe en Jesucristo… La Fe que está y reside en el Pueblo, que es Pueblo de Dios en Camino, atravesando en estos días santos la no sin fundamento denominada Jerusalén de Occidente.

LA FE CRISTIANA, FUERZA IMPULSORA DE LA SEMANA SANTA DE SEVILLA

La Fe es un don de Dios. Es la alegría de ser cristiano. Es lo que alentó el esfuerzo de grandes cofrades que nos enseñaron que el espíritu de servicio es la razón primera por la que estar en las cofradías, en la Iglesia y en la sociedad. Inolvidables personas a las que debemos agradecimiento perpetuo.

 

La Fe cristiana es la Fuerza Impulsora de la Semana Santa de Sevilla. En la Fe está el Amor a Dios a través de nuestras Sagradas Imágenes, que llevan en sus manos y en sus pies el beso de tantos sevillanos que están ya en el Cielo... Únicamente la Fe pudo hacer posible que Juan Martínez Montañés regalara al Orbe la imponente escultura de Nuestro Padre Jesús de la Pasión, manifestación física de la perfección misma, ante la que tantas veces oró la egregia persona de Doña María de las Mercedes de Borbón y Orleáns, que tanto amó siempre a este trozo de la Tierra.

 

Años de Historia significan años de Fe. Gracias a la Fe se cumple un siglo de la aprobación de las primeras Reglas de la Hermandad de Santa Cruz, cuya Estación de Penitencia de este año tendrá sin duda especial vivencia en el itinerario mágico donde es imponente rezar al Cristo de las Misericordias. Un siglo también del estreno del paso que sirve a la sobriedad, el clasicismo y la perfección del fabuloso Misterio de la Quinta Angustia, cofradía que es modelo en el buen hacer y ejemplo en la calle, moviendo siempre a una gran edificación e invitándonos al examen de conciencia.

 

La Fe nos lleva a buscar al amigo nazareno –casi hermano nuestro- en la noche estrellada del señorial barrio de San Vicente y a compartir con él cansancio, oración y vivencia ante el romántico paso del Cristo de las Siete Palabras, plenísimos de azahar los naranjos de la secreta Plaza de Doña Teresa Enríquez, que cada Miércoles Santo quisieran ver la Salida de la cofradía:

 

 

La flor del azahar derrama esencia

al barrio que Te espera tan ferviente

ansía el corazón tener presente

el incienso que anuncia Tu Presencia.

Cómo desgrana el capataz su Ciencia

dominando a la Puerta en San Vicente

unido y congregado te presiente

el pueblo todo afirmando su creencia.

De blanco y carmesí una gran Historia

precediendo al Misterio que afamado

nos lleva a la niñez en la memoria.

Sin igual candelabros y dorado.

Siete Palabras Salvación y Gloria

en Tu Calvario siempre recordado.

 

Los caminos de Dios son invisibles a sus criaturas. El Señor llama a cada uno a su cofradía. En la Fe está la razón que nos induce a hacernos cofrades y a vestirnos de nazareno. Así , cada Martes Santo volvemos a dar gracias a Nuestro Padre Jesús Ante Anás por regalarnos estar cerca de Él. Silencio en la Plaza de San Lorenzo. Suena la Marcha Real. En el pebetero del paso se consume el incienso, ofrenda a Dios. Nubes bíblicas de incienso de la antigüedad... incienso de las caravanas de los Libros Sagrados, que invitan a la oración... El aroma y el humo confieren espiritualidad y hondo significado a la visión del Misterio... Cara al Tribunal, prevalece la Mirada Valiente de Jesús... El Hombre ante el hombre, defendiendo la Verdad, enhiesto y recto como un metal que nunca se dobla, ni fatiga ni falla. Jesús Ante Anás, sin más nombre que el del Salvador del Mundo; Cristo, Ayer, Hoy y Siempre. Al salir el paso, San Lorenzo Mártir, desde el frontispicio de la Parroquia, mira cara a cara al Señor. Jesús ante el que fue uno de sus mejores soldados en la Tierra.

 

Tras discurrir la Plaza, el paso avanza grandioso en el corazón del barrio, entre las dificultades de Cardenal Spínola. Rezamos sus cofrades bajo el antifaz. Meditamos el origen de la cofradía, consistente en Amparar y Socorrer a las Niñas Huérfanas. No se nos va el Señor de la mente. El Misterio de la Bofetá es la voz de nuestra conciencia. Cuántas veces el hombre amarra las manos al hombre y lo golpea, sin darle siquiera una oportunidad de expresarse, con la anuencia de los falsos acusadores, ante el influyente Anás de cada día, diciendo desde la soberbia "¿así respondes al Pontífice?". Jesús Ante Anás es la mayor demostración contra la violencia.

 

Regresará a la Parroquia el Cuerpo de blancos nazarenos con la Cruz Trinitaria, que parece especialmente concebido para encajar en el contexto de la noche primaveral, como brotado del pincel de García Ramos, Hohenleiter o Bacarisas. Y será llegado el momento de esperarla...

 

La noche sevillana halla en Ti su más especial expresión. Madre Nuestra ¿será posible tanta maravilla? ¿será posible el Color Moreno de Tu Cara al entrar tu formidable paso de palio?. Será el momento de mirarte... será el momento de contemplar esos Ojos que embrujan, que se agrandan en la calle, que miran con maternal comprensión... Habrá merecido la pena ir lejos de Ti en la Estación de Penitencia para haber esperado simplemente el instante en que la luz de la cera gastada en la candelería ilumina Tu Rostro incomparable... ¡entonces Tus Ojos parecen tener vida!... Reina del Dulce Nombre...¡qué Guapa Eres!... merece la pena vivir para esperar que entres en San Lorenzo. Quien la vio en esos momentos sensacionales ya la recordará siempre, sabiéndose desde entonces bajo la Protección de Su Manto...

 

Sus cofrades volveremos a casa, avanzada ya la noche, deseosos de verla al día siguiente, con la Cara aún más Morena y las velas aún más agotadas; más este nazareno enamorado siempre evocará aquella vez en que un Miércoles de Pasión, llegando la Semana Santa, vivió la dicha increíble de entrar en San Lorenzo y encontrarse totalmente solo ante Ella, Testimonio Sublime de la Fe de Antonio Castillo Lastrucci...

 

Qué Sola estaba la Virgen

esa tarde en San Lorenzo...

la Virgen estaba Sola

y yo le tiraba besos,

estaba sola la luz

que inundaba los adentros,

sólo el hierro de las rejas

y los óleos en el lienzo

sólo se escuchaban trinos

de gorrión, y jaleo

de chiquillos en la Plaza

más grande del Universo.

 

 

Sola estaba Su Mirada

solo Su Color Moreno;

Sola estaba con San Juan,

conmigo y con mis anhelos.

Solo Su Manto bordado

sus hilos y terciopelo

el palio juanmanuelino,

los borlones y sus flecos.

Estaba sola la cera

y solos los candeleros,

los candelabros de cola

y sus codales enteros.

 

 

Un Miércoles de Pasión

no había nada en San Lorenzo...

ni tan siquiera piropos

ni azahar, ni nazarenos

ni gente arremolinada

ni sudor de costalero,

ni pequeños monaguillos,

ni ciriales, ni el incienso,

ni pobres ni personajes

ni razón ni entendimiento,

ni latir de corazón

ni voces, ni pensamientos,

ni llamas de cirios blancos

ni los rumores del viento,

ni promesas ofrecidas,

ni encendidos juramentos;

ni música que tocara,

ni tan siquiera su eco,

no había claveles rosas

para en las jarras ponerlos,

ni la voz del capataz,

ni compás de saetero

ni gente en la Sacristía

ni cuatro manigueteros

para escoltar Su Presencia

ante los respiraderos.

 

 

De Hernán Cortés a la Plaza

todo era un sumidero

que recogía el sonido,

tornando todo en silencio.

Estaban solas las naves

y solitario el crucero,

solos solos los altares,

y los mármoles del suelo;

oscuro quedaba el coro

y mudo el órgano viejo.

Allí sólo estaba Ella

con mi prosa y con mi verso

que brotó del corazón,

y cuando hoy lo recuerdo

siento como en la garganta

un nudo se hace mi verbo

cuando pienso en aquel día

imborrable en San Lorenzo...

 

¡Solo con Su Dulce Nombre,

creí que estaba en el Cielo!

La Semana Santa es la expresión de la Fe cristiana del pueblo de Sevilla. La Fe hace surgir artes que enriquecen el Patrimonio de esta Ciudad. Nos acordaremos del gran Manuel Guzmán Bejarano al contemplar la talla del paso del Cristo de las Almas en su callado, profundo y ascético recorrido. El arte de vestir imágenes –siempre sentido en maestros inolvidables como Paco Morillo y Fernando Morillo- se hace delicadeza en las manos que visten a la Soledad de San Buenaventura. La imaginería alcanzó altas cotas con Luis Ortega Brú, que entregó el amor de su sangre esculpiendo al Santísimo Cristo de la Caridad en Su Traslado al Sepulcro, eje fundamental del espléndido Misterio de la Cofradía de Santa Marta. La música, que tanta Fe atesora en quienes ensayan hasta pasando frío, nos hará recordar especialmente este año acompañando a la Virgen de las Aguas el cincuentenario de Su fantástica Marcha, una de las grandes composiciones de la Semana Santa de Sevilla, interpretada tantas veces años atrás por la Banda del Regimiento de Infantería Soria nº 9, que nos hizo soñar tras el Manto de la Señora por la antigua calle de Armas, haciéndonos decir que no hay nada más sevillano que un paso de palio yéndose, visto desde atrás. Horas altas de la noche del Lunes Santo ante la cofradía del Museo, en que será obligado agradecer la enamorada entrega de ese gran cofrade que fue Filiberto Mira.

 

Quienes tienen el difícil arte de encender nos harán siempre revivir la capacidad y experiencia de Antonio Santizo, de Manolo El Labio o de Alberto Gómez. La Fe se desborda en floristas, orfebres, plateros, doradores –siempre viva la memoria del maestro Curro-, bordadores –Esperanza Elena Caro siempre en el recuerdo-, esparteros, restauradores y cereros; teniendo éstos el privilegio de fabricar los cirios en distintos colores -expresión de matices de la Pasión de Cristo- que portarán los nazarenos de Sevilla como permanente ofrenda desde la Fe a las Sagradas Imágenes de su particular devoción. Mas si queremos admirar la conjunción de las artes será obligado ir a buscar los pasos de la cofradía de la Exaltación, que atesora uno de los mejores Misterios de Sevilla, y cuyo paso de palio nos quedaremos mirando fijamente, llenándose nuestros corazones de agradecimiento a la desinteresada entrega de Ricardo Comas Facundo en bien de sus hermanos:

 

Lágrimas tengo en mi alma dolorida

rendido ante el candor de tu fragancia

Tú derramas el Gozo en abundancia

a quien busca lo cures de su herida.

 

Gerona: brillo, Sol, atardecida...

servir a la ternura, ser sustancia

caminar sin que importe la distancia

costal, trofeo de amor, la frente henchida.

 

Tu Manto colosal Sevilla entera

contempla cuando vuelves cada esquina

y cae sobre cristal la blanca cera.

 

Cuánto amar en la vara y la bocina

morado el antifaz, ¡vaya solera

con la Reina de Santa Catalina!

 

La Semana Santa de Sevilla existe, primero por que Dios quiere, y segundo gracias a la Fe cristiana de tantos hermanos anónimos que dejaron este mundo habiendo contribuido con su generoso esfuerzo al diario engrandecimiento de las cofradías.

 

Las Hermandades son las mismas que siglos atrás en fines e ideas, pero adaptadas en la Fe al tiempo histórico que les toque vivir, manteniendo siempre la fidelidad al Papa.

 

El encanto y la personalidad de la Virgen de la Encarnación, el barroquismo del Cristo de la Sangre y el monumental Misterio de la Sagrada Presentación de Jesús Al Pueblo nos hablan del acertado peregrinar en la Fe de los cofrades de la Hermandad de San Benito, cuyas primeras Reglas fueron aprobadas por el cardenal D. Fernando de Valdés hace cuatrocientos cincuenta años.

 

En el siglo XIX -de duras pruebas para las Hermandades-, la Fe impulsó a José Bermejo y Carballo y a Félix González de León, cofrades de hondas creencias, a escribir sendas historias de las cofradías, que han llegado a nuestros tiempos como auténticos tesoros.

 

Al divisar en la lejanía el soberbio paso de Cristo de la Hermandad de Los Panaderos, ante la Bondad que destila infinitamente la Imagen de Nuestro Padre Jesús del Soberano Poder en Su Prendimiento, comprenderemos que en Getsemaní se manifiesta la Encarnación del Hijo de Dios. Cuando el imponente paso de Misterio se acerque a nosotros sentiremos que estamos allí gracias al tremendo valor de proclamar la Fe que tuvieron los cofrades a quienes tocó superar difíciles avatares de la Historia, aquellos en quienes vemos consumados los Objetivos del Jubileo que marcó la entrada al Tercer Milenio: el Fortalecimiento de la Fe y el Testimonio de los cristianos.

 

EL TESTIMONIO DE LA FE

La Fe en Jesucristo es, ante todo, manantial inextinguible de solidaridad y es aquello por lo que las cofradías llevan a cabo su misión evangelizadora, porque la Iglesia tiene como razón primera la Evangelización. La solidaridad no es un concepto del mundo moderno; Cristo nos lo enseñó hace dos mil años. Hemos de considerar -como dice el Concilio Vaticano II- "la noble obligación de trabajar para que el mensaje divino de la Salvación sea conocido y aceptado por todos los hombres de la Tierra". Tenemos que apagar la Sed del hombre. Cristo también tuvo Sed, como la tuvieron unos sevillanos en el barrio de Nervión que fundaron una ejemplar cofradía que –desde el recuerdo a la fecunda labor de Don Fernando Isorna- conmemora los veinticinco años de su primera Estación de Penitencia a la Santa, Metropolitana y Patriarcal, y cuyo paso de Cristo supone una de las principales aportaciones que se han hecho modernamente a la Semana Santa de Sevilla.

 

El hombre debe ser hombre de su época. No puede volver la espalda a la realidad del mundo. Es imprescindible dar testimonio de la Fe cristiana, llevando la Esperanza a los que sufren tantos problemas de la humanidad: paro, droga, enfermedad, marginación, incomprensión, hambre... Hay que dar ejemplo a los jóvenes, semilla del futuro. Teniendo como modelo la oración de tantos Conventos de Clausura a los que tanto debe Sevilla, en la noche del Sábado Santo dirigiremos nuestras oraciones con universalidad a la Perfección Sublime de la Esperanza Trinitaria. Nos habremos situado con tiempo para verla llegar triunfalmente en la calle Sol.

 

Cuando nos hallemos ante la Virgen de la Paz... Única... con ese clasicismo, esa serena elegancia y ese estilo tan cautivador del paso de palio todo blancura y personalidad; en las preciosas calles del barrio del Porvenir rezaremos por la Paz del mundo, para que el hombre sea capaz de dialogar antes de llegar a la guerra y para que cese el terrorismo, que no siente respeto ni por la libertad del hombre ni por sus creencias. Rezaremos para que cese esta plaga y para que entren en razón quienes con su apoyo o con su ambigüedad alientan en cualquier parte del mundo sucesos execrables, como fueron los del pasado día once. Sus responsables deberán responder ante el Altísimo por las muertes de tantos pobrecitos inocentes. Nunca se puede atentar contra la vida, y menos en nombre de Dios, porque Dios es Amor. ¡Que la Justicia Divina caiga implacable sobre los enemigos de la Paz, de la convivencia y de la vida!

 

Pero este pueblo bendito había de tener algo más para expresar sus oraciones, y por eso surgió la saeta, cante indefinible que nos hace vibrar y soñar en tantos rincones de la Sevilla íntima, que expresa la hondura de la Fe desde la profunda inspiración; esa que tuvieron Vallejo, Centeno, Manuel Torre, Naranjito de Triana, La Niña de la Alfalfa, Trini Villa, Pepe Valencia o Antonio Mairena. Saetas para cantar la Hermosura indefinible de la Virgen del Valle, ante una originalísima disposición de la candelería y un excelso exorno floral que únicamente podrían ser pensados para Ella; para la Curvatura Inconmensurable de Su Llanto, que es como una cascada… para Ella, que cada vez que pasó ante nosotros en la calle, hizo que todo nos fuera ajeno entre varales, y que sólo fuéramos capaces de fijarnos en Su Cara, y en la luz que a la vez que reflejaba, suya hacía… Su Cara, dueña de nosotros y nuestras almas, nuestras pasiones, oración y sentimientos, grabándose para siempre en la mente aquel encuentro en aquella esquina inolvidable; en la mente y hasta en nuestra forma de ser, porque todo cambió en nosotros cuando cruzamos nuestra mirada con la dirección de la Suya perdida… ¡Qué Señorío el de la Virgen del Valle!.

 

Mas nuestras oraciones no han de excluir a quienes desempeñan cualquier función en el campo laboral. Estamos en la sociedad que se llama a sí misma "de las nuevas tecnologías". Recemos para que el hombre recuerde que Dios las puso a su alcance para que estén a su servicio, y no el hombre al servicio de las mismas. Pidamos al Padre Celestial que todo aquel que desarrolle su labor lo haga en condiciones tales que eviten el que haya pérdida de vidas humanas. Oremos sin olvidar el lamento de nuestros hermanos que claman respeto a su puesto de trabajo. En estos tiempos tan especiales para la Hermandad, iremos con más ilusión que nunca hasta la Fábrica de Tabacos, a orar ante la Virgen Dulce y Guapísima, gozo eterno para el alma. Y rogaremos encarecidamente cuidado infinito a aquellos que La pasean en una Sevilla inigualable y espléndida.

 

Mira cómo trae los Ojos

mira cómo trae la Cara

no la he visto más bonita...

ni el Sol cuando sale al alba

ni la Luna por la noche

cuando parece de plata

ni los reflejos del Río

a mediodía en Triana.

La tarde del Jueves Santo

tiene en Sus Ojos la Gracia.

 

Tras el Pendón de Castilla

viene la Belleza Clara

qué amor en sus costaleros

y qué tristeza en las ramas

florecidas de azahar

y a Su Pasar desmayadas.

 

 

Qué belleza, imaginero

qué bien te salió, qué Guapa

¿dónde bebiste, escultor?

¿en qué fuentes, de qué agua?

bien que saciaste tu sed

de inspiración honda y clara:

Victoria tan Dolorosa

pero Victoria tan Guapa...

 

 

Cien años ya, Madre mía

cien años de que jurara

ante Tu Augusta Presencia

las Reglas el Rey de España.

El que presidió dos veces

Tu Esplendor que lo llamaba.

 

 

Aquel Rey que en Primavera

hasta Sevilla bajaba.

Aquel que fuera feliz

tan cerca de lo que amaba;

aquel que pasó revista

a los Armaos en Su Alcázar,

el que concedió la Venia

en los Palcos de la Plaza,

aquel que oyó a Rafael,

cuando a caballo tocaba

el clarín de Artillería

mientras Sevilla soñaba

y lo mandara llamar

para ascenderlo a Brigada.

 

 

Cuando el Rey Alfonso XIII

recordaba en la distancia

toda la Felicidad

que atrás se quedó en la Patria,

acaso Virgen María

acaso, Madre, soñara

ser Jueves Santo en Sevilla

y que él te acompañaba.

Y seguro que Tus Ojos

en la Roma tan lejana

le animarían a vivir,

seguro que Tu Mirada

fue consuelo para él

cuando su vida cansada

se apagó en la lejanía

acordándose de España.

 

No olvidas a quien te quiere

en Tu Pureza Sin Mancha...

 

Este año Tu Hermosura

sé que lleva Pena amarga.

Cuánto sufres por sus hijos,

esos que Justicia claman ,

protégelos, Virgen Reina,

bajo Tu Manto que Salva.

Sufres Tú por su trabajo

por la Paz en cada casa,

por el calor del hogar

por la alegría diaria.

 

¡No llores Tú, Madre Buena

la de la Cara más Guapa

la de los Ojos más tristes

esos Ojos que derraman

esencia de flores nuevas,

-la más Honrada y más Santa-

no llores tú Cigarrera

que nos destrozas el alma!

Testimoniar nuestra Fe supone entusiasmar al hombre de principios del siglo XXI con un mensaje de Fe y Cultura que debe suponer tracción suficiente para hacer salir al mundo de todos los subdesarrollos. Un mensaje con altura de miras, que tenga en cuenta la dignidad humana. El ímpetu para conseguirlo hemos de buscarlo cuantos integramos la cofradía de la Universidad –bajo la ayuda inestimable de la Virgen de la Angustia e imitando el testimonio de Juan Moya García y Salvador Diánez Leal- en el Cristo de la Buena Muerte, cuyo tránsito por nuestras calles es Tesoro del Pueblo, Inspiración para el Sentimiento, Recuerdo inextinguible, Olor de Santidad, Faro de Luz; Raíz, Tronco y Árbol del Paraíso de la Fe y Música callada que brota en el alma y que hay que escuchar con el alma, mientras todo es Primavera en torno a Él en tarde de Martes Santo, bajo celestial y dorada pirámide de luz; momento solar en el que cabrá preguntarse ante la perfección de Su Cuerpo:

 

¿Quién encargó al escultor?

¿Quién le diría que lo hiciese?

¿De qué bosque sacarían

la madera para hacerte?

¿y qué pájaros cantaban

en aquel árbol –aún verde-

que ni siquiera sabía

que serviría a las gentes

para mirar al Señor

y al Misterio de Su Muerte?