EL NAZARENO

El Pregon.

Pregon de la Semana Santa de Sevilla del año 2004. Pronunciado por D. Rafael De Gabriel Garcia en el Teatro de la Maestranza de Sevilla, el dia 28 de Marzo.

Fuente: Consejo De Cofradias de Sevilla -Web Oficial-

Eminentísimo y Reverendísimo Sr Cardenal de Sevilla

Excelentísimo Sr Alcalde

 

Ilustrísimo Sr Presidente y Junta Superior del Consejo General de Hermandades y Cofradías

 

Excelentísimas e Ilustrísimas Autoridades

 

Cofrades de Sevilla

 

Señoras y Señores:

SANTA ÁNGELA DE LA CRUZ

El 4 de Mayo de 2003 quedará grabado para siempre con letras de oro en los Anales de la Muy Noble, Muy Leal, Muy Heroica, Invicta y Mariana Ciudad de Sevilla. Su Santidad El Papa Juan Pablo II canonizaba a Sor Ángela de la Cruz, a quien había beatificado aquella histórica mañana del 5 de Noviembre de 1982. Tras ser proclamada solemnemente Santa, volvía a salir a las calles de la Ciudad que tanto amó, a la que tanto socorrió, a la que tanto bien siguen haciendo las Hermanas de La Cruz. Grande privilegio tuvimos. Entre el silencio y oración del Pueblo y los cánticos limpios de las monjas, Santa Ángela de la Cruz nos dio a todos nueva Fuerza para la misión que Dios nos tiene encomendada. Imborrable para siempre quedará el recuerdo de las calles entre pétalos de flores, de la incesante visita de tantos miles de personas a la Catedral durante los días del Triduo de Acción de Gracias; de los Encuentros de Niños, Jóvenes, Religiosos y Religiosas con la nueva Santa, del Homenaje de las Hermandades y Cofradías, del Solemnísimo Pontifical y del Baile de los Seises ante Su Cuerpo Incorrupto.

 

Fue el regalo del Santo Padre a la Ciudad que visitó, a la que tanto ama. El Papa que oró ante la Virgen de los Reyes, que rezó en la Giralda, que nos habló desde el balcón del Palacio Arzobispal, que conmueve al mundo desde su esfuerzo alzando la Sagrada Forma. Trabajador incansable, uno de los hombres más importantes de la Historia. El Papa en la Cruz de Cristo.

 

Días después, la Virgen de la Amargura fue a visitar a Madre Angelita:

 

Al Convento te llevaron

por que estuvieras con Ella,

con la Madre de los Pobres

y de los que nada esperan.

 

Santa Ángela te dijo

cuando te tuvo a su vera:

-Cómo me acuerdo Amargura

de cuando vivía en la Tierra...

Cada vez que te buscaba

Tú me mandabas la fuerza

cuando en San Juan de la Palma

rezaba con Fe sincera.

 

- Satisfecha Estoy, Sor Ángela

porque está siempre Tu Puerta

abierta para el que pide

el socorro, la asistencia,

la ternura y el afecto,

el consuelo y la paciencia.

Está contento mi Hijo

que Te quiere siempre cerca,

por eso tu Santidad,

porque estás siempre dispuesta

para llegar con tus Hijas

a acabar con la miseria,

a donde falte el amor,

donde los otros no llegan.

 

Y todo en silencio estaba.

Sólo dialogaban Ellas:

 

-Déjame venir Señora

para alegrar la tristeza.

-No te preocupes Sor Ángela

que te ayudaré de veras.

Yo me vestiré de monja,

Yo contigo puerta a puerta...

Visitaremos al pobre

y al enfermo en sus flaquezas.

-¿Y cómo que tú, Señora

Niña de la calle Feria

quieres venirte conmigo

a remediar tanta pena?

-Yo Soy la Madre de Cristo,

la Madre de Gracia Llena.

Yo soy la Madre de todos

los que sufren en la Tierra

y quiero que tu me lleves

a Mis hijos que me sueñan.

 

La Amargura descendió

de las andas que trajera

y la Virgen la miraba

a Sor Ángela despierta

y Madre se levantó

de la cama en que se acuesta,

besó la mano a la Virgen

y se inclinó ante la Reina.

-Hágase tu voluntad, Señora

en mi humildad y obediencia

y se haga como digas

por espantar la pobreza.

 

Era el aire de Sevilla

el testigo de la escena

y lo contó a Giralda

y lo contó a las estrellas

porque lo supiera Dios

que en estas cosas se alegra.

 

-¿Cuándo volverás, Señora?

-Espérame en Primavera,

Yo visitaré tu Casa

con San Juan que me consuela.

Llegarán mis nazarenos

con cirios de blanca cera

Yo vendré entre los bordados

que hizo Rodríguez Ojeda,

y Traeré la Corona

que Sevilla Me impusiera

hace ya cincuenta años
para proclamarme Reina.

-Yo te esperaré Amargura

a que llegues a mi puerta.

Será el más grande pasar

que en los tiempos se recuerda

y yo estaré en el zaguán

para rezarte de cerca

con mis Hijas que te adoran,

con tantas novicias buenas.

Y es que en mi Casa, Señora...

¡Tú siempre serás la Reina!

AL CARDENAL DE SEVILLA

Y fue Nuestro Señor servido, Eminencia, de que ya en la Beatificación de Sor Ángela estuvieseis Vos en Sevilla, porque Dios os trajo para que fueseis el principal motor de la Canonización.

 

Eminencia, por un día en la vida, la voz del Pregonero es la voz del Pueblo de Sevilla, que os vuelve a felicitar por vuestra merecida Púrpura, que renueva hoy su testimonio de adhesión inquebrantable a Vuestra Persona, y que con cariño filial os dice que las cofradías de Sevilla siempre estarán a Vuestro lado, trabajando juntos por el Reino de Dios.

AGRADECIMIENTO

Eterna gratitud al Ilustrísimo Sr Presidente y a la Junta Superior del Consejo General de Hermandades y Cofradías, por haber confiado en mi persona designándome Pregonero de la Semana Santa.

 

Mi agradecimiento al Ilustrísimo Sr Teniente de Alcalde, Concejal Delegado de Fiestas Mayores del Excelentísimo Ayuntamiento, por sus distinguidas palabras de Presentación.

 

Gracias a tantas buenas personas por sus oraciones, por tantas muestras de afecto y ánimo. Al Pueblo anónimo que paró en la calle a su Pregonero para hablar con él. Y a los Medios de Comunicación, que tan magnífico trabajo desarrollan llevando la Semana Santa a los enfermos, a los impedidos y a quienes están lejos de la Ciudad amada.

 

Que el Señor pague a todos esa ilusión, que hoy nos convoca.

 

LLEGA LA SEMANA SANTA

¿Y qué es la ilusión?... la ilusión es lo que brilla en los ojos de un niño que pasea de la mano de sus padres por el Parque de María Luisa... lo que lleva el repicar de las campanas de la Giralda, hermosa siempre la Torre de la Felicidad... lo que nos inunda al saber que el Domingo que viene –si Dios quiere- será Domingo de Ramos...

¿Qué es la ilusión?, que aúna la Ciudad en estos días de espera entusiasmada que nos hacen retornar de nuevo a la niñez... Ahora somos tal como somos auténticamente, como si renovásemos nuestra Protestación de Fe en Dios y en Sevilla.

 

La Primavera está aquí, y con ella la llamada Divina que nos hace comprender que la vida toda es milagro. El aire y la luz que inspiraron a Velázquez se amalgaman y complementan en torno a la Cruz de la Cerrajería… El recuerdo de la claridad y del azul del cielo en una mañana deslumbrante de nuestra Primavera puede durar años... luz espléndida en la Plaza de España o en lugares escondidos de la Judería; luz magnífica que nos hace pensar tantas veces que nuestras calles están hechas para que el sol las inunde y para que anden por ella los pasos y los nazarenos.

 

Cada atardecer es prodigioso, cuando los naranjos en flor perfuman las plazas donde juegan los chiquillos, que las llenan de alegría con sus voces inocentes. La vida suena en las calles. Y resplandece en los Jardines del Alcázar, imperio del jazmín, del agua y del arrayán...

 

Sevilla... hermosa eres... y qué bien suena tu nombre... música parece en el habla de tus hijos... ¡Oh, Sevilla!, impresionas en la magnitud gigantesca de Tu Catedral sin parangón, en tus Iglesias sin igual, en tus torres, palacios y casas notables, en la armonía de tus patios, en tus Corrales de Vecinos que cada día vencen al tiempo. Ciudad soñada. Ciudad anhelada, Regalo de Dios, Ciudad del Alma y de la Vida.

 

Campo de Mártires, Altar de las Santas Justa y Rufina. Enorme honra la tuya el que por ti comenzase la primera persecución de Nerón en España, Urbe insigne, por ser la que más públicamente confesabas a Cristo. Aquí floreció el Magisterio de San Leandro y de San Isidoro. Devuelta fuiste al cristianismo por nuestro Invicto Patrón San Fernando. Tus calles pisaron Santa Teresa de Jesús, Fray Luis de León, Catalina de Ribera, Miguel de Mañara, el Padre Tarín, el santo Cardenal Spínola, el Beato Manuel González y Sor Bárbara de Santo Domingo.

Nuestro espíritu se prepara en el sentido penitencial de la Cuaresma, y escuchamos la palabra de Dios evocando las predicaciones que hicieran en el Púlpito del Patio de los Naranjos de la Catedral San Vicente Ferrer, San Francisco de Borja, San Juan de Ávila, el Beato Fray Diego de Cádiz y el Venerable Fernando de Contreras. Ante la Puerta del Perdón meditamos que Jesús escogió la forma más humilde para morir. "Maldito el que cuelga de la Cruz", decían judíos y romanos; pero en esa humildad radica su fuerza. En la Cruz, Cristo hizo pasar al Mundo del Pecado a la Libertad. La Cruz va señalando el camino de nuestra Salvación. Es el símbolo esencial y central del cristianismo.

 

El Primer Viernes de Marzo, en la Casa de Pilatos tiene lugar la celebración del Santo Vía Crucis, que antiguamente discurría las Estaciones que allí se inician y que llegan al Humilladero o Templete de la Cruz del Campo, de tan honda trascendencia para nuestra Fe cristiana. Hasta la Cruz del Campo fueron igualmente nuestros antepasados, por la misma Vía Dolorosa que marcan los Caños de Carmona, llevando en rogativas la portentosa Imagen del Santo Crucifijo de San Agustín, a quien tanto debemos por el remedio a tantas calamidades y aflicciones:

 

 

Sevilla siempre a Ti acudió anhelante

por conseguir la Gracia perseguida

pidiendo en rogativa enardecida

a Tu Figura antigua y elegante.

 

Te vio de la epidemia Triunfante.

Derramando la lluvia tan pedida.

Por eso la Ciudad, agradecida,

a Ti te puso siempre por delante.

 

Oh, Santo Crucifijo venerado

en el viejo Convento de Agustinos

por un inmenso cariño rodeado.

 

Vuelve Tus Llagas a nosotros. Dinos

que aunque muchos te hayan olvidado

Tú sigues protegiendo sus destinos.

 

Las Vísperas de la Semana Mayor hacen afianzar el entusiasmo de los cofrades de Torreblanca, del Parque Alcosa, de Bellavista, del Carmen Doloroso y del Nazareno de la Corona.

LA CIUDAD, ESCENARIO DE LA PASIÓN, MUERTE Y RESURRECCIÓN DEL SEÑOR

Se decía siglos atrás que la mejor Fiesta que podía hacer Sevilla a sus Reyes era ofrecerles la solemnidad de una Semana Santa. En el esplendor de su Primavera, la Metrópoli fascinante –convertida en nueva Jerusalén- abrirá al mundo las viejas Puertas de sus muy centenarias Murallas, y a ella vendrán peregrinos desde todos los confines de la Tierra, seducidos por sus encantos, anhelantes de contemplar al joven Rabbí de Nazaret, Ése que nació en Belén en un Pesebre porque no hubo Posada, Ése que a los sordos hace oír, a los ciegos ver y a los mudos hablar, que sana a los enfermos y devuelve a los muertos la vida. Será Juzgado injustamente, condenado a Morir, pero al tercer día Resucitará. El Templo viejo de nuestro corazón será demolido, y vuelto a edificar por Él. En los Santos Lugares de Sevilla se volverá a vivir la Pasión, Muerte y Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo. Y el Pueblo de la vieja Híspalis será una vez más el pañuelo de la Virgen.

 

Este año –si Dios Quiere- tendremos la suerte de poder admirar la solemnísima Procesión del Santo Entierro Grande: Evangelio y Catequesis Viva, Cronología de la Pasión, Lección Teológica. Será momento de admirar nuevamente el magnífico paso de la Urna, tras el que nos preguntaremos si los Soldados Romanos que rinden honores al Cristo Yacente serán acaso de la Legión Primera, llamada también Socorredora, cuyos componentes eran casi todos de Itálica, entre ellos el Centurión San Cornelio, o si vendrán de la Legión Duodécima, denominada Lanza Rayos, cristianos sus soldados en tiempos del Emperador Marco Aurelio, y en la que fue Tribuno el hispalense creyente Sexto Julio.

 

La conmemoración del ciento cincuenta Aniversario de la Proclamación del Dogma de la Inmaculada Concepción supone para la cofradía del Silencio –y a través de ella para nuestra Ciudad- gloria inmensa, ya que –siendo Hermano Mayor Tomás Pérez- en Cabildo General celebrado el veintinueve de Septiembre de 1615, los cofrades –primeros en el mundo en realizarlo- hicieron voto y juramento de defender que la Santísima Virgen María fue Concebida Sin Pecado original, y acordaron construir y alzar una bandera con la inscripción "¿Quién como María Madre de Dios Concebida Sin Pecado?"... Trascendental significación este año en el Cirio y la Espada que reafirman el acuerdo de aquel histórico Cabildo.

 

Calle Cuna. Avanzan los ciriales. Justas las voces en el capataz. Suena el golpe seco del llamador y el paso se detiene. Gesto de sufrimiento por nosotros en Jesús Nazareno, abrazando la Cruz de Carey. Cómo nos duelen las Espinas de Su Corona. Silencio total. El Silencio. En el Silencio se oye mejor la voz de Dios. Quedará atónita el alma ante la contemplación de La que Es Virgen Inmaculada, La del palio que huele a azahar. Todo será breve, tan breve que hasta parecerá invertirse el tiempo y convertirse en eternidad. Cofradía ejemplar y modélica, desde la bicentenaria Cruz de Guía iluminada por morados cirios hasta la lámina, rescatada de otra época, del preste y su compaña.

 

El Jueves Santo, que reluce más que el Sol, Día del Amor Fraterno y en el que Cristo instituyó la Eucaristía, tendrá -por el Dogma- especial relieve este año para la antiquísima cofradía de Los Negritos, que regaló a Sevilla el orgullo de que dos cofrades de color –Pedro Francisco Moreno y Fernando de Molina- se vendieran como esclavos para poder costear así la Hermandad una Función a la Inmaculada. Gesto magnánimo, como no menos lo fue el del Caballero Veinticuatro Don Gonzalo Núñez de Sepúlveda, que enterado del particular los compró en doscientos ducados, dándoles instantáneamente la libertad.

 

Ver una cofradía en la calle es algo maravilloso que deseamos fervientemente tras cruzarnos el primer nazareno el Domingo de Ramos. Imaginad si no el momento en que vemos la primera Cruz de Guía bajo el Sol y rodeada por el pueblo, o el instante en que oímos por primera vez los tambores y las cornetas. Más de una vez se nos saltaron las lágrimas.

 

Cuando salga La Borriquita, el Señor de la Sagrada Entrada en Jerusalén, entre Palmas y Ramas de Olivo nos hará meditar Sus Palabras: "Quien no reciba el Reino de Dios como un niño no entrará en él".

 

A mediodía la Semana Santa tiene colores indescriptibles bajo el Sol. Brilla el blanco de la cal, que refleja la luz mientras rezamos a Jesús Despojado de Sus Vestiduras. Absortos quedamos cuando avanza majestuoso el Misterio del Beso de Judas con la espadaña de la Iglesia de Santiago como dosel, mientras viene al recuerdo la brillante personalidad eclesiástica de D. Eugenio Hernández Bastos. Momento inolvidable de la Semana Santa al mediodía es la Salida de San Esteban. Quien no vio la Salida de la Virgen de los Desamparados nunca podrá imaginar el esfuerzo titánico de los costaleros superando la ojiva que sucumbe ante el mandar del capataz ni la expresión en el rostro de quienes allí se congregan apretadamente desde mucho tiempo antes.

 

La Torre de San Marcos y el exquisito grupo escultórico que forman el Santísimo Cristo de la Providencia y Nuestra Señora de los Dolores, de la cofradía de Los Servitas, dejarán honda huella bajo el Sol en nuestro espíritu.

 

El Miércoles Santo iremos, a primerísima hora de la tarde, hasta el Barrio de San Bernardo, donde el aire se remansa y parece tomar cuerpo en forma de macetas dormidas rebosantes de flores, en humildes balcones que se asoman sobre las fachadas en calles donde se respira la intimidad y por donde cada año se forma un modelo insuperable de devoción con tantas mujeres tras el Cristo de la cofradía que empezó como empiezan las cosas más de verdad que pueden hacerse en este mundo, entre niños.

 

Cuando el Miércoles es luz,

en el cenit de la tarde,

cuando el sol está en lo alto

encumbrándose radiante

por calles de San Bernardo

hoy no está dormido el aire.

Que sale la cofradía,

que hoy es el día grande,

parece que todo ha vuelto

a ser como era antes

y las esencias toreras

de pronto resucitasen

porque en un rayo de sol

un paseíllo de ángeles

ha bajado al mediodía

y vuelan pegando pases.

Al aire dan molinetes

y a la brisa naturales

y en las calles se recrean

y se adornan dando lances.

 

La Puerta de la Parroquia

como un capote se abre

y surge la cofradía

de más duende y de más arte

que hubiera nunca en Sevilla,

por la Gracia de Dios Padre.

 

¡Qué revuelo en Gallinato,

y por calle Ancha, madre!

que el Cristo de la Salud

ya está pisando sus calles

mientras su Muerte Dormida

dialoga con el aire

bajo el azul y la luz

mientras la saeta arde.

 

Cuando pasa todo alegra

y detrás viene Su Madre,

que da Salud al que pide

y al que quiera Refugiarse.

 

El Cristo de San Bernardo

sube el Puente como nadie,

con andares costaleros

que a Sevilla pura saben

como el natural de frente

que pegó Manolo Vázquez

en una tarde de ensueño

y de despedida grande.

 

Yo te pido, Cristo mío

desde el verso que hoy me sale

que a Sevilla nunca olvides,

te pido que nos ampares

y te pido por el barrio

que en el cenit de la tarde

resucita las esencias

que perviven en su aire.

 

Olerá a incienso en las calles. El tiempo irá avanzando. Unas cofradías irán haciendo su recorrido penitencial e iremos encontrando nazarenos que van hacia sus Templos. Recorreremos la Ciudad, sus callejones -tantas veces solitarios- llenándolos de vida. Iremos de una parte a otra, sin descansar, buscando la cercanía de Cristo y de Su Bendita Madre. Habrá quien pase por calles que no haya pisado en todo el año. A veces no nos detendremos ni con el amigo... bastará una mirada para denotar el cansancio lleno de vivencia, y para entender que cada uno va a ver una cofradía por distinto sitio...

 

Y tras salir del callejón nos hallaremos en ese enclave único donde viviremos ese instante irrepetible, en ese recóndito rincón sevillanísimo. Ese momento que ya nunca olvidaremos...

 

Así, en la calle Real de la Carretería veremos el paso de Cristo de la Hermandad de las Tres Necesidades, que parece imposible salga cada año. El transcurrir silente y señorial de la cofradía de San Isidoro será razón de peso para volver a la calle Cuna. Honda reflexión mantendremos ante el Cristo de la Humildad y Paciencia entre los naranjos de la calle Doña María Coronel, donde buscaremos la Grandeza de La que es inconfundible, La que va en uno de los pasos de palio más geniales, con claveles rosas cada Semana Santa; esa Virgen del Subterráneo a la que rendiremos pleitesía viviendo de forma especial el Cincuentenario de la Proclamación de Su Realeza, mientras la música suena en pos de sus faroles de cola...

 

Atravesaremos el Guadalquivir, Jordán de nuestro Nuevo Bautismo cada Domingo de Ramos. La Ciudad será como un niño, como un nazarenito de la Estrella… alguno –tan feliz dando caramelos- ni siquiera llegará a Sevilla, y se dormirá –entre deseo de globos y garrapiñadas- en los brazos de su madre, que con él hará la corta –pero recordada para siempre- primera Estación de Penitencia… Iremos a ver a La Estrella, la Virgen Guapa...

 

 

Por ver salir a la Estrella

van llegando hasta Triana

gentes de toda Sevilla

para mirarle a la Cara,

para remediar el Llanto

de esta Reina Coronada;

La de las Manos Perfectas

y las Penas más amargas.

 

Y Sevilla la recibe...

y de noche la Giralda

la observará detenida

por paredes reflejada

cuando ya por el Postigo

venga regalando Gracias.

Reina y Madre de la Estrella

las lágrimas se me escapan

cuando recuerdo tu paso

regresando hacia Triana.

Y quisiera estar allí

poder escuchar las marchas

entre el olor de azahar

que en la noche se derrama,

y poder besar la flor

que rebosa en cada jarra,

ver la saya y el tocado

y rendirme ante Tu Gracia

cuando vienes bajo Palio

por el Dolor Traspasada

recortada la silueta

por las luces encantadas

surgidas de blanca cera

en candeleros de plata

y en cirios de nazarenos

envueltos en blancas capas

que llenan de contraluces

a la noche sevillana.

Debajo del antifaz

una plegaria se escapa,

bajo las trabajaderas

una Salve de Triana

llegando de nuevo al barrio

y a la noche se le clavan

en los costados del arte

rejones de fría plata.

 

Los cuatro manigueteros

son ángeles que hacen guardia

al Resplandor de la Virgen,

que torna la noche clara.

Ya los niños se han dormido

pero su ilusión temprana

la trae consigo la Virgen

en forma de muchas llamas

que van alumbrando el paso,

ascua de luz soberana.

Portento de Dolorosa

estampa de filigrana,

eres Faro que nos guía

en la tempestad mundana.

 

Su paso llega a la Puerta

la última saeta salta,

poquito a poco va entrando

–como los cánones mandan-

la última del Domingo

ya Lunes de Madrugada.

¡ Virgen Guapa de la Estrella

concédenos Tú la Gracia!

que al pasar un año entero

podamos verte la Cara

cuando vayas a Sevilla

–Primavera ilusionada-

otro Domingo de Ramos

brillando más que la nácar.

 

Mas buscando a Cristo nos encontramos en San Lorenzo con la Soledad de María. La soledad es lo que queda cuando todo se ha perdido, cuando no se halla la respuesta. La Virgen Sola con sus cofrades, que tratan de remediar la Soledad de La que Sufrió al pie de la Cruz. Desde el recuerdo emocionado hacia Ramón Pineda Carmona, hacia Ella salta nuestro cantar, a manera de interrogante, evocando la visión que tuvimos de Su paso en una lejana Semana Santa:

¿Qué pena se devanaba

entre camelias dormidas?

¿cuál sería el interrogante

que en tristeza la sumía?

qué becqueriano momento

entre las luces que brillan

llegando del Aljarafe

por el Bajondillo arriba.

 

Los cristales de los cierros

aéreo fulgor desprendían

que llegaba a la Alameda

por ambiente que suspira

porque llegue la Señora

que entre Soledad transita.

 

Aquella lejana tarde

de un Sábado de Sevilla

llegó Su Paso dorado

que de la Plaza salía

entre incienso y entre gente

que entristecidos venían

al hilo de Su Dolor,

y es que todo allí sufría

en el silencio del barrio,

por sus lágrimas heridas.

 

 

La Cruz y las Escaleras

avanzaron suspendidas

y yo juro que escuché

el trinar de golondrinas

que llevaban en sus picos

las puntas de las espinas

de la Corona de Cristo,

que la Señora traía

en Sus Manos Temblorosas

de Madre tan Afligida.

 

¿Qué pena se devanaba?

que el mismo Cielo quería

bajar hasta San Lorenzo

aquella tarde tristísima,

más nadie supo decirle

ni una palabra de vida

ni Su Pena consolar

mientras Su Paso seguía

por calle Conde Barajas

para atravesar Sevilla...

Solos nos quedamos todos

y la Soledad se iba

con Su Pena devanada

entre camelias dormidas.

Cristo es la Razón y la Esencia de la Semana Santa. Se hizo igual a nosotros para Padecer y redimirnos del Pecado. En los barrios se vive la dimensión humana de Cristo; allí donde Sacerdotes y cofrades trabajan codo con codo para llevar la Felicidad al hombre. Barrio y cofradía son inseparables. Cada barrio tiene su Cristo y su Virgen, a quienes implorar Protección. Allí está la fuerza de la Iglesia. Ésa que viene cada Martes Santo desde el Cerro del Águila, con una cofradía que se ha ganado un sitio por méritos propios en la Semana Santa de Sevilla, por su compostura y buen gusto.

 

Barrios benditos, fundidos con sus cofradías, claro ejemplo de las cuales es la de San Gonzalo, atenta siempre a las demandas de su entorno parroquial...

 

Caerá la tarde. Entre dos luces sonará por Las Dueñas la campanilla del Muñidor avisando que viene Nuestro Padre Jesús Descendido de la Cruz en el Misterio de Su Sagrada Mortaja. La callada Espadaña del Convento de La Paz y la redonda Luna anuncian la noche.

En la noche encontramos otra dimensión de la Semana Santa. Trascendentales instantes... ver pasar al Cristo de Burgos por las singularidades de la Alcaicería de La Loza , sustentado sobre policromados relieves tallados y hasta diríanse horadados en pétrea caoba; oír en la calle Francos el rachear de las alpargatas de los costaleros del portentoso Cristo del Amor y las marchas que suenan tras el monumental paso de la Virgen del Socorro; recrear el alma ante la cofradía de las Penas de San Vicente entre los sevillanísimos naranjos de la calle Cardenal Cisneros y allí meditar –entre los sones de la música de Capilla- que Nuestro Padre Jesús de las Penas Cayó al suelo para demostrar al hombre que Él está con los que no son capaces de levantarse; o buscar a la cofradía del Baratillo ante las murallas del Alcázar, impresionándonos su mensaje de Caridad, Piedad y Misericordia, bases fundamentales para combatir la Soledad humana. Noche para admirar en la calle Zaragoza la crestería del palio de la Virgen de Montserrat, una de las cosas más excepcionales que pueden verse en la Semana Santa de Sevilla. Para ir al encuentro de la cofradía de San Roque, intensísima bajo la Luna en las calles Imperial, Calería y Juan de La Encina, asombrando a todos el canasto del paso del Señor de Las Penas y el sonido de las bambalinas del palio de la Virgen de Gracia y Esperanza. Noche en los Jardines de Murillo, donde –acompañada por cofrades de honda devoción- la Virgen que tiene nombre de Luz –La Candelaria- llevará la claridad a nuestra existencia tantas veces sombría. Noche en que la calle Castelar es testigo del alba ante el crujir impresionante de la caoba del paso del Cristo del Calvario, mientras nos parece oír aquella saeta que le cantaban desde el suelo y el alma se conmueve:

Te veo en el Calvario, calumniado

injuriado por todos y ofendido

maltratado y hasta incomprendido

triste y solo en la Cruz, abandonado.

 

Pero yo sé que Tú, Crucificado,

desde el momento del postrer latido

Eres Fuente de Amor siempre vivido

con cariño a nosotros derramado.

 

Pienso, Cristo, en Tu Pueblo; que te quiere,

que de Tus Manos algo siempre espera...

que si no estás con él, hasta se muere.

 

Pienso en fin, en Tu Vida Verdadera

en Tu Frente, en la Espina que te hiere,

Rey Eterno de nuestra Primavera.

 

Cada amanecer de Viernes Santo, oramos en la misma calle Castelar oyendo las primeras golondrinas mientras la Virgen de la Presentación se aleja llevando tras de sí sus penitentes, en uno de los más bellos instantes que pueda ofrecernos la vida.

 

La noche depara el triunfal regreso de la guapísima Virgen de Guadalupe, ante la que sentimos en nosotros las palabras que dijo la Señora en México al Santo Indio Juan Diego: "Yo soy Tu Madre, y Quiero Tu Felicidad".

 

Noche para ir al encuentro de la personalísima cofradía de La O, ya exhaustos, apagada la calle Castilla, con la Luna tras Jesús Nazareno – el primer Cristo Trianero que fue a la Catedral, entonces por la vieja Puente de Barcas- y extasiarnos ante la luz de la candelería de la Virgen. En ese momento mágico, cuando comprobamos la maestría de su capataz y la miramos a Ella, le damos gracias por permitirnos llegar hasta allí un año más.¡Cómo se sienten entonces alegres y consolados nuestros corazones ante La Virgen de La O!. En nuestra mente el reflexionar acerca de la importancia y profundidad de nuestra Semana Santa, y de la ilusión que ponemos en vivirla plenamente, al igual que hicieron nuestros mayores, que nos enseñaron la Fe en Jesucristo… La Fe que está y reside en el Pueblo, que es Pueblo de Dios en Camino, atravesando en estos días santos la no sin fundamento denominada Jerusalén de Occidente.

LA FE CRISTIANA, FUERZA IMPULSORA DE LA SEMANA SANTA DE SEVILLA

La Fe es un don de Dios. Es la alegría de ser cristiano. Es lo que alentó el esfuerzo de grandes cofrades que nos enseñaron que el espíritu de servicio es la razón primera por la que estar en las cofradías, en la Iglesia y en la sociedad. Inolvidables personas a las que debemos agradecimiento perpetuo.

 

La Fe cristiana es la Fuerza Impulsora de la Semana Santa de Sevilla. En la Fe está el Amor a Dios a través de nuestras Sagradas Imágenes, que llevan en sus manos y en sus pies el beso de tantos sevillanos que están ya en el Cielo... Únicamente la Fe pudo hacer posible que Juan Martínez Montañés regalara al Orbe la imponente escultura de Nuestro Padre Jesús de la Pasión, manifestación física de la perfección misma, ante la que tantas veces oró la egregia persona de Doña María de las Mercedes de Borbón y Orleáns, que tanto amó siempre a este trozo de la Tierra.

 

Años de Historia significan años de Fe. Gracias a la Fe se cumple un siglo de la aprobación de las primeras Reglas de la Hermandad de Santa Cruz, cuya Estación de Penitencia de este año tendrá sin duda especial vivencia en el itinerario mágico donde es imponente rezar al Cristo de las Misericordias. Un siglo también del estreno del paso que sirve a la sobriedad, el clasicismo y la perfección del fabuloso Misterio de la Quinta Angustia, cofradía que es modelo en el buen hacer y ejemplo en la calle, moviendo siempre a una gran edificación e invitándonos al examen de conciencia.

 

La Fe nos lleva a buscar al amigo nazareno –casi hermano nuestro- en la noche estrellada del señorial barrio de San Vicente y a compartir con él cansancio, oración y vivencia ante el romántico paso del Cristo de las Siete Palabras, plenísimos de azahar los naranjos de la secreta Plaza de Doña Teresa Enríquez, que cada Miércoles Santo quisieran ver la Salida de la cofradía:

 

 

La flor del azahar derrama esencia

al barrio que Te espera tan ferviente

ansía el corazón tener presente

el incienso que anuncia Tu Presencia.

Cómo desgrana el capataz su Ciencia

dominando a la Puerta en San Vicente

unido y congregado te presiente

el pueblo todo afirmando su creencia.

De blanco y carmesí una gran Historia

precediendo al Misterio que afamado

nos lleva a la niñez en la memoria.

Sin igual candelabros y dorado.

Siete Palabras Salvación y Gloria

en Tu Calvario siempre recordado.

 

Los caminos de Dios son invisibles a sus criaturas. El Señor llama a cada uno a su cofradía. En la Fe está la razón que nos induce a hacernos cofrades y a vestirnos de nazareno. Así , cada Martes Santo volvemos a dar gracias a Nuestro Padre Jesús Ante Anás por regalarnos estar cerca de Él. Silencio en la Plaza de San Lorenzo. Suena la Marcha Real. En el pebetero del paso se consume el incienso, ofrenda a Dios. Nubes bíblicas de incienso de la antigüedad... incienso de las caravanas de los Libros Sagrados, que invitan a la oración... El aroma y el humo confieren espiritualidad y hondo significado a la visión del Misterio... Cara al Tribunal, prevalece la Mirada Valiente de Jesús... El Hombre ante el hombre, defendiendo la Verdad, enhiesto y recto como un metal que nunca se dobla, ni fatiga ni falla. Jesús Ante Anás, sin más nombre que el del Salvador del Mundo; Cristo, Ayer, Hoy y Siempre. Al salir el paso, San Lorenzo Mártir, desde el frontispicio de la Parroquia, mira cara a cara al Señor. Jesús ante el que fue uno de sus mejores soldados en la Tierra.

 

Tras discurrir la Plaza, el paso avanza grandioso en el corazón del barrio, entre las dificultades de Cardenal Spínola. Rezamos sus cofrades bajo el antifaz. Meditamos el origen de la cofradía, consistente en Amparar y Socorrer a las Niñas Huérfanas. No se nos va el Señor de la mente. El Misterio de la Bofetá es la voz de nuestra conciencia. Cuántas veces el hombre amarra las manos al hombre y lo golpea, sin darle siquiera una oportunidad de expresarse, con la anuencia de los falsos acusadores, ante el influyente Anás de cada día, diciendo desde la soberbia "¿así respondes al Pontífice?". Jesús Ante Anás es la mayor demostración contra la violencia.

 

Regresará a la Parroquia el Cuerpo de blancos nazarenos con la Cruz Trinitaria, que parece especialmente concebido para encajar en el contexto de la noche primaveral, como brotado del pincel de García Ramos, Hohenleiter o Bacarisas. Y será llegado el momento de esperarla...

 

La noche sevillana halla en Ti su más especial expresión. Madre Nuestra ¿será posible tanta maravilla? ¿será posible el Color Moreno de Tu Cara al entrar tu formidable paso de palio?. Será el momento de mirarte... será el momento de contemplar esos Ojos que embrujan, que se agrandan en la calle, que miran con maternal comprensión... Habrá merecido la pena ir lejos de Ti en la Estación de Penitencia para haber esperado simplemente el instante en que la luz de la cera gastada en la candelería ilumina Tu Rostro incomparable... ¡entonces Tus Ojos parecen tener vida!... Reina del Dulce Nombre...¡qué Guapa Eres!... merece la pena vivir para esperar que entres en San Lorenzo. Quien la vio en esos momentos sensacionales ya la recordará siempre, sabiéndose desde entonces bajo la Protección de Su Manto...

 

Sus cofrades volveremos a casa, avanzada ya la noche, deseosos de verla al día siguiente, con la Cara aún más Morena y las velas aún más agotadas; más este nazareno enamorado siempre evocará aquella vez en que un Miércoles de Pasión, llegando la Semana Santa, vivió la dicha increíble de entrar en San Lorenzo y encontrarse totalmente solo ante Ella, Testimonio Sublime de la Fe de Antonio Castillo Lastrucci...

 

Qué Sola estaba la Virgen

esa tarde en San Lorenzo...

la Virgen estaba Sola

y yo le tiraba besos,

estaba sola la luz

que inundaba los adentros,

sólo el hierro de las rejas

y los óleos en el lienzo

sólo se escuchaban trinos

de gorrión, y jaleo

de chiquillos en la Plaza

más grande del Universo.

 

 

Sola estaba Su Mirada

solo Su Color Moreno;

Sola estaba con San Juan,

conmigo y con mis anhelos.

Solo Su Manto bordado

sus hilos y terciopelo

el palio juanmanuelino,

los borlones y sus flecos.

Estaba sola la cera

y solos los candeleros,

los candelabros de cola

y sus codales enteros.

 

 

Un Miércoles de Pasión

no había nada en San Lorenzo...

ni tan siquiera piropos

ni azahar, ni nazarenos

ni gente arremolinada

ni sudor de costalero,

ni pequeños monaguillos,

ni ciriales, ni el incienso,

ni pobres ni personajes

ni razón ni entendimiento,

ni latir de corazón

ni voces, ni pensamientos,

ni llamas de cirios blancos

ni los rumores del viento,

ni promesas ofrecidas,

ni encendidos juramentos;

ni música que tocara,

ni tan siquiera su eco,

no había claveles rosas

para en las jarras ponerlos,

ni la voz del capataz,

ni compás de saetero

ni gente en la Sacristía

ni cuatro manigueteros

para escoltar Su Presencia

ante los respiraderos.

 

 

De Hernán Cortés a la Plaza

todo era un sumidero

que recogía el sonido,

tornando todo en silencio.

Estaban solas las naves

y solitario el crucero,

solos solos los altares,

y los mármoles del suelo;

oscuro quedaba el coro

y mudo el órgano viejo.

Allí sólo estaba Ella

con mi prosa y con mi verso

que brotó del corazón,

y cuando hoy lo recuerdo

siento como en la garganta

un nudo se hace mi verbo

cuando pienso en aquel día

imborrable en San Lorenzo...

 

¡Solo con Su Dulce Nombre,

creí que estaba en el Cielo!

La Semana Santa es la expresión de la Fe cristiana del pueblo de Sevilla. La Fe hace surgir artes que enriquecen el Patrimonio de esta Ciudad. Nos acordaremos del gran Manuel Guzmán Bejarano al contemplar la talla del paso del Cristo de las Almas en su callado, profundo y ascético recorrido. El arte de vestir imágenes –siempre sentido en maestros inolvidables como Paco Morillo y Fernando Morillo- se hace delicadeza en las manos que visten a la Soledad de San Buenaventura. La imaginería alcanzó altas cotas con Luis Ortega Brú, que entregó el amor de su sangre esculpiendo al Santísimo Cristo de la Caridad en Su Traslado al Sepulcro, eje fundamental del espléndido Misterio de la Cofradía de Santa Marta. La música, que tanta Fe atesora en quienes ensayan hasta pasando frío, nos hará recordar especialmente este año acompañando a la Virgen de las Aguas el cincuentenario de Su fantástica Marcha, una de las grandes composiciones de la Semana Santa de Sevilla, interpretada tantas veces años atrás por la Banda del Regimiento de Infantería Soria nº 9, que nos hizo soñar tras el Manto de la Señora por la antigua calle de Armas, haciéndonos decir que no hay nada más sevillano que un paso de palio yéndose, visto desde atrás. Horas altas de la noche del Lunes Santo ante la cofradía del Museo, en que será obligado agradecer la enamorada entrega de ese gran cofrade que fue Filiberto Mira.

 

Quienes tienen el difícil arte de encender nos harán siempre revivir la capacidad y experiencia de Antonio Santizo, de Manolo El Labio o de Alberto Gómez. La Fe se desborda en floristas, orfebres, plateros, doradores –siempre viva la memoria del maestro Curro-, bordadores –Esperanza Elena Caro siempre en el recuerdo-, esparteros, restauradores y cereros; teniendo éstos el privilegio de fabricar los cirios en distintos colores -expresión de matices de la Pasión de Cristo- que portarán los nazarenos de Sevilla como permanente ofrenda desde la Fe a las Sagradas Imágenes de su particular devoción. Mas si queremos admirar la conjunción de las artes será obligado ir a buscar los pasos de la cofradía de la Exaltación, que atesora uno de los mejores Misterios de Sevilla, y cuyo paso de palio nos quedaremos mirando fijamente, llenándose nuestros corazones de agradecimiento a la desinteresada entrega de Ricardo Comas Facundo en bien de sus hermanos:

 

Lágrimas tengo en mi alma dolorida

rendido ante el candor de tu fragancia

Tú derramas el Gozo en abundancia

a quien busca lo cures de su herida.

 

Gerona: brillo, Sol, atardecida...

servir a la ternura, ser sustancia

caminar sin que importe la distancia

costal, trofeo de amor, la frente henchida.

 

Tu Manto colosal Sevilla entera

contempla cuando vuelves cada esquina

y cae sobre cristal la blanca cera.

 

Cuánto amar en la vara y la bocina

morado el antifaz, ¡vaya solera

con la Reina de Santa Catalina!

 

La Semana Santa de Sevilla existe, primero por que Dios quiere, y segundo gracias a la Fe cristiana de tantos hermanos anónimos que dejaron este mundo habiendo contribuido con su generoso esfuerzo al diario engrandecimiento de las cofradías.

 

Las Hermandades son las mismas que siglos atrás en fines e ideas, pero adaptadas en la Fe al tiempo histórico que les toque vivir, manteniendo siempre la fidelidad al Papa.

 

El encanto y la personalidad de la Virgen de la Encarnación, el barroquismo del Cristo de la Sangre y el monumental Misterio de la Sagrada Presentación de Jesús Al Pueblo nos hablan del acertado peregrinar en la Fe de los cofrades de la Hermandad de San Benito, cuyas primeras Reglas fueron aprobadas por el cardenal D. Fernando de Valdés hace cuatrocientos cincuenta años.

 

En el siglo XIX -de duras pruebas para las Hermandades-, la Fe impulsó a José Bermejo y Carballo y a Félix González de León, cofrades de hondas creencias, a escribir sendas historias de las cofradías, que han llegado a nuestros tiempos como auténticos tesoros.

 

Al divisar en la lejanía el soberbio paso de Cristo de la Hermandad de Los Panaderos, ante la Bondad que destila infinitamente la Imagen de Nuestro Padre Jesús del Soberano Poder en Su Prendimiento, comprenderemos que en Getsemaní se manifiesta la Encarnación del Hijo de Dios. Cuando el imponente paso de Misterio se acerque a nosotros sentiremos que estamos allí gracias al tremendo valor de proclamar la Fe que tuvieron los cofrades a quienes tocó superar difíciles avatares de la Historia, aquellos en quienes vemos consumados los Objetivos del Jubileo que marcó la entrada al Tercer Milenio: el Fortalecimiento de la Fe y el Testimonio de los cristianos.

 

EL TESTIMONIO DE LA FE

La Fe en Jesucristo es, ante todo, manantial inextinguible de solidaridad y es aquello por lo que las cofradías llevan a cabo su misión evangelizadora, porque la Iglesia tiene como razón primera la Evangelización. La solidaridad no es un concepto del mundo moderno; Cristo nos lo enseñó hace dos mil años. Hemos de considerar -como dice el Concilio Vaticano II- "la noble obligación de trabajar para que el mensaje divino de la Salvación sea conocido y aceptado por todos los hombres de la Tierra". Tenemos que apagar la Sed del hombre. Cristo también tuvo Sed, como la tuvieron unos sevillanos en el barrio de Nervión que fundaron una ejemplar cofradía que –desde el recuerdo a la fecunda labor de Don Fernando Isorna- conmemora los veinticinco años de su primera Estación de Penitencia a la Santa, Metropolitana y Patriarcal, y cuyo paso de Cristo supone una de las principales aportaciones que se han hecho modernamente a la Semana Santa de Sevilla.

 

El hombre debe ser hombre de su época. No puede volver la espalda a la realidad del mundo. Es imprescindible dar testimonio de la Fe cristiana, llevando la Esperanza a los que sufren tantos problemas de la humanidad: paro, droga, enfermedad, marginación, incomprensión, hambre... Hay que dar ejemplo a los jóvenes, semilla del futuro. Teniendo como modelo la oración de tantos Conventos de Clausura a los que tanto debe Sevilla, en la noche del Sábado Santo dirigiremos nuestras oraciones con universalidad a la Perfección Sublime de la Esperanza Trinitaria. Nos habremos situado con tiempo para verla llegar triunfalmente en la calle Sol.

 

Cuando nos hallemos ante la Virgen de la Paz... Única... con ese clasicismo, esa serena elegancia y ese estilo tan cautivador del paso de palio todo blancura y personalidad; en las preciosas calles del barrio del Porvenir rezaremos por la Paz del mundo, para que el hombre sea capaz de dialogar antes de llegar a la guerra y para que cese el terrorismo, que no siente respeto ni por la libertad del hombre ni por sus creencias. Rezaremos para que cese esta plaga y para que entren en razón quienes con su apoyo o con su ambigüedad alientan en cualquier parte del mundo sucesos execrables, como fueron los del pasado día once. Sus responsables deberán responder ante el Altísimo por las muertes de tantos pobrecitos inocentes. Nunca se puede atentar contra la vida, y menos en nombre de Dios, porque Dios es Amor. ¡Que la Justicia Divina caiga implacable sobre los enemigos de la Paz, de la convivencia y de la vida!

 

Pero este pueblo bendito había de tener algo más para expresar sus oraciones, y por eso surgió la saeta, cante indefinible que nos hace vibrar y soñar en tantos rincones de la Sevilla íntima, que expresa la hondura de la Fe desde la profunda inspiración; esa que tuvieron Vallejo, Centeno, Manuel Torre, Naranjito de Triana, La Niña de la Alfalfa, Trini Villa, Pepe Valencia o Antonio Mairena. Saetas para cantar la Hermosura indefinible de la Virgen del Valle, ante una originalísima disposición de la candelería y un excelso exorno floral que únicamente podrían ser pensados para Ella; para la Curvatura Inconmensurable de Su Llanto, que es como una cascada… para Ella, que cada vez que pasó ante nosotros en la calle, hizo que todo nos fuera ajeno entre varales, y que sólo fuéramos capaces de fijarnos en Su Cara, y en la luz que a la vez que reflejaba, suya hacía… Su Cara, dueña de nosotros y nuestras almas, nuestras pasiones, oración y sentimientos, grabándose para siempre en la mente aquel encuentro en aquella esquina inolvidable; en la mente y hasta en nuestra forma de ser, porque todo cambió en nosotros cuando cruzamos nuestra mirada con la dirección de la Suya perdida… ¡Qué Señorío el de la Virgen del Valle!.

 

Mas nuestras oraciones no han de excluir a quienes desempeñan cualquier función en el campo laboral. Estamos en la sociedad que se llama a sí misma "de las nuevas tecnologías". Recemos para que el hombre recuerde que Dios las puso a su alcance para que estén a su servicio, y no el hombre al servicio de las mismas. Pidamos al Padre Celestial que todo aquel que desarrolle su labor lo haga en condiciones tales que eviten el que haya pérdida de vidas humanas. Oremos sin olvidar el lamento de nuestros hermanos que claman respeto a su puesto de trabajo. En estos tiempos tan especiales para la Hermandad, iremos con más ilusión que nunca hasta la Fábrica de Tabacos, a orar ante la Virgen Dulce y Guapísima, gozo eterno para el alma. Y rogaremos encarecidamente cuidado infinito a aquellos que La pasean en una Sevilla inigualable y espléndida.

 

Mira cómo trae los Ojos

mira cómo trae la Cara

no la he visto más bonita...

ni el Sol cuando sale al alba

ni la Luna por la noche

cuando parece de plata

ni los reflejos del Río

a mediodía en Triana.

La tarde del Jueves Santo

tiene en Sus Ojos la Gracia.

 

Tras el Pendón de Castilla

viene la Belleza Clara

qué amor en sus costaleros

y qué tristeza en las ramas

florecidas de azahar

y a Su Pasar desmayadas.

 

 

Qué belleza, imaginero

qué bien te salió, qué Guapa

¿dónde bebiste, escultor?

¿en qué fuentes, de qué agua?

bien que saciaste tu sed

de inspiración honda y clara:

Victoria tan Dolorosa

pero Victoria tan Guapa...

 

 

Cien años ya, Madre mía

cien años de que jurara

ante Tu Augusta Presencia

las Reglas el Rey de España.

El que presidió dos veces

Tu Esplendor que lo llamaba.

 

 

Aquel Rey que en Primavera

hasta Sevilla bajaba.

Aquel que fuera feliz

tan cerca de lo que amaba;

aquel que pasó revista

a los Armaos en Su Alcázar,

el que concedió la Venia

en los Palcos de la Plaza,

aquel que oyó a Rafael,

cuando a caballo tocaba

el clarín de Artillería

mientras Sevilla soñaba

y lo mandara llamar

para ascenderlo a Brigada.

 

 

Cuando el Rey Alfonso XIII

recordaba en la distancia

toda la Felicidad

que atrás se quedó en la Patria,

acaso Virgen María

acaso, Madre, soñara

ser Jueves Santo en Sevilla

y que él te acompañaba.

Y seguro que Tus Ojos

en la Roma tan lejana

le animarían a vivir,

seguro que Tu Mirada

fue consuelo para él

cuando su vida cansada

se apagó en la lejanía

acordándose de España.

 

No olvidas a quien te quiere

en Tu Pureza Sin Mancha...

 

Este año Tu Hermosura

sé que lleva Pena amarga.

Cuánto sufres por sus hijos,

esos que Justicia claman ,

protégelos, Virgen Reina,

bajo Tu Manto que Salva.

Sufres Tú por su trabajo

por la Paz en cada casa,

por el calor del hogar

por la alegría diaria.

 

¡No llores Tú, Madre Buena

la de la Cara más Guapa

la de los Ojos más tristes

esos Ojos que derraman

esencia de flores nuevas,

-la más Honrada y más Santa-

no llores tú Cigarrera

que nos destrozas el alma!

Testimoniar nuestra Fe supone entusiasmar al hombre de principios del siglo XXI con un mensaje de Fe y Cultura que debe suponer tracción suficiente para hacer salir al mundo de todos los subdesarrollos. Un mensaje con altura de miras, que tenga en cuenta la dignidad humana. El ímpetu para conseguirlo hemos de buscarlo cuantos integramos la cofradía de la Universidad –bajo la ayuda inestimable de la Virgen de la Angustia e imitando el testimonio de Juan Moya García y Salvador Diánez Leal- en el Cristo de la Buena Muerte, cuyo tránsito por nuestras calles es Tesoro del Pueblo, Inspiración para el Sentimiento, Recuerdo inextinguible, Olor de Santidad, Faro de Luz; Raíz, Tronco y Árbol del Paraíso de la Fe y Música callada que brota en el alma y que hay que escuchar con el alma, mientras todo es Primavera en torno a Él en tarde de Martes Santo, bajo celestial y dorada pirámide de luz; momento solar en el que cabrá preguntarse ante la perfección de Su Cuerpo:

 

¿Quién encargó al escultor?

¿Quién le diría que lo hiciese?

¿De qué bosque sacarían

la madera para hacerte?

¿y qué pájaros cantaban

en aquel árbol –aún verde-

que ni siquiera sabía

que serviría a las gentes

para mirar al Señor

y al Misterio de Su Muerte?

 

 

¿Y qué sintió Juan de Mesa

cuando la orden le diesen

de hacer un Crucificado

de traza clara y valiente?

¿En qué salmo de David

de todos los que leyese

o en qué verso de Isaías

encontró como ponerle

nombre a Obra tan Bella,

a Imagen tan Excelente?

qué inspiró a aquel cordobés

-imaginero eminente-

¿qué Ángel se le apareció

en un sueño que tuviese

para dejarle la musa

que le sirvió para verte

para dictarle a la gubia

por do había de meterse

ahondando en los maderos

que esperaban impacientes

servir al Cuerpo de Cristo

y a Su Contorno Doliente?

 

¿Qué sintió el imaginero

cuando en sus manos tuviese

la Cabeza de Aquel Cristo

y acariciara Sus Sienes...?

¿Cuántas lágrimas saldrían

de sus ojos de creyente

cuando terminó los brazos,

pies y rodillas inertes...?

cuando miraba el costado

que parecía encenderse

de tanto amor que le puso

a la Figura que hiciese,

a aquella Imagen soberbia

de aquel siglo diecisiete.

 

 

La Imagen de Juan de Mesa

resultó tan imponente

que arranca toda oración

hacia el aire que posee

a la traza dolorida

que al mundo entero sostiene,

a la traza que proclama

ante tantos penitentes

que Tu Infinita Bondad

es refugio del que cree,

del que busca la verdad

y del que corazón tiene.

 

En tarde de Martes Santo

me acordé de quien Te hiciese

y del dilema que tuvo

cuando nombre fue a ponerte,

y comprendí que al mirarte

un nombre sólo se viene

a lo hondo del cerebro

cuando Tu Morir se entiende.

Seguro que Juan de Mesa

no dudó como ponerte

cuando Te miró a la Cara,

Cristo de la Buena Muerte.

 

EL COMPROMISO DE LA FE

La existencia tiene una finalidad. Ayudar al hombre a llevar la Cruz ofreciendo a Dios nuestra entrega. Eso aprendimos los jóvenes que llegamos a la Vera+Cruz hace treinta años, gracias a cofrades que nos recibieron desde la profundidad de la Fe, la seriedad en la Formación y la claridad en la escala de valores. El espíritu de la Hermandad se resume en la inscripción sobre la Cruz de Guía: "TOMA TU CRUZ Y SÍGUEME".

 

Somos muchos los que tenemos que agradecer a la Hermandad de la Vera+Cruz el habernos enseñado que con Amor todo es posible, que sólo potenciando la Caridad desde la Acción Social en todas sus formas pueden hacerse realidad las palabras del Evangelio de San Mateo: "cuanto quisiereis que os hagan a vosotros los hombres, hacédselo vosotros a ellos". A la Hermandad debemos un estilo de vida, que nos hace afirmar con orgullo: "SOY DE LA VERA+CRUZ".

 

La Virgen de las Tristezas -Humilde, Sencilla y Clara; como Compás de Convento de Clausura- nos enseña a superar las dificultades de la vida. Subirá la estrechez de Placentines. Parecerá imposible... pasará en silencio, dejando una estela de meditación, y de sobriedad en el sello inconfundible de su vestir, en los bordados de las bambalinas y en el color negro del Manto y del Techo de Palio... Serán instantes cruciales en los que la estrechez se hace emocionante en menos de dos milímetros de distancia a un cierro, a un farol, a un balcón... allí, cuando las cales se iluminen por la candelería cercanísima, será cuando el capataz desgrane su sabiduría y los que van debajo trabajen callados, todos a una por servir a la Señora... que no se mueva un varal, que no se mueva una cintura... pocas voces y mucha vista en los contraguías, sirviendo sin ser vistos, viviendo lo insospechado en la noche... cuando terminen esos momentos de dificultad, cuando suene ya la saeta que todos los años brota llegando a la anchura de la calle; entonces, entenderemos que con la ayuda de Ella todo se consigue. Bien lo sabemos sus cofrades. A Ella nos encomendamos siempre, teniendo presente que Él, Cristo de la Vera+Cruz, joya del Arte Hispalense, la más antigua Imagen de cuantas procesionan en nuestra Semana Mayor, es la razón de nuestra existencia y de nuestra lucha diaria...

 

Impresiona percibir Tu Color indescriptible en el Compás de la Capilla cuando declina la tarde, y pensar que estamos viendo algo que era igual hace siglos...¡Cuantos milagros has hecho, Cristo de la Vera+Cruz! ¡Cuánto bien sigues haciendo en el hombre! ¡Cuántos salieron de tu Capilla habiendo encontrado el Camino! Y cuántos que no te conocían te encontraron para siempre al contemplar los lirios bajo Tus Pies y el brillo de Tus Potencias bajo la noche de Sevilla, como en la famosa fotografía de Luis Arenas; entre los hachones de cera verde; momento para reflexionar:

 

 

Cuánta Sevilla, Señor

ante Tu Imagen señera,

cuánta gente en oración

cuánta alegría y tristeza

cuánto callado sufrir

cuánta ilusión honda y nueva

cuántas Gracias imploradas

cuánta súplica directa

cuánta oración sostenida

cuánta petición intensa

cuánta vivencia diaria

cuánto amor hacia Tu Esencia,

cuánta vida tan distinta

producto de cada época.

Ante Tu Devota Efigie

el hombre con sus problemas.

 

Cuántos años contemplaron

arrodilladas sinceras

a las gentes de Sevilla

implorando tus Grandezas.

Qué ilusiones te pondrían

como flor de Primavera

nuestros hermanos antiguos

–Estación de Penitencia-

haciendo la disciplina

o portando luz de cera

en noches de Jueves Santo

por la vieja calle Génova.

 

 

Convento de San Francisco

entre pinturas de Herrera

de Pacheco y de Murillo

entre lámparas argénteas

al viejo Cristo rezaban

principales en nobleza

y los humildes de entonces

para ganar indulgencias.

Mas cuando el tiempo pasó

resquebrajando riquezas

olvidado en San Alberto

sobre Tu Cruz de Madera

te llegaste a ver, Dios mío,

siendo Tú la Vida Eterna.

Mas la ilusión floreció

como en semillas que esperan

y unos jóvenes cofrades

con la ilusión por bandera

sintieron en su interior

en lo hondo de las venas

que les hablaba el Espíritu

-que es el que guía a la Iglesia-

y fueron a congregarse

como si fueran estrellas

alrededor de la Luna

en noche de Primavera

y Tu devoción alzaron

como una gloriosa enseña,

de San Alberto salió

el Cristo antiguo que es Fuerza

y hasta la calle Jesús

vino a sanar almas nuevas,

llevaron a resurgir

a la cofradía vieja

la de más rancio abolengo

de las que en Sevilla hubiera

y otra vez, Señor, clavado

sobre Tu Cruz Verdadera

los sevillanos buscaron

el abrigo en Tu Presencia,

ante Tu Antigua Escultura

de devoción tan inmensa,

ante Tu Sangre Preciosa

que cayó sobre la Tierra. .

 

Cristo al que antaño rezaron

generaciones enteras,

Cristo Cósmico Central

del Universo que rueda

el Inicio y el Final

de toda la convergencia,

Cristo Eterno e Infinito

y Dios y Hombre de veras,

Hijo de María la Virgen

del que hablaron los Profetas;

Señor, Salvador, Ungido

que Sufrió por faltas nuestras,

Mesías que Dios al hombre

en lo antiguo prometiera.

 

 

Cuánta Sevilla, Señor

ante Tu Imagen Austera

ante la severidad

de Tu Muerte tan cruenta

comprendió que Tú en la Cruz

Eres Verdad, Vida Cierta

Segura Resurrección

y la Salvación más plena,

Cristo de la Vera+Cruz,

Señor del Cielo y la Tierra.

 

 

"El fruto de la Fe es el Amor", dice Madre Teresa de Calcuta. Cristo es un derecho de cada hombre. El que quiera amar a Dios que sirva a su hermano. Ante los muros de azúcar de San Antonio de Padua, rogaremos a la elegancia del Santísimo Cristo del Buen Fin y a la distinción señorial de la Virgen de la Palma que sigan haciendo brotar los frutos del Centro de Estimulación Precoz, cuya semilla fue dichosamente plantada hace años por la Hermandad. Vosotros, cofrades del Buen Fin, sí que entendisteis que el hombre está hecho a imagen y semejanza de Dios.

 

El secreto de la Felicidad está en compartir la Fe amando al prójimo. Modelo encontramos en tantas cuadrillas de costaleros –germen para las de hoy- que llenaron páginas imborrables en cada cofradía comprometiendo y compartiendo su Fe desde la honradez, el orgullo, la casta , la emoción y la amistad, porque aquella gente de abajo como "El Balilla" y "El Oliva", que lo daba todo y salía toda la Semana Santa, hizo un esfuerzo verdaderamente épico, mientras en los llamadores mandaba la categoría de capataces como Manolo Santiago, Vicente Pérez Caro, Ariza El Viejo y su hijo, El Tarila, Adame, Palacios, Angelillo, los Borrero, Canela, Pascual, Machuca, Eduardo y Manolo Bejarano, Manuel López Moreno, Rafael Franco Rojas, Rafael Franco Luque, Salvador y los Rechi... ¡Cuánto debe a todos ellos la Semana Santa de Sevilla!

LA TRANSMISIÓN DE LA FE

Hermosa es nuestra Fe. Es como una candelería siempre encendida. Gracias a ella vivimos instantes maravillosos, y nada nos parece imposible. Por ella brotaron lágrimas de emoción en tantos cofrades. Debemos la Fe a cada una de nuestras familias; a nuestros padres, que para nosotros pidieron el Bautismo. La Fe cristiana se transmite en la familia, núcleo esencial de la sociedad, donde compartimos la alegría y aprendemos el espíritu de sacrificio. A nuestros mayores debemos la Fe. Si alguien ha enseñado al mundo qué es el respeto a los mayores, ése es el Pueblo Gitano. De los mayores hemos aprendido quienes pertenecemos a la Hermandad que no se puede separar a los Pobres y al Evangelio, que cuando las Angustias invaden al hombre hay que llevarle la Salud. Eso hace la Hermandad, atendiendo zonas marginales y colaborando con la Pastoral Gitana.

 

La elegancia, la maravilla, la figura y la clase del Cristo de los Gitanos inunda de Salud a cuantos llevan la sinceridad en el corazón. Él la hace brotar en cada interior cuando avanza en la Madrugada y en la Mañana del Viernes Santo… Él; Lirio Morado entre Judea y Sevilla, Clavel que aroma el amanecer, Cristo mismo hecho Hombre que Camina Descendido de los Cielos... Él pone un interrogante en nuestro corazón, y nos ofrece siempre la posibilidad de renovarnos...

 

Mira cómo va el Señor

partiendo la Madrugada;

mira cómo va mi Cristo

Bronce Moreno Su Cara

El que soporta la Cruz

con más Arte y con más Gracia

en la humanidad entera,

que se rinde ante Sus Plantas.

Mira cómo va el Señor

cuando entra en la Campana

mira cómo va ese paso,

si parece que no anda;

poquito, poquito a poco

avanzan las alpargatas

de los buenos costaleros

bajo el frío de la mañana.

Va sobre andares gitanos

y parece que no anda,

todos los cuerpos derechos

cortas, cortas las llamadas

el pasito racheao,

cortito, que no se vaya,

qué despacito lo llevan,

con el corazón trabajan.

 

Del Valle viene la gente

y es su arte filigrana,

siendo costaleros son

alarifes de la Gracia

paseando a Jesucristo

Bato de la mejor raza,

que camina bajo Él

por ver Su Cruz aliviada.

 

La Figura de un Gitano

ha dejado en la Campana

olorcito a hierbabuena

y preguntas en el alma

de por qué no nos miramos

cara a cara toda raza

para estrecharnos la mano

bajo Su Mirada Santa.

La Figura de un Gitano

ha dejado la Campana

y va con Su Cruz a cuestas

por Sierpes para la Plaza,

Sus Manos son Miel y Bronce

y Su Cuerpo Espiga clara.

 

Los corazones cabales

que no distinguen de razas

le rezan un Padrenuestro

al Nazareno que pasa

derramando la Salud

que al mundo hace tanta falta…

El Cristo de los Gitanos,

El que no entiende de razas,

Padre de la Cristiandad,

de tantas voces calladas,

El que da cobijo a todos,

El que a nadie niega nada

va atravesando Sevilla

sobre pisadas de plata

de costaleros gitanos,

que valentía derraman.

 

 

Sale de la Catedral

y se alegra la Giralda;

que en esa Mañana Grande

todo es embrujo y es magia

por su Regio Señorío,

que en Viernes se derrama

porque pasó ante nosotros

un Gitano que llevaba

la Cruz de nuestros pecados

como si nada llevara.

 

Cuando regresa a Su Templo

los balcones son un ascua,

de bronce es la multitud

y mil saetas le cantan

con el arte de los primos

de aquel que un día fundara

hace dos siglos y medio

una cofradía en Triana:

aquel Gitano tan bueno

-Sebastián Miguel de Varas-

que desde la Gloria ve

los Viernes Santo en el alba

el Caminar de su Cristo

cuando entra en la Campana

llevado por costaleros

que saben cómo se anda.

La Semana Santa tiene la dimensión humana que trasciende en el contacto con lo Divino, y desde chicos sentimos a Cristo y a María como algo muy cercano. En Sevilla hay niños pequeños que aún no hablan ni andan, pero que - en brazos de sus padres "ya le tiran un besito al Señor y a la Virgen". Esos niños se duermen muchas veces al son y compás de marchas procesionales. En la vivencia de la Fe conservando nuestras tradiciones encontramos la verdadera medida de la grandeza de nuestro Pueblo. La Semana Santa se transmite de padres a hijos. Nazarenos, costaleros y acólitos de una misma familia irán juntos a confesar y comulgar antes de hacer la Estación de Penitencia. Gracias a la familia seguimos viendo cofradías en sitios donde nuestros padres nos llevaron de la mano en Semanas Santas lejanas que nos definieron tal como somos, forjando nuestra personalidad... Esperar en la calle Trajano al Señor de la Oración en el Huerto y a la distinta, Señorial y personalísima Virgen del Rosario, embelesándonos el airoso pliegue de Su Manto y los famosos Rosarios en los varales... Dominar la visión grandiosa de la cofradía de La Hiniesta entre las muy antiguas Columnas de la Alameda de Hércules... Y recordar allí mismo a la Banda de la Policía Armada tras el único paso que llevaba entonces la sevillanísima cofradía de La Sagrada Lanzada, cuyo Crucificado fue magistralmente esculpido por Antonio Illanes hace tres cuartos de siglo.

 

Gracias a la familia, guardamos vivencias sentidas que nos dejaron un hondo recuerdo. Y es que –bien lo sabéis- en Semana Santa hay momentos que son iguales cada año, no dejando por ello de ser recordados con idéntica nostalgia… pensad en la mañana del Viernes Santo en la calle Arfe, entre el embrujo seductor de la cofradía que ya regresa hacia Triana. Todo allí será igual, desde la cara del acólito semicongelada y casi poseída por el sueño a los codales que vienen ya gastados en ciriales y en los candelabros del paso del Señor de las Tres Caídas… todos, en ese instante querremos a Cristo por encima de ideas y sentimientos… todos, hasta el mismísimo romano, que se abriga con la capa bajo el relente mañanero; ese romano que –a base de tanto tiempo en Triana- tomó un día, de pleno derecho, la ciudadanía trianera, y ya no habla al Señor con voces de mando, sino que le dice que lleve la Cruz despacito, con cuidado de no dañar Su Santo Cuerpo; despacito y alegre, porque en Triana lo espera Su barrio para dedicarle los más bellos piropos del mundo y trenzarle la mejor de las oraciones; y al Cirineo le dice que sea Su ayuda clara y de verdad, que si no él mismo se bajaría del caballo y cogería la Cruz, porque Jesucristo no sufriese en la inmensidad de la mañana trianera.

En la calle Arfe nos quedaremos a esperar a Aquella que nos emocionó a cuantos La tuvimos cerca en el Traslado a Su Besamanos. Emociona ver de cerca tanta Belleza indescriptible. ¡ Y qué Ojos Tiene la Esperanza!. Cuando se besan Sus Manos se piensa en cuantos lo hicieron –desde el mismo Amor que nosotros- en una Triana y una Sevilla tan distintas a la de hoy. Nosotros únicamente somos uno más en el devenir de las cosas. Al besar Sus Manos se siente una gratitud sin límite. Sus Ojos Perfectos -¡ay, los Ojos de la Esperanza de Triana!- hacen sentir Su Amor Infinito de Madre y el dolor por cuantas faltas hayamos cometido en la vida. Se experimenta una incontenible sensación de querer ser bueno. Se percibe que la Bondad nace ante Su Augusta y Clara Presencia llena de Majestad, Maternidad, Empaque y Señorío. ¡Qué Guapísima Es! Ella nos convocó a Su Presencia para que entendiéramos que el Señor nos llama a cada uno a una misión trascendente, pero sin dejarnos solos, que Ella –Su Madre- es también la nuestra y está con nosotros, dándonos su cariño incomparable. A través de Ella nos llega la Fuerza de Dios, la Fuerza de la Fe, la que sirve para seguir adelante y afrontar la vida... Eterno agradecimiento al noble gesto de la Hermandad, invitándonos a compartir aquellos instantes inolvidables para siempre junto a Aquella que ostenta el Almirantazgo Mayor, que tan felices nos hizo en las aguas de Su Pleamar.

 

En la amanecida fresca

un barco hace su entrada

por el Arco del Postigo

el Viernes después del Alba

lo va capitaneando

la Esperanza de Triana,

en el río suenan salvas

de corbetas y fragatas,

los galeones de Indias

disparan sus andanadas

y por Arfe se estremecen

sentimientos y miradas

cuando suenan los cañones

de la Belleza y la Gracia.

 

 

Cuando Tú pasas, Morena

de camino hacia Triana

todo el Postigo se queda

solo como una explanada

en la que no hubiera nadie

que sin tristeza se hallara

pero le queda el consuelo

al Arco y Atarazanas

de haber grabado en sus muros

la sombra de Tu Esperanza.

Y te esperarán seguro

aguardando Tu llegada

para poder recibirte

entre salvas y andanadas.

 

Luego, por el Baratillo

a los sones de las marchas

bajo las trabajaderas

se mece toda la Gracia

y todo el mundo se queda

con el nudo en la garganta

cuando pasa para el puente

la Dueña de la Mañana.

Bonita y Guapa le dice

de lejos la Maestranza,

mira la Torre del Oro

-lo cuenta a la de la Plata-

cómo va la cofradía

despacito hacia su Entrada.

Del cielo blanca neblina

ha bajado hasta las aguas

por recibir la caricia

del Manto de la Esperanza.

 

Está el Paso del Caballo

cerca de la calle Larga

el Altozano es un mundo

y el mundo entero es Triana

y en la cara de Belmonte

se adivina congelada

una sonrisa torera

bajo el sol que ya se alza.

 

 

Despacio la Virgen viene

por el Puente, entre plegarias,

bendito el que la vistió

que le colocó la Saya

con el arte y el pellizco

de siguiriyas gitanas.

Arcángeles alfareros

la van llevando en volandas

pasa el Puente poco a poco

y cuando entra en Triana

desde los Cielos sonríen

San Joaquín y Santa Ana.

 

 

Marineros Celestiales

han soltado las amarras

y han desplegado las velas

de la Nao de la Gracia

que va surcando por mares

de piropos y alabanzas

que se dirigen a Ti

por ser Divina Esperanza.

 

 

 

Cuando el barco toma el rumbo

que le dicta Tu Mirada

pétalos y colgaduras

te siguen, rindiendo armas

y repitiendo a porfía

como canción que te alaba:

¡Dios te Salve, Marinera

Lucero de la Mañana

Ilusión de nuestra vida

Esperanza de Triana!

 

La tarde del Viernes Santo iremos a buscar al Cachorro. El ayer se nos hará un nudo en la garganta, recordando aquellas señoras mayores sentadas al sol del invierno por las tardes a la puerta de sus casas en la calle Patrocinio, que entonces tenía vida tan distinta a la de hoy, y que vivía para Aquella a quien amorosamente llamábamos "La Señorita" como si fuera un ramo de claveles rosas que estuviera permanentemente a Sus Plantas. Esas señoras mayores con tanta Fe profunda, que hablaban del Cachorro como si fuera su Hijo. En el pensamiento la vivencia de esas Salidas de la cofradía en la niñez, toda la familia junta, que nunca olvidan los que por allí vivieron, que siempre vuelven a Él en Viernes Santo. Buscaremos al Santísimo Cristo de la Expiración...

 

Cachorro de mi sentir

que se extasía al contemplarte

por las calles de Triana

Dueño inmenso de los aires

desgarrados por Tus brazos

que desde la Cruz nos abres.

 

Cachorro del corazón

y Cachorro de mi sangre

y Cachorro de mi gente

y Cachorro de la tarde

y Cachorro de mi vida

-de los claveles granates-

y Cachorro de mis penas

y mis lágrimas que arden

y Cachorro de mi alma

y Cachorro de mis males

para quitármelos todos

y desde la Cruz sanarme.

 

Cachorro que da la vida

Cachorro para admirarse

de que aún te queden fuerzas

hasta para perdonarme,

Cachorro para Morir

sin de ninguno olvidarse…

Cachorro de las dolencias

de muchos que se debaten

entre la vida y la muerte,

Cristo para encomendarse…

 

Cachorro del viejecito

que vino a verte esta tarde

salir desde Tu Capilla

con recuerdos imborrables

de cuando fue costalero

y te llevaba arrogante…

Cachorro de la niñez

que resucita al mirarte…

de la nostalgia escondida,

Cachorro de los tejares,

del río Guadalquivir,

Cachorro de los corrales

Cachorro de las dos Cavas

Cachorro para cantarte

soleás y martinetes

con la voz del cante grande

y saetas bien templadas

para desgarrar la tarde

y hasta el brillo de la Luna

de la noche delirante…

 

Cachorro del Viernes Santo

¡Tú en la Cruz Resucitaste!

Cachorro, Tú Eres la Fe

que a todos lleva adelante

por las sendas de la vida

y por eso Tus Andares

van llenos de valentía

bajo estrellas fulgurantes

porque Tú Eres la Agonía

de la que la vida nace.

 

Cachorro que está en el Puente,

en Triana, en todas partes

¿qué tienes?, que cuando pasas

se nos hiela hasta la sangre

y hasta se vuelve silencio

nuestra mirada anhelante.

 

Cachorro para pedirte

y con fervor suplicarte.

 

Cachorro de los chiquillos

Cachorro para abrazarte

cuando se acabe mi vida

y con mi vida arrancarte

los clavos que te laceran

los pies y manos sangrantes…

 

Cachorro para volar

hasta el Cielo, hasta encontrarte

–ya sin llevar alpargatas;

que no hacen falta en el aire-

y que entonces me igualaran

los antiguos capataces

con los costaleros viejos

que hasta Tu lado Llamaste

–que para andar por la Gloria

de Triana te llevaste-

y allí ponerme el costal

y por el Cielo llevarte.

En la familia aprendimos a amar, porque nos lo enseñó nuestra Madre. Una Madre es lo más grande que hay en la vida, y nada hay más Hermoso que su Amor. ¿Cómo sería la Virgen para que Dios la eligiera para ser Madre de Su Hijo?. Pues perfecta: La Macarena. Qué fácil es todo cuando acudimos a Su Gracia. Cuando a uno le dicen delante de La Macarena que La abrace se paraliza. Es tener la oportunidad de estar en contacto con lo que uno aspira al final de la existencia: el Cielo; ese Cielo en el que ya están nuestros antepasados, que sintieron hacia Ella lo mismo que nosotros. Se piensa en la multitud que la rodea cuando Ella Está en la calle haciéndonos tanto bien y dándonos la alegría para que sigamos adelante; en las veces que le dijimos "no pases tan rápido, quédate con nosotros un poquito más"... en lo felices que fuimos en ese instante fugaz en que brotó la lágrima sin buscarlo...

 

Estar cerca de La Macarena es ser la persona más afortunada del mundo. En Su Bajada para el Besamanos, junto a Ella se vive lo inimaginable. El hombro izquierdo siente sobre sí todo el peso de Su Dulzura Infinita y las manos tienen el privilegio de coger Su Cintura... ¿qué se puede encontrar mejor que ésto?. Caminar junto a Ella son los pasos más extraordinarios desde que se aprende a andar de muy niño. Es ayudar a Caminar a Tu Madre y llevar su peso...¡cuánto pesa el Amor! Es sentirse elegido, recibiendo tan Sublime Gracia del Padre Celestial. En esos instantes sobrenaturales se ve claramente que toda la vida tiene sentido por llegar hasta allí, y se comprende entonces su significación: que Dios nos ponga en sitio y lugar determinados. Hemos de hacer su Santa Voluntad con alegría. Quien así no lo entienda, no entenderá la existencia nunca ¡Ella no nos dejará de Su Mano! Abrazando a la Macarena se aprende que todo tiene una explicación, que todo sucede por algo. Tú, Esperanza Nuestra, Eres la Estrella de la Mañana en nuestras noches oscuras, y nos ayudas a entender a Dios, a señalarnos Sus Caminos. A veces la vida –dice Juan XXIII- es "dejarse devorar por el sufrimiento y la Muerte para luego resurgir". ¡Qué importa sufrir si Ella está con nosotros!... ¡Cuánto bien haces a Sevilla, Madre nuestra!... Cuida siempre a los sevillanos; a los enfermos, a los niños, a los mayores, a los que están lejos de aquí; y a los que aquí han encontrado su vida...

 

Rezábamos el Rosario ante Ella encontrando gran consuelo a nuestras diarias preocupaciones, y las lágrimas brotaban sin querer. Rendidos cortesanos, enamorados peregrinos éramos los congregados en su Santa Presencia. Allí sucedía realmente algo sensacional... Su expresión Maternal, llena de Belleza y Vida. Verdaderamente estábamos en presencia de la Madre de Dios, de la Reina de las Reinas...

 

Todo era apoteosis. Lo más fascinante que los ojos puedan ver nunca. Su Expresión fabulosa. Su actitud. Su Juventud. Su Cintura. Y Su Cara... la Cara de la Macarena... El que lo vio y lo vivió proclama que Ella no es de este mundo, que ha venido del Cielo para ser nuestra Madre y Ayuda Perpetua... que Ella es – y hay explicación- el rumor del Pueblo, la Esperanza para continuar, el por qué de la multitud que la busca para tenerla cerca, la razón infinita de que muchos hasta lloren de alegría, emocionados, cuando la Virgen pasa ante ellos, o si tienen la dicha de que le paren delante a la Macarena...

 

Gracias al inolvidable ofrecimiento de la Hermandad, desde aquella noche única habrá siempre un antes y un después. Aquí os traigo la voz emocionada, que apenas es capaz de describir Lo que soportó este hombro, Lo que abrazó este brazo, Lo que cogieron estas manos, y Lo que vieron estos ojos que habrán de convertirse algún día en cenizas, en la Esperanza de la Resurrección Futura... ¡Cuánto premio en la Tierra!... ¡Qué difícil, Señor, me lo pones para entrar en el Cielo!: Pregonero de la Semana Santa y habiendo abrazado a La Macarena....

 

Dicen que hace muchos años

cerquita de la Alameda

–entre la Europa y El Barco,

donde la Correduría empieza-

cantaba desde un balcón

que estaba en Las Siete Puertas

saetas El Niño Gloria

al pasar la Macarena.

Desde el recuerdo encendido

de aquella Sevilla vieja,

desde el sincero Homenaje

a los viejos que lo cuentan

que se acuerdan de los cantes

que en las fotos color sepia

nos muestran una Sevilla

que quizá ya nunca vuelva,

y que pensando, pensando

hasta musitan las letras

que los viejos cantaores

ponían a sus saetas

yo quisiera componer

en esta hora que suena

un cantar para la Virgen,

un cantar que sea ofrenda.

 

Yo quisiera componer

a Tu Gracia algún poema

pero yo no sé cantar

esa Gracia que es Bandera

de la Sevilla de siempre,

de la Ciudad en que Reinas.

 

Quisiera ser bordador

de la saya que Tú llevas

quisiera ser el orfebre

que repujara las piezas

de paso tan prodigioso

que pasea Tu Realeza.

Quisiera ser el que hizo

las esmeraldas ya viejas

que regalara Gallito

Príncipe de la Alameda

genio de la torería

y devoto de Tu Esencia.

Quisiera ser yo, Señora,

capataz de Tu Belleza,

de Tu Mirada perdida

que a nada ni a nadie encuentra,

quisiera ser costalero

bajo Tus Plantas señeras

y que me mandara Alfonso

diciendo "Al Cielo con Ella".

Quisiera rezar la Salve

ante Tus Ojos de estrellas

y pedirte en oración

por toda Sevilla entera

que Tú le des la Esperanza

a los que nada ya esperan,

al que pide que lo saques

de las oscuras tormentas,

al que suplica callado

por la enfermedad cruenta

y al que lleva en las entrañas

el dolor que le acrecientan

las espinas de la vida,

que se le clavan con fuerza.

Quisiera ser Madrugada

y una voz que describiera

el Viernes por la Mañana

entre Sor Ángela y Feria.

Quisiera ser candelero,

jarra, candelabro y vela,

túnica juanmanuelina,

zanco de Tu parihuela,

quisiera ser el incienso

que se guarda en la naveta

el humo del incensario

que es presagio e inminencia,

humo de vaho encendido

por el fuego que despierta

el rumor de Tu Pasar

en todos los que te esperan.

Quisiera ser Relator,

el suelo de calle Feria,

balcón de calle Amargura

y colgadura de seda,

un farolito del Arco,

de la Muralla una almena,

color de la Barbacana

y las Torres de Defensa,

y el éxtasis desbordado

en el barrio que te sueña...

Esperanza, Torrigiano...

callejones que te esperan

desde hace tantos años

para aclamar a Su Reina.

Quisiera ser multitud

que agolpada te contempla,

ser un trozo de Tu Manto,

de algún faldón una hebra,

el brillo de Tu Corona,

clavel que se consumiera,

quisiera ser un Armao

del Señor de la Sentencia

y convencer a Pilatos

porque Tú ya no sufrieras;

quisiera ser un varal

que con ángel se meciera,

quisiera ser techo palio

y poeta ser quisiera

por narrar el entrecejo

que hace hablar hasta a las piedras

y con voz de viejecito

componerte una saeta

pa que la cantara El Gloria

–balcón de Las Siete Puertas-

y le dijese a Sevilla

que no existe más Pureza

que la que tiene una Flor

que está siempre en Primavera

que dicen vive en San Gil

y se llama Macarena.

CRISTO VIVE

Han pasado veinte siglos, que no son nada ante Él. Ha cambiado la concepción del mundo y han surgido nuevas ideas, pero ninguna ha podido sustituir a Cristo. Su Mensaje sigue inmutable y vigente. CRISTO VIVE. La Resurrección de Jesús es el hecho más importante y trascendente de la Historia. Toda la Semana Santa no es sino reflejo de la Absoluta Inmensidad y Grandeza de Dios.

 

Que los títulos de nuestras hermandades no sean timbre de vanagloria, sino llamada a la perfección evangélica. Vivamos nuestra Fe con alegría, ayudando a que actúe el Espíritu Santo. Que todo cuanto hagamos sea en Alabanza de Cristo, trabajando – a imitación de aquel Párroco Ejemplar que fue Don Antonio González Abato– "POR UN MUNDO MEJOR", lema de apostolado de la cofradía de Santa Genoveva.

Señor del Gran Poder, que nuestra Semana Santa siga siendo modelo de convivencia en las calles, que sepamos conservar y transmitir el valioso legado de nuestros mayores, que nos entusiasme la idea perenne de construir una Sevilla Justa, un Milagro bajo el Sol: LA CIUDAD DEL AMOR AL PRÓJIMO. Que los sevillanos tengamos siempre –por encima de ideas- afán de superación ante la adversidad, que nunca la Ciudad pierda su esencia, que ilusionemos a la Juventud; que nos recuerden por la honradez, el amor, las buenas maneras y la concordia; que pasemos por esta vida haciendo el bien, viviendo el verdadero sentido de la Cruz de Cristo y propagando la devoción al Santísimo Sacramento y a la Virgen María.

 

Gracias, Señor, por haber dispuesto que yo naciera en Sevilla, por haberme regalado vivir en mi barrio y disfrutar la Plaza de San Lorenzo, lugar de encuentro con mis amigos; por haberme dado a mis hijas, a mi mujer, a mis padres, a mi familia, a las cofradías y a la Iglesia de la que forman parte desde la Fe, esa Fe cristiana que es el único fundamento de la Semana Santa de Sevilla.

 

Señor, hecho está el servicio que me encomendaste. Danos Tu Bendición. Sólo Tú Eres Eterno. AQUEL QUE TODO LO PUEDE. Aquel que al amanecer del Viernes Santo, hace florecer el examen de conciencia en la mente humana:

 

Puerta de las Capuchinas

-entre el humo del incienso-

viene Andando el Gran Poder,

firme y fuerte como el hierro.

Fíjate en Su Valentía

bajo el aire mañanero

que corta como cuchilla

fría como los aceros.

En la Plaza de las Plazas

de la Sevilla de ensueño

lo espera todo el gentío

que lo divisa de lejos,

que lo siente ya acercarse

porque todo está en silencio;

la brisa se va llenando

de sentidos Padrenuestros,

de petición sostenida

de mentes que están en rezo.

 

Los faroles, encendidos

perfilan Su Cuerpo enhiesto

que es musa de los poetas,

que ven en Él al Soneto.

Viene luchando el Señor

con el peso del Madero,

viene luchando el Señor,

y aunque luchando, sereno;

Su Andar es largo, de frente,

y en Su Andar no existe miedo.

Mira Su Cara Llagada

inundada por los besos

de sinceros corazones

y del arrepentimiento

de todos, porque en Sevilla

para el Señor hay respeto

porque sabe todo el mundo

que Tú, Señor, Eres Bueno;

porque Tú Eres a Sevilla

lo que las letras al verso

lo que el sol al horizonte

lo que la nieve es al hielo

lo que el agua es a la lluvia

la tersura al terciopelo

lo que al molino las ruedas

lo que la sal al océano

lo que la arena a las dunas

y las dunas al desierto,

lo que el viento a la veleta

y la tempestad al trueno.

Lo que el gozo a la alegría,

como el saber a los viejos,

los Viernes a nuestra vida

y la Plaza a San Lorenzo;

lo que a los cirios la cera

y la plata al candelero,

el alba a la amanecida

el amarillo al albero

los ojos a la mirada

y el valor a los toreros,

la flor a la Primavera

y a la noche los luceros;

el pincel a los pintores

y a los pintores el lienzo,

el brillo de las estrellas

lo que las llamas al fuego

lo que las gentes al barrio

y lo que el habla es al verbo,

el cartón al capirote

y éste a los nazarenos,

el esparto al cinturón

y lo que el escudo al pecho,

el latido al corazón

y el razonar al cerebro.

Lo que el sol es a la luz

del mediodía más pleno,

lo que la raíz al árbol

y la verdad al sincero,

la sangre para las venas,

la Templanza y el sosiego,

la cadencia de la música,

lo que el barro al alfarero

lo que el pigmento al color

y lo que el aire es al viento,

lo que el espíritu al alma

y lo que el alma es al cuerpo

lo que el sonido a la fuente,

lo que a la forja es el hierro,

el agua al Guadalquivir

y lo que el frío al Invierno.

El repique a las campanas

el andar al costalero

el camino al peregrino

lo que al camino el sendero

lo que a las hojas el tallo

lo que a las aves el vuelo

el olor al azahar

y a la vejez el recuerdo;

lo que la voz a los cantes

y a los cantes el requiebro,

lo que el ruán a la túnica

que a tantos viste de negro,

lo que la hora al reloj,

el sentir al sentimiento

lo que al fruto la semilla

lo que el azul es al cielo

y la Giralda a la vista

bajo estrellas en un sueño

porque Tú Eres, Gran Poder,

la Esperanza y el Consuelo

la Fuerza para seguir

la Esencia de San Lorenzo,

Alivio para las penas,

Salud para los enfermos,

la Devoción que sustenta

a Sevilla los cimientos

y Señor de esta Ciudad

que cada día es un ruego

ante Tu Hombro Dolido

por la Cruz de Tu Tormento

subiendo por la escalera

–que va derecha hasta el Cielo-

para pedirte con Fe

porque todos te queremos,

y por eso en el Talón

de Tu Santo Pié derecho

Sevilla deja su Amor

cada Viernes en un beso.

 

HE DICHO

 

 

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